MONSEÑOR LIBARDO RAMÍREZ GÓMEZ* | El Nuevo Siglo
Domingo, 22 de Junio de 2014

Con despejados horizontes

 

Pasado  el vendaval de unas elecciones presidenciales muy disputadas, en las que no había enfrentamiento entre amigos de la paz o de la guerra sino sobre la manera de avanzar en entendimientos de paz estable y duradera, se ha despejado el horizonte con voto favorable al actual mandatario, pero con amplia franja que le pide reflexión y enmiendas al camino por el que se va adelantando el diálogo con los insurgentes. Era difícil, en verdad, comenzar de nuevo, dejando a un lado las propuestas convenidas en varios puntos para proponer a la aceptación o no del pueblo colombiano, pero importante saber que se reclaman rectificaciones, como lo ha aceptado el Presidente reelecto.

Debemos dar gracias al Sagrado Corazón y a María Reina de Colombia, a quienes hemos acudido con fe para pedir mejores días para nuestra Patria, de haber tenido unas elecciones en armonía ciudadana, y con un mejoramiento en el número de votantes que van entendiendo el deber sagrado del voto como signo de amor y fidelidad a la madre patria. Pero sigue siendo doloroso que la mitad de los habilitados para darle la mano a Nación para salir adelante, con dolorosa indolencia se queda sin participar cuando esa madre reclama, en justicia, el sencillo contributo de su voto. Hay qué exigir, sí, honestidad y rectitud a los elegidos, para que la política sea lo que debe ser “desinteresada tarea al servicio a la comunidad”.

Ha quedado claro el horizonte en cuanto que toca avanzar en las conversaciones de paz que se vienen adelantando en la Habana, con gran lentitud y contradictorias informaciones a la comunidad, pero con las modalidades, que están reclamando los electores todos, incluidos los votantes por el presidente Santos, a quienes se aseguró que nada indebido se estaba pactando. Se requiere, ahora reposado pero intenso caminar en el que se definan puntos que sean de verdad convenientes para el bien común. Tiene que haber exigencia rotunda a los que han estado en acciones terroristas de reconocer su error, con arrepentimiento de ellas y no con ostentación como si fueran timbre de honor. Hay qué exigir propósito claro de enmienda, actuar con verdad y sinceridad al cumplir cuanto se va pactando, con indispensable entrega de armas, con devolución de tierras arrebatadas a los campesinos, con dejación del narcotráfico, con colaboración a la indemnización de tantas víctimas causadas por los propulsores de la demencial lucha armada causante de esa pérdida irreparable de vidas y de bienes.

No es fácil lograr lo arriba señalado, pero si a un edificio desplomado, como ha sido la paz en Colombia, se le dan refuerzos para asegurar su estabilidad con soluciones débiles, la soñada estabilidad se convertiría en desplome total, por la irresponsabilidad de colocar algo ilusorio, sin la solidez requerida. Enverdadera causa común por la paz, por caminos concertados con el sabio querer de la Nación, sin tozudez en defender unos intereses tratando de “enemigos de la paz” a quienes no los compartan, y sin ciega oposición a toda propuesta por ser un contradictor quien la pone sobre la mesa.

Se han despejado los horizontes en cuanto quién debe liderar esos caminos hacia la paz, pero queda por evaluar cuáles sean ellos, y cual el estilo de conversaciones, cual el de consultas y cual la transparente información al pueblo colombiano. Con serenidad y patriotismo de los que han tratado de avanzar en La Habana en conversaciones, y con igual actitud de quienes han sido opuestos a ellas, han de proponerse en diálogo nacional patriótico avanzar en algo efectivo, concreto y saludable para el país. Que se acuda sin respeto humano a Dios, para que con su asistencia divina lleguemos a algo de piso granítico, con prenda de estabilidad, en “servicio a la comunidad”, como ha de ser una honesta política.

monlibardoramirez@hotmail.com

*Presidente del Tribunal Ecco.Nal