Una legislatura a paso de tortuga y sin grandes reformas

Foto El Nuevo Siglo / Diana Rubiano

El próximo domingo se cumplen dos meses del arranque de la tercera legislatura parlamentaria en el gobierno Duque. Quedan, entonces, tres de este primer tramo y, sin lugar a dudas, a medida que pasan las semanas las grandes expectativas que se tenían el pasado 20 de julio sobre la productividad del Congreso en este nuevo periodo poco a poco se han ido apaciguando.

Hasta el momento la mayor eficiencia en el Parlamento se ha dado, no en el tema legislativo como tal, sino en el típicamente electoral. Y prueba de ello es que en tiempo récord y sin mayores traumas ni pulsos entre las bancadas se escogió al defensor del Pueblo, un magistrado de la Corte Constitucional e incluso a la procuradora general, pese a que solo se posesionará en enero próximo.

Tampoco han sido particularmente productivos el Senado y la Cámara de Representantes en las tareas de control político, pese a muchos temas propicios para llevar a cabo grandes discusiones en las plenarias y las comisiones. Por ejemplo, ha sido muy desordenado el análisis del impacto de esta última fase de la pandemia y de las falencias del plan de acción gubernamental para hacerle frente.

Aunque el presidente instaló las sesiones planteando lo que denominó “Compromiso por Colombia”, que se supone es la base del plan de recuperación socioeconómica, no se ha visto una presión fuerte de los partidos para que la Casa de Nariño concrete los proyectos de ley y actos legislativos para cimentar la estrategia.

Tampoco se ha visto una lupa más determinante del Congreso sobre hechos tan dramáticos como la ola de masacres que se desató desde mediados del año. Y no fue particularmente impactante el balance de las bancadas gobiernistas, independientes y opositoras sobre la mitad de mandato del presidente Duque…

Ni siquiera los graves hechos y disturbios de la semana pasada en la capital del país y otras ciudades, tras el caso de abuso policial en Bogotá, han sido objeto de un debate serio y de fondo en el Congreso. Por el contrario, ha primó la polarización política y hasta una controversia menor respecto a si el Ministro de Defensa debe ser  invitado o citado. El Senado apenas si convocó una comisión con cinco de sus integrantes para que analice el tema, en tanto que está muy politizado el debate respecto al alcance y énfasis de una eventual reforma a la Policía.

Lo que sí sobra, por la accidentada mecánica de las sesiones virtuales, son discusiones altisonantes pero sin mayor efecto real en torno a hechos coyunturales como la detención domiciliaria del expresidente Uribe; las posturas negacionistas de las Farc sobre sus delitos; el fallo de la Corte IDH que limita el poder sancionatorio de la Procuraduría y la Contraloría; la crisis en Empresas Públicas de Medellín o el préstamo de 370 millones de dólares del Gobierno a la emproblemada aerolínea Avianca.

Desde mediados de 2021 difícilmente el Congreso le jalaría a reformas de alto calado que impulse un Gobierno en cuenta regresiva

Otro de los grandes temas que generaban gran expectativa el pasado 20 de julio era la posibilidad de que el Senado y la Cámara volvieran a sesionar de forma presencial, ya que en el primer semestre se trabajó de manera virtual y a medias, por culpa de la pandemia.

Sin embargo, salvo las dos ocasiones en que se reunieron una u otra cámara para los procesos de elección del Defensor o del Procurador, hasta el momento el Parlamento colombiano sigue trabajando a distancia, mientras que en el resto del continente, por igual afectado por la pandemia, sus órganos legislativos han retomado poco a poco el trabajo en sus respectivas sedes. Paradójicamente en Colombia lo que avanzó fue el proyecto que permite las sesiones virtuales permanentes…

Es más, bien podría decirse que, hasta el momento, el hecho más importante en estos dos meses ha sido la renuncia del expresidente Uribe a su curul buscando que sus procesos en la Corte Suprema de Justicia pasaran a la Fiscalía, como finalmente sucedió.

Ni siquiera quedó claro un asunto de grandes implicaciones, como si el Senado aprobó o no la llegada de una misión militar de Estados Unidos a Colombia…

¿Y la agenda?

En estos dos meses, como se ve, la productividad legislativa no es la mejor. La iniciativa más importante aprobada es la reglamentación de la reforma al Sistema Nacional de Regalías que comisiones y plenarias se esforzaron por acelerar, a sabiendas de que en departamentos y alcaldías están urgiendo estos billonarios recursos (tras la caída de ingresos fiscales por cuenta de la parálisis productiva derivada de la pandemia) para poder financiar al menos algunos proyectos de infraestructura que contribuyan a arrancar la recuperación económica.

También está bajo estudio el proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2021. Las comisiones económicas conjuntas de Senado y Cámara han avanzado no solo en la definición del monto, sino en el debate a la distribución y asignación de partidas. Es claro que todo el análisis ha estado cruzado por la necesidad de inyectar recursos a muchos sectores en esta etapa de pospandemia, aunque no hay claridad sobre las fuentes de financiación, ya que el hueco fiscal sigue agrandándose. Descartada una reforma tributaria, en el Parlamento poco se ha avanzado respecto a de dónde saldrá la plata, que es un asunto central.

El resto de la agenda de proyectos avanza a ritmo regular. Tal es el caso de iniciativas como la prohibición del castigo físico a los menores de edad, la ampliación de algunos programas de alivios socioeconómicos activados por la pandemia, más sanciones al dopaje en el deporte, la prórroga de la Ley de Restitución de Tierras y Reparación de Víctimas, la regulación de los consultorios jurídicos y algunos ajustes al código laboral por las modalidades de trabajo que disparó la crisis sanitaria.

Hay algunos proyectos que, por el contrario, han generado gran polémica, como aquel que propone disminuir el número de puentes festivos a cambio de que los que queden sean de cuatro días; también se radicó otra iniciativa que plantea que la vacuna contra el covid-19 sea administrada de forma gratuita a la población; y no menos álgida ha sido la discusión en torno al proyecto pide aprobar el consumo recreativo de la marihuana o el que daría vía libre a los efectos terapéuticos de la hoja de coca…

Sin grandes reformas

Sin embargo, lo que más se ha extrañado en estos dos meses de la  tercera legislatura es que el Gobierno no ha radicado ninguna de las grandes reformas que, se supone, tenía listas para este segundo semestre, incluso aprovechando la nueva realidad política, pues Cambio Radical (ahora con dos cuotas en el gabinete) se presume que apoyará la agenda legislativa de la Casa de Nariño, con lo cual se aseguran mayorías aplastantes en Senado y Cámara.

Sin embargo, lo que más se ha extrañado en estos dos meses de la  tercera legislatura es que el Gobierno no ha radicado ninguna de las grandes reformas

Pese a ello, los proyectos de grandes ajustes a la justicia, el sistema político, el régimen pensional o el laboral nada que asoman por el Parlamento. Tampoco las iniciativas que deben servir de plataforma de lanzamiento al plan de reactivación pospandemia, que se supone es la prioridad presidencial para poder movilizar no menos de $100 billones del sector público y privado.

En estos dos meses, tan solo se radicó (por la Registraduría y el Consejo Electoral) una reforma procedimental al Código respectivo, así como los proyectos de reforma judicial impulsados por la Procuraduría y el Consejo Superior de la Judicatura. El gubernamental nada que llega.

Paradójicamente, si esas grandes reformas no se presentan en las próximas dos semanas, al menos las que se refieren a cambios constitucionales, difícilmente podrán superar los cuatro debates antes de diciembre 20. El problema ahora de es tiempos, más aún si se tiene en cuenta que a mediados de 2021 comienza definitivamente  la campaña para los comicios parlamentarios y presidenciales de 2022, siendo muy difícil que el Congreso se le mida a aprobarle grandes reformas a un Gobierno ya en cuenta regresiva. Eso es innegable.

Como se ve, esta tercera legislatura avanza a paso de tortuga pese a la cantidad de asuntos gruesos pendientes.