Hay que derrotar el pesimismo

  • No sobredimensionar accidentado día a día
  • 2019 será un año de muchos y grandes retos

El pesimismo es un lastre muy peligroso para cualquier país, no solo porque se convierte en un freno de mano al emprendimiento y la generación de confianza en un futuro mejor, sino porque, a manera de una infección bacteriana de alta resistencia a los antibióticos, se extiende lenta pero progresivamente por todo el entramado político, económico, social e institucional, obstaculizando el aparato sistémico de una Nación, hasta llevarla a ser un estado fallido. Colombia ha vivido épocas muy duras pero ni aún en las etapas más gravosas del conflicto interno, el narcoterrorismo, el auge de delitos de alto impacto, la corrupción rampante y la insatisfacción de las mayorías con los gobiernos de turno, se ha dejado subordinar por el pesimismo y la sensación del no futuro. Ello es lo que explica, primordialmente, porque distintas generaciones se han logrado sobreponer a las más difíciles y cruentas circunstancias, llevando el país a un estatus similar al de algunas naciones y potencias emergentes que no enfrentaron los flagelos que ha soportado la nuestra.

Esa perspectiva histórica es vital en momentos en que varias encuestas y algunos opinadores, dirigentes políticos y voceros de distintos sectores advierten un creciente clima de pesimismo sobre el futuro del país e incluso sobre la gestión de un gobierno que apenas si lleva cuatro meses en ejercicio, lapso durante el cual ha tenido que afrontar un prolongado paro estudiantil, asumir el costo político por la presentación de una drástica reforma tributaria para tapar el hueco fiscal, congelar la negociación con la guerrilla del Eln, registrar los rebrotes de violencia regional y tratar de asentar un nuevo estilo de mando en medio de una nación todavía muy polarizada… A ello habría que sumar otros hechos relacionados con un economía que no despega, los altibajos cambiarios, la presión por la migración venezolana, nuevos desarrollos en graves escándalos de corrupción, una agenda de reformas que no progresa en el Congreso, pleitos políticos e institucionales de distinta índole y el siempre accidentado día a día de un país tan complejo como Colombia.

Sin embargo, ninguna de las anteriores circunstancias explica por qué hay una creciente percepción de pesimismo en el país. Incluso, así suene un poco paradójico afirmarlo, muchos de esos picos de crisis, estructurales o coyunturales, no han llegado a la gravedad de lo ocurrido en el pasado. Para algunos analistas lo que puede estar pasando es que existía en muchos colombianos una expectativa muy grande sobre el ‘timonazo’ que el nuevo gobierno se creía que se le daría al país en muchos campos, pero la entrante administración viene implementando los cambios de forma más gradual y acorde con los trámites institucionales. También es claro los dos últimos mandatarios –cada uno con reelección a bordo- acostumbraron al país a un estilo de gobierno imperativo y beligerante a cada minuto, mientras que el actual prefiere un clima más propenso a la conciliación y la búsqueda de consensos alrededor de sus  objetivos programáticos, incluso mediando una nueva forma de relacionamiento político y programático con el Congreso.

Sea cual sea la razón de ese creciente negativismo, es urgente que no solo el Ejecutivo sino el Parlamento, los partidos políticos, el sector privado y todos los dirigentes del orden nacional y regional empiecen a liderar una estrategia para revertir el pesimismo. Claro que hay problemas, unos graves y otros más manejables, pero ninguno de ellos se ha desbordado al punto de poner contra la pared la viabilidad institucional o generar un clima social explosivo e irreversible. Hay, por tanto, que atemperar los ánimos, actuar con cabeza fría. Así como existen algunos indicadores sectoriales que siguen en rojo, hay otros en donde la recuperación es evidente. En la medida en que unos y otros se analicen con la suficiente frialdad, sin apocarlos o sobredimensionarlos, la sociedad irá superando en el corto plazo esa inconveniente sensación de que el país va por mal camino.

Como se dijo al comienzo, el pesimismo es un lastre muy peligroso y es urgente atajar su generalización en Colombia, sin que ello pueda entenderse con cerrar los ojos a los problemas o tratar de convencer a las mayorías de que estamos “en el país de las maravillas”. La época de navidad y año nuevo es más que propicia para cambiar de mentalidad ante el inmediato futuro, más aún cuando es obvio que 2019 vendrá cargado de muchos retos para el Estado y la sociedad en general.