Niños fuera de la guerra | El Nuevo Siglo
Sábado, 20 de Agosto de 2022

No armas

Ni para jugar a matar (de mentira), las pistolas (ni de agua)

El revólver (ni de broma), la escopeta (ni tocarla)

Los juguetes para todo, y las armas para nada.

Gloria Fuentes

 

 

La alegría más grande que nos podría traer a los colombianos el nuevo gobierno, en su proyecto de Paz Total, es sacar a nuestros niños del conflicto armado, de la guerra cruel, del abuso, de la tortura, de la desaparición, de la trata de personas… En fin, de todo lo que sea violatorio de sus derechos.

Y eso lo tenemos que apoyar todas las personas que consideramos que nuestros menores tienen derecho a vivir la vida, a gozarla, a disfrutar, a estar tranquilos para poder estudiar y prepararse para el futuro.

Miles de nuestros menores han sufrido vejámenes, violencia y maltrato. Por eso empecemos por la casa, por la familia, a desarmar corazones y atender a nuestros futuros ciudadanos, como ellos se lo merecen.

Centenares de nuestros niños han quedado huérfanos en medio de una guerra cruenta e injusta que no nos está llevando a ningún lugar. Por eso desde ya, y antes de cualquier negociación, que puede ser demorada, hay que buscar un acuerdo y comprometerse a sacarlos del conflicto, como condición para entablar negociaciones.

Nuestros niños no deben estar en campamentos de refugiados, ni ser objeto de desplazamiento forzado con sus padres. Ellos no entienden ni tienen capacidad para reflexionar sobre lo que les está pasando. De un momento a otro dejar su casa, su escuela, su terruño, para ir a aumentar los cinturones de miseria en las ciudades y pueblos.

Es obligación del Estado devolverlos sanos y salvos a sus parcelas. Eso es prioritario.

Los niños han sido objeto de reclutamientos de todos los actores armados que operan en el país, sobre todos nuestros menores indígenas, que ahora deambulan cantando, bailando o tejiendo collares en las  calles de las ciudades. Ellos, por su falta de conocimiento, son fácilmente manipulables y convertidos en máquinas de guerra, de violencia, de actos inhumanos. Por eso la sociedad civil debe apoyar al gobierno en esa tarea titánica de devolverles la felicidad a los niños colombianos que han vivido y siguen viviendo los horrores de la guerra.

Hay que devolverles la sonrisa, la mirada tierna y darles el apoyo y el calor de la familia. Así se pueden mantener alejados de los vicios, del deseo de la plata rápida y de estar ociosos en nuestras calles.

El Instituto de Bienestar Familiar debe estar atento para atender a miles de niños que necesitan un apoyo, un trabajo sicológico y un acompañamiento para volverlos a reincorporar a la vida social en sus territorios.

¿No puedes ver que es lo mismo? ¿Los mismos cañones, los mismos niños muriendo por las calles? Sólo el sueño ha cambiado: la sangre es del mismo color. "Llamada para el muerto" (1961), John le Carré

lorenarubianof@gmail.com