ALBERTO MEDINA MÉNDEZ | El Nuevo Siglo
Viernes, 15 de Agosto de 2014

Anhelo, esfuerzo y cambio

 

Todas las sociedadesaspiran a vivir mejor. Hablan de progreso, sin aclarar que el deseo no alcanza. Tampoco sirve demasiado repetirlo hasta el cansancio y llenarse la boca de discursos grandilocuentes para que se convierta en realidad. Para conseguir triunfos extraordinarios hace falta mucho más que una retórica elaborada. Se precisa pasar a la acción, llevar adelante esfuerzos incansables, prolongados en el tiempo, con una constancia a prueba de todo y esa perseverancia propia de quien tiene convicciones profundas.

Importante comprender que las ganas y el sacrificio tampoco garantizan los resultados esperados. Las ansias son necesarias y el esfuerzo es vital, pero son las ideas correctas las que hacen la diferencia. Si el rumbo seleccionado no es el adecuado, esa inmensa labor será inconducente.

Es allí donde claramente las sociedades contemporáneas no parecen encontrar el camino. Es saludable intentar entender cómo se produce esa secuencia de acontecimientos que configuran la realidad.

Ahora, si se comprende que son los ciudadanos los que toman decisiones y son ellos los que hacen que las cosas sucedan, y que su participación incide, de algún modo, en su destino, pues en ese caso es central repasar que es lo que se debe hacer para que algo novedoso ocurra.
Muchas veces, la sociedad no logra vincular los hechos y prefiere creer que con soñar alcanza. Es importante tener un norte como herramienta motivadora, porque estimula a tomar las riendas. Pero es falso suponer que solo por quererlo, todo ocurrirá favorablemente, como por arte de magia.
Cuando la victoria no aparece en forma automática, la ansiedad hace de las suyas y entonces todo vuelve a cero, con el agravante de que la desilusión y la desesperanza instalan la visión de que es imposible lograr algo positivo.
Nadie consigue grandes cosas sin tropiezos. Los logros muchas veces vienen de la mano de colosales renunciamientos. Es probable que muchos no estén dispuestos a hacerlo y eso explique en buena medida lo que pasa.

Para ser optimistas hay que anhelar con entusiasmo, prepararse para hacer un esfuerzo gigante, pero además estar absolutamente dispuestos a cambiar, a dejar de lado los sistemas equivocados para reemplazarlos por las que han demostrado su éxito.
Todos los países son optimistas respecto del porvenir. Saben que recorren una coyuntura, pero también que esa circunstancia tiene fecha de vencimiento. Tienen esperanzas respecto de lo que viene, y confían en que todo será mejor. Pero ese pronóstico será el correcto solo si se comprende el vínculo profundo que existe entre el anhelo, el esfuerzo y el cambio.
albertomedinamendez@gmail.com

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