HUGO QUINTERO BERNATE | El Nuevo Siglo
Martes, 29 de Octubre de 2013

Titerazgo

 

La organización AUCD (Álvaro Uribe Centro Democrático) acaba de escoger candidato único a la Presidencia de la República para el período 2014-2018. Tal como estaba direccionado por el patrón del movimiento, el escogido en una votación “democrática” fue el que todos sabían desde hace más de 8 años, el exministro de Hacienda Óscar Iván Zuluaga.

Por lo que se vio en los prolegómenos y en la tal convención propiamente dicha, gracias a la transmisión de La Silla Vacía, la AUCD tiene un concepto de la democracia diseñado a forma y medida del amo del movimiento: resultado predeterminado y reglas indeterminadas. Y por el discurso de los precandidatos y de sus ideólogos, políticamente están bien a la derecha. Mejor dicho, de las cuatro siglas del nombre las únicas ciertas son las que identifican al dueño. Lo demás es puro maquillaje. Nada de centro, todo a la derecha. Y más autoritarismo, que democracia.

La ausencia de democracia es quizá la característica que más acusa la AUCD y donde más se refleja es en las condiciones impuestas a quienes quisieron optar por la candidatura. No se trataba de buscar uno autónomo y con pensamiento propio, sino de escoger un títere. Uno que se comprometa a seguir ciega y dócilmente las órdenes del patrón de la organización.

Sorprendente ver a Zuluaga y a Santos (a Trujillo no), en una extraña competencia donde ninguno buscaba demostrar dotes de liderazgo o capacidad de conducción de sus partidarios y eventualmente del país, sino todo lo contrario, tratando de convencer al auditorio de cuál era el más obsecuente, o cuál exhibía mayor capacidad de obediencia a los lineamientos del jefe.

Habla muy mal de las intenciones de un movimiento político, que arme todo un tinglado no solo para descabezar a su candidato más popular, sino para elegir un títere. Y lo peor es que eso lo que verdaderamente entraña es un verdadero fraude al elector y al país, pues se le pide que vote, no por quien eventualmente lo va a gobernar, sino por uno que promete llegar a ser gobernado por otro que está constitucionalmente impedido de ser gobernante.

Nunca en la historia del país se había presentado un espectáculo político tan vergonzoso. El de uno que se ofrece, no para manejar el país, sino para ser manejado, como una marioneta, por quien desde atrás de bambalinas simplemente maneja los hilos que hagan mover  el muñeco a su disposición y voluntad.

Son múltiples los problemas políticos y administrativos que una administración de esas puede generar. Y no hay respuestas desde el derecho disciplinario o administrativo para esa forma de gobernar. Para encontrar alguna figura que responda a ese tipo de conductas, hay que acudir al derecho penal. En la autoría mediata, en las teorías del hombre de atrás o en la de los aparatos organizados de poder pueden hallarse las únicas formas de controlar ese tipo de acciones. Y no deja de ser simbólico que las respuestas más adecuadas a una estratagema política, sean precisamente teorías jurídicas diseñadas para enfrentar organizaciones criminales. Por algo será.

@Quinternatte