‘Leer la salud’ de los ríos: una meta de Corpochivor de la mano de WWF

WWF

En el Distrito Regional de Manejo Integrado (DRMI) Páramo de Cristales, Castillejo y Guacheneque (Boyacá), investigadores de Corpochivor -Corporación que cuenta con 7 áreas protegidas en su jurisdicción- y WWF, iniciaron la identificación de cerca de 45 sitios, entre quebradas y ríos ubicados dentro del área protegida y sus zonas circundantes, para analizar su condición ecológica.

Desde estos lugares, en los próximos meses, harán un muestreo de las poblaciones de macroinvertebrados (grupo de insectos) y peces para analizar, a través de ellos, el estado de conservación de los ecosistemas. Los resultados les permitirán definir objetivos de conservación y restauración para las cuencas más afectadas.

“Los tricópteros son un grupo de insectos que han desarrollado adaptaciones increíbles para vivir en las corrientes de los ríos: construyen casas muy pequeñas con materiales como granos de arena, piedras, palos y pedazos de hojas, y las fijan con una seda adhesiva al sustrato de la superficie en tramos con fuertes corrientes. Así garantizan su oxígeno y que no se los lleve el agua”, cuenta Juana Andrade, bióloga de Corpochivor, para explicar que la presencia de estas y otras especies de insectos en los ríos es un indicador de la buena salud de estos ecosistemas.

Así como los tricópteros, hay miles de insectos que tejen profundos entramados con los ecosistemas acuáticos. Estudiar estas conexiones es la tarea que desde hace algunos meses adelanta Juana, junto al equipo de investigadores de WWF, en esta área protegida que comprende los municipios boyacenses de La Capilla, Pachavita, Úmbita y Turmequé, y que se caracteriza por su ecosistema de páramo y su conectividad con otras áreas del Complejo Rabanal.

Ya han identificado puntos estratégicos en afluentes como el Muincha y el Albarracín (municipio de Turmequé), el Bosque (municipios de Pachavita y Úmbita) y la Guaya (municipio de La Capilla), en donde, además de la diversidad de organismos, evaluarán variables como la vegetación de la ribera y el sustrato del fondo (arenoso, arcilloso, pedregoso, etc.); un proceso que según explica Andrade, marcará la diferencia en el monitoreo de calidad de agua que Corpochivor ha hecho por 18 años, en el que hasta ahora solo se ha concentrado en analizar características del líquido mismo, como la temperatura, el ph, el color y la turbidez.

“Cuando empiezas a ver el río como ecosistema y cuando intentas gestionar el agua para su mantenimiento, las medidas se amplían mucho: ya el trabajo no está enfocado en si el agua cumple con unas características para usarla, sino en que el uso que le das no afecte el ecosistema que la proporciona”, dice Juana, y añade que en ese proceso, los macroinvertebrados, esos insectos que se reconocen a simple vista -pertenecientes a grupos como los coleópteros, tricópteros y efemerópteros-, son claves para descifrar el estado de conservación de los afluentes.

Según la proporción y la distribución de estos insectos, explica la bióloga, se puede determinar, por ejemplo, la diversidad de ambientes, el grado de intervención humana en el caudal y el nivel de afectación por vertimientos provenientes de cultivos o ganadería. “Esto se llama bioindicación, es decir, leer en los organismos cómo está el sitio en el que viven. Gracias a los proyectos que tenemos con WWF, ahora contamos con todos los equipos de campo y de laboratorio para hacer estos análisis: desde las redes especiales para capturarlos hasta las agujas y pinzas necesarios para mirar bien sus características e identificarlos”.

Sobre esto, Beatriz Helena Rey, gestora de Andes Nororientales de WWF, explica que la adquisición de equipos y materiales por parte de Corpochivor no solo permite hacer el monitoreo de calidad del ecosistema acuático usando macroinvertebrados y peces, sino conocer el impacto de especies acuáticas invasoras como evidencia para la toma de decisiones en cuanto a su un manejo y control.

Al final del proceso de investigación, el equipo de Corpochivor y WWF identificará qué sitios son referentes de conservación y definirá los objetivos de restauración para las cuencas más afectadas. Además, realizará dos productos de divulgación: uno dirigido a científicos, especialmente a los ictiólogos, y otro para la comunidad, con el fin de que esta pueda tener un material de consulta permanente sobre las especies que habitan los ecosistemas estudiados.