Día 1: La fiesta española... ahora desde los balcones

AFP
Sol, Sebastián, Bruna y María cuentan los altibajos que viven durante la cuarentena en España, las escenas de película y sus temores ante un futuro incierto.

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Día 1: 

“Tú vas, haces la compra y no sabes si esa compra te pueda matar porque puede estar contaminada”, es el relato de María sobre lo que sienten sus vecinas de edad avanzada cuando le lleva los víveres o los medicamentos del súper a su casa, “Parece una película, pero no lo es”, es una de las reflexiones más inusuales pero constantes después de hacer una compra en un día de cuarentena en España.

A pesar de ello, de que las cosas pintan mal porque hay una pandemia afuera de su ventana, de que el encierro a veces la deprima o le haga tener una ligera discusión con su madre, trata de ponerle un poco de ánimo a la situación con la frase: “esto es por nuestro bien”, porque esto “algún día pasará”.

Día 2: la Gran Manzana envenenada

Y no es para menos, nuestra conversación sobre el Covid – 19, es interrumpida por un ritual en su calle, muy cerca al estadio Camp Nou en Barcelona: los aplausos de las 8:00 p.m. en honor a los médicos y enfermeras que están en primera fila atendiendo la emergencia nacional, es la primera y más importante imagen en este momento de España por encima de la tragedia traída por esta pandemia. Después de ello, no falta el que pone algo de música para que cada uno se arme una rumba en el balcón, es como una dosis de esperanza para el alma, o al menos eso sentí cuando lo vi en nuestra video- llamada.

Por otro lado, tanto ella como Sebastián, un colombiano que llegó hace seis meses a Madrid, el lugar más crítico en toda España por la cantidad de contagios que se han producido, llegan al mismo recuerdo caricaturesco cuando les pregunto sobre aquel día previo al inicio del confinamiento: la fiebre surrealista por el papel higiénico.

Pueda que no tengas que comer pero sí que debes tener montones de rollos en tu casa, ¿para qué? Ninguno de ellos, ni Bruna, una brasileña radica en España hace 10 años, cuya cuarentena la sorprendió lejos de casa, me supieron explicar.

La pandemia desde mi ventana: ¡Forza Italia!

“Cuando fui a comprar las cosas había una señora que llevaba cuatro carritos llenos de cosas, que hasta se le caían al suelo, era increíble. No sabía si reírme o asustarme”, me cuenta entre risas Bruna, quien es bailarina de flamenco y actualmente pasa su aislamiento en la isla de Mallorca. 

Sebastián, entre chiste y chanza, le dijo a su pana venezolano aquel día, “oye, esto como en tu país”, a lo que él responde, “parce, sin burlarse, estamos jodidos”. Sin embargo, es comprensible, el pánico que es más contagioso que el mismo virus, ya que se apoderó de las masas, en especial de los fumadores, que sintieron que debían esperar el “fin del mundo” en su trinchera con una cajetilla de cigarrillos en el bolsillo.

Pero esas escenas al estilo ‘Soy Leyenda’ no fueron las únicas de película. Sacar al perro una milésima fuera de los 200 metros a la redonda de casa, comprar más de seis productos de lo mismo o solo una cerveza para pasar la soledad se convirtieron en un delito de la noche a la mañana, literalmente.

Este enemigo invisible llamado coronavirus hizo que la policía parezca una madre llamando a su hijo del parque porque ya es hora de ir a cenar. Los uniformados, con megáfono en mano gritan ¡Ey, vale, que ya es hora de ir a vuestra casa! ¿Qué hacéis fuera?, generó que incluso tu vecino fuera tu peor enemigo, hizo que tuvieras miedo del otro, hasta del aire mismo, pues incluso, un país como ese está inundado de fake news, o más bien las respira, ya que se dice con seguridad que el virus está flotando en las calles.

¿Y qué llevó a España a llegar al punto de cerrar las fronteras entre sus ciudades, imponer multas de 3.000 euros o condenar con cárcel el andar por la calle más de la cuenta y prohibir que las parejas salgan en coche para hacer el mercado? Sin duda muchos factores le jugaron en contra.

Día 4: ¿Quedarse en casa o trabajar? El dilema de los brasileños

 

Desde los abrazos y besos cálidos hasta la irresponsabilidad de hacer eventos masivos como las manifestaciones del día de la mujer y conciertos cuando la pandemia ya estaba en el vecindario, incluso, ya un poco fuera de control. Además, la indiferencia de las jóvenes fue esa gasolina que dispararó los contagios. Tanto Sebastián como María afirman que hubo un cambio radical en la juventud cuando comenzaron a fallecer personas menores de 35. “Ahí sí todos hicieron caso”, afirman.

Cada uno lleva la cuarentena a su manera, unos prefieren dormir hasta tarde para que los días se hagan más cortos, otros prefieren lavar las paredes de la casa con decol, trabajar extra, no leer, sino releer, y sin duda todos dejan que Netflix ponga el siguiente capítulo.

Y aunque se apague el televisor, se cierren puertas y ventanas, se opte por no leer los diarios y revistas, es inevitable que las malas noticias no lleguen a ti. Para manejarlas con la mayor cordura, en países como los europeos que no han visto la guerra en un par de años,  no hay receta mágica. Incluso, para Sebastián y Sol, otra colombiana residente en la Comunidad de Madrid, resulta difícil digerir la cantidad de muertes, aun cuando se nació en un lugar donde las masacres son todavía una realidad.

“En España, en Italia es muy difícil que suceda eso. Entonces el impacto social ha sido muchísimo más fuerte (…) Y no solo eso, ver que algún conocido, el familiar de un conocido esté contagiado de coronavirus, pues es muy fuerte”, me dice Sol desde el balcón de su casa.

Día 5: De Alemania, el Covid-19 y el fantasma de la guerra

Y si bien puede ser un poco tarde, en España hay personas como Sol que se toman la situación enserio, enserio. No solo por el hecho de dar positivo por coronavirus, sino porque sienten la responsabilidad de romper esa cadena de contagio.

Los cuatro llegan a la misma conclusión: las medidas se tomaron tarde y la gente fue inconsciente de que el enemigo invisible era real, un asesino en serie.

Hoy España es el segundo país con más contagios y muertos en Europa por el Covid-19, y es inevitable que la tristeza te invada, más cuando el final de esta situación que parece una escalofriante película de terror se ve más lejano que pronto, pese a que los expertos prevén que la curva llegue en los próximos días por las medidas que se han tomado.

De hecho, en un país rico como ese, si se compara con otros, también tiene muchas dudas tan básicas sin responder: cómo se pagará la renta, cuándo dejaré de recibir mi sueldo, quién pagará mis cuentas… Una zozobra que no es exclusiva de las personas de bajos recursos, sino de los estratos medios, de los informales, de los residentes.

Sol, Sebastián y Bruna miran expectantes la situación en sus países, de que este efecto dominó no se repita ni en Brasil ni en Colombia, porque quizá la historia sea un tanto peor.

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EL NUEVO SIGLO realizó más de 30 entrevistas a personas de 19 países para construir 'La pandemia desde mi ventana', un diario que muestra el rostro humano de la crisis generada por el coronavirus. Cada día una nación tendrá la oportunidad de contar cómo es su día a día, las decisiones que toma para darle la batalla al Covid-19, y sobretodo, mostrar que no estamos solos, que se trata de una lucha global y solidaria.