EXPECTATIVA GLOBAL
¿Qué tanto cambiará Alemania en la era posMerkel?

Foto archivo AFP

UN GOBIERNO inédito, la coalición tripartita encabezada por el socialdemócrata Olaf Scholz es el que en pocos días se instalará en Alemania, despertando al mismo tiempo incertidumbre y expectativas, por su liderazgo, programas y gestión.

No se exagera al señalar que, en los últimos 16 años, tanto los alemanes como los europeos, disfrutaron de un favorable continuismo político que consolidó la economía para los primeros y, el desarrollo del proyecto europeo para los segundos.

Sin distingo de raza, filiación política o credo, líderes mundiales reconocen que ese parte de convivencia armónica, diplomacia global y consensos frente a las crisis tuvo como gran protagonista a Ángela Merkel, la canciller de Alemania que tras décadas de actividad pública decidió jubilarse y se apresta a disfrutar de su vida familiar, esa a la que pese a su copada agenda, sagradamente dedicó tiempo de calidad.

En Alemania, toda una generación creció teniendo como canciller (jefe de gobierno) a Ángela Merkel, que amén de sus aciertos y posibles errores, escribió una página en la historia de su país, de la Unión Europea y en la geopolítica global.

Tras hacer una fulgurante carrera política en la conservadora Unión Cristiano Demócrata llegó al poder en 2005, con un mayoritario respaldo del Bundestang (Parlamento), convirtiéndose no sólo en la primera canciller mujer en la historia de ese país, sino en la primera oriunda de la extinta RDA tras la unificación en llegar a ese cargo y la única dama que lidera, en ese momento, un Gobierno en Europa.

"Que Dios me ayude" fueron sus palabras al aceptar dicha jefatura de gobierno. Tenía 51 años de edad y las prioridades de su agenda eran fortalecer las relaciones transatlánticas, la conexión estratégica con Francia y combatir el desempleo, que alcanzaba el 11 por ciento.

Cinco años después, “La Niña” de Helmuth Kohl -su mentor- como la calificaban algunos de sus detractores demostraba exitosa gestión, que fue premiada con una primera reelección. Con un liderazgo fortalecido da continuidad a sus planes, cada vez más ambiciosos y progresistas, lo que le permite mostrar éxitos económicos en el 2013, los que se convierten en la base para su tercer mandato, el que está a punto de concluir.

Su ‘método’ político, si así puede llamarse, se basó en escuchar, analizar y decidir. Y si bien el factor tiempo podía ser determinante, dada su formación académica, ya que es científica en química y física, Merkel siempre siguió ese orden de factores. Oír los argumentos, analizar sus implicaciones y finalmente tomar una determinación fue la constante de su gestión y así, con mucha inteligencia y cumpliendo a rajatabla los principios conservadores de su formación política, se convirtió en la estadista más poderosa de la Unión Europea y en la mujer más influyente del mundo.

Y aunque desde 2005 a la actualidad fueron muchos los temas que abordó, ella misma resumió hace pocos meses los que fueron más difíciles, pero también decisivos para el devenir europeo y global: la crisis financiera de 2008, la pandemia de coronavirus, la del euro, el flujo de refugiados sirios e iraquíes (2015) y el calentamiento del planeta.

La acogida a migrantes será, sin duda, la más emblemática, ya que no dio marcha atrás pese a las críticas internas y, además, promovió que el viejo continente hiciera lo mismo. Sus adeptos lo califican de acto de valentía. 

Hay muchas biografías, análisis, artículos y escritos sobre Merkel y su era política en Alemania. Por ello, lo que ahora concita el interés, tanto dentro como fuera de ese país es que política se implementará con el nuevo gobierno.



¿Viraje?

Este miércoles, el Parlamento alemán dará el voto de confianza a la coalición semáforo: socialdemócratas (rojo), ecologistas (verde) y liberales (amarillo), y elegirá a Olaf Scholz como nuevo canciller. Nunca esta combinación política estuvo en el poder en la Alemania de después de la Segunda Guerra Mundial.

La era posMerkel no es solo por el retiro de la líder política, sino por el cambio que se prevé habrá en el modelo de gobierno. Y aunque inicialmente se pudo pensar que no sería mínimo, ya que la coalición saliente está conformada por conservadores y socialdemócratas, en virtud de la cual Scholz funge como ministro de Finanzas, todo parece indicar que será radical en algunos aspectos, dada la inédita coalición entrante.

Alemania enfrenta un fuerte rebrote del covid-19, ahora atizado por la variante ómicron y la ralentización de la actividad económica, fruto de la escasez de insumos y la crisis global de contenedores, coletazo de la pandemia. De allí que las primeras decisiones que adopten serán claves y evidenciarán la hoja de ruta a seguir en lo económico, social y político.

Y es precisamente en este último aspecto donde están encendidas las alarmas por las abismales distancias de concepción y programas que tienen estas tres formaciones que semanas atrás anunciaron su “contrato” llamado “Atreverse a más progreso, Alianza para la libertad, la justicia y la sostenibilidad".

"El SPD, los Verdes y el FDP se pusieron de acuerdo para un contrato común de coalición en las negociaciones y sobre una nueva alianza de gobierno", anunció Scholz, prometiendo una "coalición de igual a igual”. Sin embargo, ello es lo que está en duda por las razones antes mencionadas. 

Olaf Scholz "será un canciller fuerte", prometió el halcón del liberal FDP, Christian Lindner, que fungirá como ministro de Finanzas y que tendrá a su cargo, entre otros importantes proyectos, ejecutar los recursos del fondo de recuperación aprobado por la Unión Europea para sus países miembro.

Paralelamente deberá cumplir con la promesa del nuevo canciller de volver "en 2023" a las reglas de rigor presupuestario, entre ellas el freno al endeudamiento inscrito en la Constitución, algo que parece le será fácil a Linder, un defensor de la línea ortodoxa de los déficits públicos.

Fruto también de la negociación política, Annalena Baerbock, de 40 años, excandidata de los ecologistas, se pondrá al frente de la diplomacia alemana, en un gobierno que promete paridad entre hombres y mujeres.

Entre tanto, el copresidente de los Verdes, Robert Habeck, se haría cargo de un gran ministerio del Clima, en un momento clave de la lucha contra el cambio climático, en un país que figura entre los más contaminantes del mundo. 

Scholz, quien convivió los últimos años en el gobierno con Merkel, la cariñosamente llamada ‘mutti’ (madre) por sus conciudadanos es consciente de cuán alta le queda la vara y que emular a la saliente canciller, como lo hizo exitosamente en campaña, le es clave para dar estabilidad a su mandato.

En el multitudinario y fastuoso acto de despedida el jueves, donde inéditamente se combinó la parada militar con música punk elegida por la saliente canciller, pareció haber dado unas puntadas a su sucesor, al recordar que “los dos últimos años de pandemia, en particular, han mostrado, como una lupa, la gran importancia de la confianza en la política, la ciencia y el discurso social y, también, lo frágil que es todo esto”.

A lo que agregó que “nuestra democracia prospera en la habilidad para tener un discurso crítico y autocorrección. Prospera en el constante discurso de intereses y respeto mutuos. Prospera en la solidaridad y en la confianza, también en la confianza en los hechos”.

Con la sobriedad que la caracteriza y una sonrisa a flor de piel que, sin embargo, dejó entrever la nostalgia de la despedida, se declaró honrada y agradecida “por haberme permitido trabajar por tanto tiempo en este puesto”.

Y así termina la era Merkel y empieza la de Scholz. De un gobierno conservador y moderado acordado con los socialdemócratas en los últimos cinco años se pasa a uno de centroizquierda que, de antemano, se prevé radical en algunos frentes