Día 2: la Gran Manzana envenenada

AFP
Una mirada a la realidad norteamericana en medio del coronavirus, el dilema de sus gobernantes y el temor de que todo se salga de control. Nueva entrega de La pandemia desde mi ventana. 

_____________

Día 2:

Un trance de negación ante el coronavirus estaría condenando a Nueva York a vivir una inmensa crisis. Lo más preocupante es que no se hundiría sola, sino que se llevaría consigo a todo el país.

Por la Gran Manzana no deambulan habitantes de calle sucios y despeinados con letreros en los que anuncian que el fin del mundo está cerca, sino ciudadanos obsesionados por no parar sus rutinas, por mantener sus dos o tres empleos y por seguir en la conquista del éxito.

Sin embargo, el panorama día a día está cambiando, no se puede decir tampoco que Nueva York es inmune, a medida que los casos y las muertes aumentan, la ciudad se halla menos transitada, convulsionada y ruidosa.

La gran nación, sus gobernantes y habitantes se encuentran en un gigantesco dilema, hasta se podría decir que incomprensible. Para comprender lo que se siente en las calles hay que analizar dos partes. La primera, pese a que Nueva York es el foco de contagios más grande de Estados Unidos y el pasado 26 de marzo la potencia mundial se convirtió en el último epicentro de la pandemia, la comunidad neoyorquina y migrante se niega rotundamente a dejar de trabajar incansablemente porque “sí o sí van a encontrar la solución y va a ser más pronto de lo que creen”. Eso me cuenta María Paula, una santandereana radicada hace más de un año en aquella ciudad de edificios altos y en donde, según rumorean Jay Z y Alicia Keys en una canción, los sueños se hacen realidad.

“Siento que la gente se preocupa más por la economía que por el virus. Es entendible. La gente puede dejar de trabajar una hora, dos horas, siete horas pero la renta sigue. Y en Nueva York es demasiado costoso el metro cuadrado”, me dice en medio de su aislamiento voluntario en su residencia en Queens.

Pero por el otro, es inevitable  no tomar acciones frente a esa curva que crece día a día tan alto como el Empire State. Obligada, Nueva York ha tenido que ir parando; escuelas, universidades, empresas e industrias han tenido que cerrar, y si bien, a la fecha en la que escribo estas letras, no se han tomado medidas radicales como una cuarentena o un toque de queda, poco a poco la convulsionada ciudad de las películas se ha dado cuenta que el Covid-19 puede ser su kriptonita.

 

Día 1: La fiesta española... ahora desde los balcones

 Como me explicó Nicolás Cardozo, a quien el coronavirus lo hizo regresar a su casa en Bogotá, “de un momento a otro Nueva York se convirtió en una ciudad fantasma. Puedes andar por la calle, pero con el riesgo de contagiarte”. Al igual que él, cientos de extranjeros fueron obligados por el virus a devolverse sus países de origen, claramente pagando tiquetes de valores exorbitantes.

De una semana a otra, aquellas avenidas abarrotadas de turistas, taxis y sueños como la de Time Square, ahora brillan sin cautivar a nadie, solo al recién llegado silencio, tal y como lo muestran videos que han dejado atónito al mundo.

Sin embargo, también es una realidad que los barrios de Brookyn, Queens y el Bronx siguen como si nada, como si la pandemia estuviera en otro vecindario. Mi amiga santandereana aún ve desde su ventana a las familias en los parques, algunas sin tapabocas.

Aunque no es universal, es común que en las calles se replique el pensamiento del presidente Trump: se trata de una situación de la que se saldrá rápido porque encontrarán una solución rápida, darán con la cura para que la economía pueda seguir. Estados Unidos, todo lo puede.

La pandemia desde mi ventana: ¡Forza Italia!

Esa negación ante el virus no es exclusiva de la Gran Manzana; sin importar si el estado es demócrata o republicano, de costa a costa se cree que este enemigo silencioso solo es un asesino serial en Europa y China.

De hecho, escenas como la de bogotanos que empacaron maletas y se fueron a unas pequeñas vacaciones en Girardot, se repite en la costa este de Estados Unidos. Muchos se fueron por una temporada a otras ciudades de paseo para alejarse del virus, pero todo lo contrario, como indican los expertos, se incrementa el riesgo de que el virus se expanda con mayor agresividad y ante ello no hay ninguna decisión que lo frene.

“Es como si estuviera repitiendo la misma película”, repite varias veces Sandra, una profesora española radicada en Carolina del Norte, durante una entrevista en la que ambas estamos en aislamiento, claro, el de ella es voluntario.

“Es igual que en España. Aquí nadie se lo cree, como en España hace tres semanas, que no iba a pasar nada y aquí es igual, la gente sale y todo el mundo sigue con su vida”, comenta desde su pequeño apartamento que convirtió en oficina.

“No usas mascarillas porque crees que es solo de los chinos”, me explica. Sandra reitera que así fue como en su país todo se salió de control: minimizando la gravedad del contagio.

Día 4: ¿Quedarse en casa o trabajar? El dilema de los brasileños

Esa misma situación es la que vive Natalia, una colombiana establecida en una pequeña ciudad cerca a Sacramento, California.

Si bien muchas tiendas han cerrado, se ha vuelto todo un caos hacer una compra en los almacenes de cadena, ya que existen varias restricciones ante el acaparamiento; no se puede comer en un Mc Donald’s o beber un café en Starbucks, lo cierto, es que solo se ha hecho énfasis en el aislamiento social, por si las moscas, ya que sin importar la ciudad, es común escuchar o ver en redes sociales que el tal virus no existe, de que se trata de una conspiración de los chinos.

En ese orden de ideas es inevitable no traer la mayor preocupación de la que poco se habla en la prensa: la lenta detección de casos en Estados Unidos.

Día 5: De Alemania, el Covid-19 y el fantasma de la guerra

Este Diario conoció que una persona reportó a las autoridades sospechas de ser positivo por Covid- 19 y no fue atendido, ni mucho menos testeada. Por teléfono solo se reciben unas ligeras indicaciones de precaución; solo son atendidos con seriedad aquellos que presentan un cuadro de síntomas grave. Esto significaría entonces, de que se estaría muy lejos de conocer la cifra real de personas contagiados con coronavirus. Ante este panorama, Natalia me insiste: “con todo esto, me dan más ganas de quedarme en casa”.

El panorama en la máxima potencia mundial es incierto. El avance de casos y muertes inclinará la balanza para tomar una decisión. Eso sí, Trump no la tiene fácil, porque al igual que él, millones de ciudadanos creen que ni el más peligroso de los virus va a acabar con su grandeza.

Pdta: Aquí también hay una fiebre por el papel higiénico. 

____________

EL NUEVO SIGLO realizó más de 30 entrevistas a personas de 19 países para construir 'La pandemia desde mi ventana', un diario que muestra el rostro humano de la crisis generada por el coronavirus. Cada día una nación tendrá la oportunidad de contar cómo es su día a día, las decisiones que toma para darle la batalla al Covid-19, y sobretodo, mostrar que no estamos solos, que se trata de una lucha global y solidaria.