La Orinoquía necesita a Colombia

  • Redoblar esfuerzos para enfrentar emergencia invernal
  • Cambio climático, un enemigo creciente y peligroso

El desorden climático es cada día más evidente. Los ciclos estacionales han variado progresivamente y la diferenciación entre las épocas secas y de lluvia resulta más imprevisible. Y esa circunstancia no la confirman solo los expertos y pronósticos meteorológicos, sino también la propia experticia de los campesinos que sin herramientas científicas a la mano experimentan en el día a día cómo las temporadas de invierno y verano ahora son menos marcadas que décadas atrás, con todo lo que ello implica para los ciclos de siembra y cosecha de los cultivos.

En Colombia, en las últimas semanas las emergencias climáticas han estado a la orden del día, en especial en la región de la Orinoquía, que lleva casi tres meses soportando una fuerte ola invernal. Según los datos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres los departamentos más afectados han sido Guainía, Guaviare, Vichada, Arauca y Meta. Allí se registran ya más de doce mil familias afectadas. Las imágenes de las inundaciones en muchos cascos urbanos y caseríos por el desbordamiento de ríos como Meta, Orinoco, Vita, Guaviare e Inírida, entre otros, son impactantes. Hay centenares de personas en albergues provisionales pero la gran mayoría siguen en sus casas inundadas, durmiendo en hamacas o encima de sus enseres. La semana pasada, en la plenaria del Senado, el Alcalde de Puerto Carreño hizo una dramática exposición de la dimensión de la crisis y llamó a todo el Gobierno y a las entidades del orden nacional a movilizarse de forma más eficaz para hacer frente a la tragedia. A su turno varios congresistas se quejaron de la indolencia de los colombianos ante la catástrofe en la Orinoquía e incluso llegaron a decir que si algo similar estuviera ocurriendo en el centro, occidente o norte del país ya se habría despertado una amplia ola de solidaridad de la opinión pública para recoger ayudas y asistir a los damnificados. Incluso, esa indolencia dio lugar a discursos regionalistas en torno a que el país continúa viviendo a espaldas de lo que pasa y se sufre en el oriente del mismo, conminando al nuevo gobierno a que se volcara hacia allí en estos difíciles momentos.

Desde la referida Unidad y otras instituciones se indicó que las labores de asistencia a la Orinoquía se iniciaron hace varias semanas y que el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres fue activado con el apoyo de trece instituciones, como la Armada, el Ejército, Bienestar Familiar y Defensoría del Pueblo, entre otras.

Pero no es la única región que se encuentra en emergencia. Este fin de semana se registró una nueva alerta invernal en Mocoa, en donde intensas lluvias obligaron a evacuar un sector de la capital del Putumayo debido al incremento del nivel de los ríos Mulato, Sangoyaco y Mocoa, así como de las quebradas Taruca y Taruquita. Un total de cinco barrios y tres veredas se vieron impactadas por inundaciones, al tiempo que varios puentes y decenas de viviendas sufrieron afectaciones.

Es claro que el cambio climático está golpeando con mayor intensidad a Colombia año tras año. Los estudios revelados por el Ideam en los últimos meses ponen de presente que el número y capacidad de daño de las inundaciones y sequías va en aumento. Esa es una realidad casi imposible de contrarrestar y no solo en nuestro país sino en todo el globo. Por ejemplo, en el hemisferio norte hay alerta porque este año se ha registrado el verano más caliente de la historia pese a la presencia del fenómeno de La Niña, que se caracteriza, paradójicamente, por la prevalencia de frío, tormentas y alta humedad.

Lo cierto es que el desorden climático es una amenaza creciente. Por ejemplo, el Ideam predecía a finales del mes pasado que agosto hacía parte de la segunda temporada de menos lluvias del país, especialmente en la región Andina y la Amazonía, en tanto que en la Caribe era normal que persistieran las precipitaciones debido al tránsito de ondas tropicales del este, la actividad ciclónica del océano Atlántico y la migración de la llamada Zona de Confluencia Intertropical. Igualmente adelantó que en la Orinoquía persistiría la ola invernal.

Por el momento lo urgente es que se atienda a los damnificados en la Orinoquía y Mocoa –ciudad que el año pasado sufrió una tragedia con más de 350 fallecidos-. De igual manera, es prioritario que el nuevo gobierno fije las que serán sus líneas de acción para combatir al cambio climático, señalando las metas de corto, mediano y largo plazos. No hay tiempo que perder.