ORLANDO CANO VALLEJO | El Nuevo Siglo
Martes, 17 de Junio de 2014

Siga, Presidente

 

Un nuevo contrato social por 4 años más le encargóel país al reelecto Presidente Santos. Le ha dado un nuevo bono de confianza esperando mayores rendimientos a los del primer mandato. Los colombianos salieron el domingo a votar por una paz negociada, por víctimas visibles del conflicto armado, por reparación y perdón, dejación de armas y cese El fuego. También por la otra paz: seguridad ciudadana, inclusión social, equidad y en fin, por el pago de gran deuda social que tiene el Estado con los pobres.

Los votantes giraron un nuevo cheque al portador. Confían en que el Presidente Santos les darábuenos dividendos en próximos 4 años en empleo, vivienda, salud, educación, acceso al crédito, emprendimiento, fomento a la Mipyme, enfoque social en política económica y nuevo empujón a vagones de la  prosperidad. Los ciudadanos fueron a las urnas sin piel conservadora o liberal. Se vistieron de nacionalismo y votaron con responsabilidad, y con el corazón. Mayorías dieron un segundo tiempo al actual Gobierno, pero también a las Farc y el Eln.

Tan grande la responsabilidad del reelecto primer mandatario con encargo que le hace la Nación para lograr cierre del conflicto armado, crecimiento económico mayor al 5% anual, redención del campo con tierras productivas para labriegos, restitución de tierras, minería legal y segura, redistribución de renta, reglas de juego estables para inversores, muros de contención a corrupción, contrabando, evasión y abuso dominante en la competencia; como la que debe asumir la guerrilla.

A la subversión le llegóhora de honrar su compromiso político con la pacificación. El pueblo le ha confiado esta responsabilidad, y no puede equivocarse ni vacilar. Las Farc y ahora el Eln también, tienen el desafío de no dejar solo al Presidente en su generosa oferta de paz y reparación.

No queda otra que creer y esperar pacientes. La fuerza del proceso de negociaciones con actores armados pasa por moderado optimismo, fe y paciencia. Valor y firmeza. Ilusión y perseverar. Exigir el desarme, ofrecer reconciliación.

Un nuevo aliento y espaldarazo ciudadano a diálogos en La Habana supone un acto de fe y nobleza política en el proyecto de paz que lideran ejecutivo e insurgentes. Ambas partes tienen el viento a su favor. Los alzados en armas se deben sentir aludidos en las urnas. Es ahora su tiempo. No pueden ser inferiores al compromiso. Dudo que tengan otra oportunidad tan amistosa de paz.

A su vez, el Congreso que sesiona el 20 de julio deberálegislar sin odios ni revanchas políticas. Oposición va a ser hueso duro de roer, pero no debe primar radicalismo sobre bien común.