JAIME PINZÓN LÓPEZ | El Nuevo Siglo
Miércoles, 9 de Abril de 2014

Se están chiflando

 

Algunos  funcionarios, impotentes ante los problemas de movilización vehicular en Bogotá, se están chiflando. El proyecto de impuesto a la congestión, con uso de “chips” y el primer ensayo en una amplia zona del norte de la ciudad, para limitar la entrada a ella y cobrar por cada ingreso, así lo indica. Este sería el primer experimento.

Todos con “chips” es la consigna. Eso sí manteniendo los privilegios para el libre tránsito de ciertos funcionarios, camionetas blindadas, motociclistas y guardaespaldas, al igual que de los carros diplomáticos. Desde luego con tratamiento preferencial para los buses, -en especial los azules-, y todavía sin definir el que se aplicará a los taxis, ambulancias, al transporte escolar,  al turístico,  y al de vehículos que subsisten de tracción animal. Se trata de disminuir congestiones en unos lugares para incrementarlas en otros, de elevar las trabas al comercio, de dificultar las gestiones bancarias y en oficinas, de conservar el “pico y placa,” pero con modificaciones según se requiera. ¿Qué sucederá con los residentes y trabajadores de la zona?  ¿Tendrán un chip especial para no pagar lo cual ocurre en Londres?
A los anuncios sobre estudios sucesivos respecto de movilidad, a los problemas de Transmilenio, a confundirnos con puentes que no se construyen, se suma este sobre el impuesto castigo, como si los habitantes de la urbe ya no tuviéramos suficiente con la inseguridad, el carrusel de contratos, la corrupción, el cobro caótico del gravamen de valorización y del  abultado predial. En cambio, nada concreto hay respecto de la ejecución de obras de infraestructura,  de mantenimiento,  de ampliación de calles, de recuperación de la malla vial.

Para impresionar se cita que el sistema funciona en el centro de la capital británica lo cual es solo parcialmente cierto a pesar de la cultura y flema inglesa. Si se quieren menos carros ¿cómo lograr un acuerdo para disminuir su venta, violentando derechos inalienables, el primero de ellos el inherente a su compra, con el pago de ese otro impuesto automotor de tránsito que ya no ampara su uso?

El cansancio, la fatiga, el hastío, se sienten y con el  incoherente discurso del proyecto creemos que lo mejor para facilitar su cumplimiento a quienes  permanezcan en  Bogotá, es, que muchos  vayan a vivir  a otra parte y no  prolonguen su angustia. Para colmo de males la iniciativa, cuyo arranque se calcula en año y medio, les permitirá, en los meses venideros,  a los burócratas asustarnos con las noticias acerca de su ejecución, similares  a las de  quinquenios pasados  respecto de los túneles y trazado del metro. Los delincuentes disponen de tiempo para planificar la falsificación de “chips”. Por algo el programa no se llama de descongestión sino de congestión.