Día 5: De Alemania, el Covid-19 y el fantasma de la guerra

AFP
Ela y Samantha, dos colombianas radicadas en ese país, cuentan las estrategias que se han llevado a cabo para que la situación no se salga de control. Quinta entrega de La pandemia desde mi ventana.
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Los habitantes todavía salen a la calle, pueden hacer ejercicio o andar en pareja cuando su país es uno de los más infectados por coronavirus en el mundo. ¿Por qué? Parece que las decisiones paulatinas que ha tomado Berlín y la obediencia de sus habitantes le ha jugado a favor para que las cifras de fallecidos sean notablemente más alentadoras que las de sus vecinos.

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No es una cuestión de suerte que haya un abismo en medio de la cifra de contagiados y la de fallecidos (66.000 frente a 616 a corte de marzo). Todos, empezando por sus gobernantes se tomaron más que enserio la pandemia, así que como bien me explicó Samanta, una colombiana radicada hace cinco años en Giessen, una ciudad cerca a Frankfort,  “una cosa es el coronavirus en Europa y otra muy diferente en Alemania”.

Como lo ha exaltado la prensa y la misma Unión Europea, Alemania, como un relojito, no ha parado de practicar más de medio millón de pruebas… pero por semana. Eso les ha permitido saber qué camino tomar, por lo que a la fecha solo se habla de una cuarentena voluntaria, o un simple, “just stay at home” (solo quédense en casa).

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En Alemania no hay pánico o supermercados desabastecidos. A la hora de comprar, los alemanes religiosamente respetan (incluso por inercia porque están acostumbrados) la distancia entre unos y otros. Quizá es también por su cultura no tan fraternal como la de los italianos o los españoles, me ayuda a entender Ela, una caleña que trabaja como comunicadora social en Bremen en medio de su cuarentena obligatoria, puesto que estuvo fuera del país.

Eso sí, ambas coinciden en que el higiene es de los pocos hábitos en los que son estrictos a propósito la emergencia sanitaria. Sin embargo, la actitud, en general es “como si no pasara nada”, como si el enemigo invisible fuera más bien inofensivo, o en su territorio no fuera el mismo asesino que anda suelto como pasa en otras partes del globo.

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Ellas reiteradamente mencionan que la sensación en general “es que esto es temporal”, por eso es que común ver que la gente siquiera use tapabocas cuando están en las calles.

Esa tranquilidad, me explican Ela y Samanta, se debe a la confianza que existe por parte de la población hacia su Gobierno. Las decisiones no son tomadas a la ligera o de un día para el otro. Son concesos que se logran después de varias discusiones entre diferentes sectores, incluyendo la ciudadanía. Nada es

Ante mi sorpresa por cómo se lleva el día a día en aquella nación de primer mundo, ambas me dicen, que esa falta de restricciones en parte se debe a las heridas que las guerras mundiales dejaron en sus ciudadanos, sobre todo en los sobrevivientes.

“No han puesto a cuarentena total o medias más estrictas porque han pasado por muchas cosas feas en el pasado, donde los obligaban a separarse de sus familias, muchos judíos que vivían en Alemania tenían que estar escondido, entonces ellos se prometieron que nunca iban a volver a ser tan autoritarios como en esa época”, me explica Ela.  

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A lo que Samantha complementa: “Hay reglas, recomendaciones pero no hay una ley para no revivir los fantasmas del pasado”.

Por último y no menos importante, cuando la cosa se puso color hormiga en Europa, Alemania cerró sus fronteras para evitar los contagios masivos, sin embargo, varios pacientes positivos por Covid-19 de Francia han sido llevados a la frontera germana para tratarlos, ya que allí hay una mayor capacidad médica.

Ahora, el reto de Alemania es no solo mantener sus números, sino echarse al hombro a Europa, ser solidaria con el mundo y no parar en la producción de equipos y tratamientos médicos especializados para atener la pandemia, que hoy más que nunca hacen la diferencia entre la vida y la muerte de miles de personas.