La pandemia desde mi ventana: ¡Forza Italia!

AFP
El autoestima de los italianos no está en lo más alto, sin embargo, conservan la convicción de que el coronavirus es solo un golpe del cual se levantarán más fuerte. Tercera entrega de La pandemia desde mi ventana

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Día 3:

 

Cada mañana Italia se levanta con la esperanza de que el número de muertos por el coronavirus sea menor que el día anterior, mientras que en la noche sus ciudadanos salen a los balcones a cantar para dar la despedida a quienes partieron.

De un fin de semana a otro todo se salió de control. Por la cabeza de muy pocos pasó la idea de que los festivales en los pueblos, el carnaval de las máscaras en Venecia y la Semana de la Moda de Milán se convertirían en la fecha perfecta para que el virus hiciera estragos, hoy por hoy incontrolables. De hecho,  para el mundo fue una sorpresa que el epicentro  de la pandemia pasara de China a Italia en pocos días.

Las fiestas no fueron lo único que le jugó en contra, brotes inesperados tanto en el sur como en el norte llevaron a que cualquier decisión tomada llegara tarde. El 31 de enero de este año el primer ministro Giuseppe Conte ordenó que se pusiera en marcha “un plan de prevención que es el más riguroso de Europa"; Se cerraron las conexiones con China “porque ese era un problema de ellos” pero ya era demasiado tarde, los tentáculos del virus, silenciosamente ya estaban entre las calles, contagiado a jóvenes, ancianos y médicos.

Especial EL NUEVO SIGLO: La pandemia desde mi ventana

A eso se suma que en cuanto se decretaron los cierres de las zonas rojas muchos ciudadanos agarraron sus maletas y se fueran de vacaciones a la playa, donde no había tantos contagios, y en menos de lo que está una pizza napolitana lista, el virus ya se había expandido por todo el país, incluso pasó fronteras intercontinentales.

Según cuentan a este Diario Laura y Mónica, dos colombianas que hacen parte de las 60 millones de personas que deben quedarse en casa por la cuarentena decretada el pasado 9 de marzo, incluso, esa rivalidad entre el norte y el sur quedó en el olvido en cuanto se firmaron los decretos en los que se endurecías las restricciones para circular por el país, puesto los de norte cruzaron la ‘bota’ en carro, tren y bus en busca del pacífico, relajado y cálido sur, algo extraño y nunca antes visto, bueno, al menos en la historia reciente.

“El país no lo cerraron porque hubiera tantos contagiados, sino porque mucha gente de Lombardía (la zona más crítica) se fue al sur. Por la longitud de Italia, las conexiones en ciertos puntos son únicas, entonces el contagio iba a ser masivo”, me explica Laura, una estudiante de arquitectura y quien tiene la bomba de contagios cerca a su casa, pues vive en Monza, muy cerca de Milán. 

Día 1: La fiesta española... ahora desde los balcones

Al principio de la cuarentena el mundo sintió cierto alivio al ver los videos en los que el pueblo italiano, unido y con fuerza entona los versos de la icónica ‘bella ciao’. “Al principio la gente salía a los balcones a gritar, a cantar, a decir: bueno, vamos a ser positivos con esta vaina, esto va a pasar; si hoy tú estás acá y miras los balcones, es una tristeza”, cuenta Mónica desde su agobiante aislamiento en Nápoles, pues sin esperarlo, cuando se encontraba disfrutando de la turística Italia, la agarró el confinamiento obligatorio.

Sin embargo, es inevitable que esos cantos alegres no fueran opacados por las escalofriantes cifras de fallecidos. Hasta el corazón más fuerte y patriota se arruga con los reportes de la última semana de marzo, en donde los decesos rozaron los cuatro dígitos.

“La gente se levanta y dice: será que hoy sí disminuyeron los contagios y se pueda decir que esto va a cambiar y que realmente cuando la cuarentena se levante el 3 de abril va a ser diferente, pues al día de hoy es una ilusión porque no han mejorado las estadísticas”, comenta Mónica.

Para nadie es un secreto que la crisis en Italia llegó a este punto en gran parte a la amplia población mayor que vive allí, en especial en los pueblos, y como bien se ha dicho, los mayores son los más indefensos ante el virus.

En ese orden de ideas, la situación desbordante de enfermos y fallecidos se vio reflejado en historias lamentables como la del deportista y actor Luca Franzese, quien publicó en redes sociales un video en el que denunciaba que tenía el cadáver de su hermana en el apartamento porque las autoridades no habían ido a recogerlo.

Mónica recordó esa historia y me comentó, “aquí se han conocido historias de gente muerta en los apartamentos y no la han podido recoger”.

Día 2: la Gran Manzana envenenada

Además, Laura me explica que muchos mueren solos en sus habitaciones, sin hablar con sus familias, pues como parte de los protocolos para minimizar el contagio de coronavirus entre las personas que viven en la misma casa, se prohíbe el contacto.

Una situación que resulta paradójica es que los viejos, muchos de los que vivieron la guerra se han negado a quedarse en casa: “si pude sobrevivir a la guerra, por qué a esto no”, dicen.

Sin lugar a dudas el coronavirus reabrió las heridas que se creían cerradas. Italia vive una guerra, no con bombas, tanques y disparos desde el cielo, pero si con la misma cantidad de muertos por día mientras todos se refugian en casa; el dolor de patria es el mismo de hace 75 años, y no es para menos, las imágenes de militares llevando a los fallecidos a los cementerios porque el sistema funerario colapsó es simplemente desolador.

Sin embargo, tanto Laura como Mónica enfatizan en que si bien es un golpe muy duro al autoestima de la nación, Italia, como lo ha hecho cientos de veces a lo largo de su historia, se levantará más fuerte y unida que antes.

Pdta: al igual que los días anteriores, también hubo una extraña locura por la compra del papel higiénico. 

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EL NUEVO SIGLO realizó más de 30 entrevistas a personas de 19 países para construir 'La pandemia desde mi ventana', un diario que muestra el rostro humano de la crisis generada por el coronavirus. Cada día una nación tendrá la oportunidad de contar cómo es su día a día, las decisiones que toma para darle la batalla al Covid-19, y sobretodo, mostrar que no estamos solos, que se trata de una lucha global y solidaria.