VICENTE TORRIJOS R. | El Nuevo Siglo
Martes, 26 de Agosto de 2014

Ida (I)

 

Ella es una monja muy hermosa. Nunca conoció a sus padres. Fue una bebé abandonada en una iglesia. Su vida transcurrió en el convento. Pinta primorosamente las estatuas de Cristo, aunque solo se pueden ver en blanco y negro. Está a punto de asumir los votos. Pero antes, resuelve salir por primera vez del claustro para visitar a una tía, su única pariente.

Salir de la vida contemplativa en 1960 para estrellarse de frente con la Polonia comunista no es fácil. Por eso es de presumir que caminando por el campo y por las calles de Varsovia se haya hecho varias veces la pregunta política que todos nos estamos haciendo: ¿quiénes somos, qué queremos, y hacia dónde vamos?

Su tía, Wanda es fiscal, y tiene a su haber varias condenas a muerte por traición a la revolución. Cuando se encuentran deciden reconstruir la historia familiar, hacer un ejercicio compartido de identidad y memoria. No lo parece, pero ambas son víctimas del mismo fenómeno: el autoritarismo nazi, el autoritarismo marxista.  

Primera pregunta: ¿somos comunistas los polacos? Primera respuesta: no. De hecho, pocos días más tarde, Wanda, fumadora empedernida, alcohólica imperturbable y soberbia traficante de influencias, concluye que el único camino que le queda es el suicidio.

Como sea se echan a andar por el país tratando de encontrar las respuestas a su sufrimiento. En la vieja casa paterna encuentran al anciano que les dio refugio y alimento a su familia, familia judía, en un bosque cercano. Pero también conocen al hijo que, finalmente, les dio muerte a todos ellos, menos a Ida, apenas de brazos, “muy joven para tener conciencia política”.  

En otras palabras, un padre que desobedece a los nazis y resiste, pero al mismo tiempo un hijo que colabora con ellos y elimina judíos aunque salva una vida, la vida que algún día podría permitirle a Polonia sentirse libre.  

Segunda pregunta: ¿somos genocidas? Segunda respuesta: no. De hecho, el hijo les confiesa el crimen, cava en el sitio a medianoche y en medio del dolor y el realismo les devuelve los restos, les devuelve la certeza con que se completa el duelo.

(Continuará)