Día 4: ¿Quedarse en casa o trabajar? El dilema de los brasileños

AFP
Instrucciones encontradas por parte del Gobierno y la prensa sobre cómo actuar ante el coronavirus tienen confundidos a los brasileños, a eso se suman numerosos líos sin resolver. Cuarta entrega de La pandemia desde mi ventana.

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Día 4:

Justo cuando más que nunca se necesita de la unidad nacional, los brasileros quedaron en medio de una batalla cazada entre el presidente Jair Bolsonaro y la prensa, que si bien viene de tiempo atrás, con la crisis global por el coronavirus se ha intensificado.

¿Quedarse en casa o seguir trabajando? Es la pregunta que se hacen a diario millones de ciudadanos, que por un lado reciben los reportes de la prensa nacional e internacional sobre la evolución de la pandemia, quienes les repiten en la mañana, tarde y noche, que hay que quedarse bien 'guardadito en casa' para que la cosa no se ponga peor; mientras que por el otro lado, el Gobierno dice que no se puede parar el país porque "si los empleos continúan siendo destruidos", Brasil se arriesga a entrar en un escenario de "caos, hambre y miseria".

En realidad es como una pelea entre padres, donde el hijo, confundido, no sabe a quién hacerle caso.

“Por un lado todos los medios sacaron una portada diciendo quédate en casa, mientras que Bolsonaro, en una alocución dijo que la cuarentena no era necesario (…) Así que es bastante confuso”, me explica Júlio Boll, un periodista brasileño que trabaja en cultura, pero que por causa de COVID-19, al igual que su periodo ZERO HORA, está volcado a informar a la gente sobre lo que ocurre a causa del virus.

A esta inoportuna batalla política, en donde los únicos afectados son los ciudadanos, a este panorama hay que sumarle el factor económico, el cual ha venido creciendo a paso lento, por lo que decir “apague y vámonos” tendría enormes complicaciones en un país donde hay 38 millones de trabajadores informales.

Además, la bolita de cristal de los economistas del Banco Central de Brasil y la calificadora Standar & Poor dice que la cosa tampoco mejorará en los próximos meses, pero bueno, es apenas obvio porque la gran mayoría de países tendrán que romper el marranito y apretarse el cinturón para afrontar todo lo que se viene.

Júlio enumeró los enormes retos a los que se enfrenta la potencia latinoamericana a propósito de la llegada del enemigo invisible, como se ha nombrado en esto relatos al Covid-19.

(Querido lector, antes de mencionar cada arista de la situación, recuerde que cuando se habla de Brasil, todo hay que pensarlo en enormes dimensiones). Ahora sí, empecemos.

Por un lado, a corte de marzo, los contagios rozan los 6.000 mientras que la de los fallecimientos superó las dos centenas. Sin embargo, cabe aclarar que la mayoría se encuentran centrados en São Paulo (ya en cuarentena), con algo más de 2.239 casos positivos, siguen Río de Janeiro (708), Ceará (390) y Distrito Federal (332). Esto significa, que los positivos por Covid-19 se concentran en algunas de las ciudades más importantes y pobladas, ubicadas en la costa sur.

Sin embargo, la posición de Bolsonaro frente a la “gripita” le ha costado fuertes críticas, que van desde la de los gobernadores, sus vecinos internacionales, hasta la consideración del presidente Donald Trump de cerrarle los cielos.

Y si bien el Senado aprobó un bono de 100 euros para los más vulnerables, aún se está a la espera de que Bolsonaro le ponga la firma y se haga una realidad. Aunque hasta el momento, es más bien poco la certeza que se tiene sobre ello.

Además, Julio, un poco preocupado comenta en nuestra charla, que al débil sistema de salud que ya lidia con los brotes de dengue, las gripas de la temporada, se suma el coronavirus, que como ha pasado en muchos casos, puede colapsar hasta el mejor de los sistemas de salud. “No estamos preparados para ello”, me dice.

A esta lista de dolores de cabeza hay una en particular que nombra Julio y de la que muy poco se ha discutido: la salud mental.

Cuando se piensa en Brasil, muchos inmediatamente piensan en el carnaval, la samba, la fiesta, la playa, la alegría palpable en las calles. Ahora, querido lector, imagine a toda esa gente alegre y extrovertida metida en su casa, aburrida, viendo televisión. Ese aislamiento prolongado puede convertirse en el catalizador para que sigan creciendo los casos de depresión y ansiedad.

“El aislamiento es muy difícil para los brasileños. Nosotros somos un pueblo que le gusta salir, hablar. Es un pueblo muy activo”, me dice al final de nuestra charla.

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EL NUEVO SIGLO realizó más de 30 entrevistas a personas de 19 países para construir 'La pandemia desde mi ventana', un diario que muestra el rostro humano de la crisis generada por el coronavirus. Cada día una nación tendrá la oportunidad de contar cómo es su día a día, las decisiones que toma para darle la batalla al Covid-19, y sobretodo, mostrar que no estamos solos, que se trata de una lucha global y solidaria.