Mons. Libardo Ramírez Gómez* | El Nuevo Siglo
Domingo, 13 de Julio de 2014

Fe y Deporte

 

 

 “Mente sana en cuerpo sano”, ha sido proverbial sentencia que señala bienestar  físico, y aún espiritual, cuando se propicia la salud corporal, siendo este factor uno de los medios realizar prudencial ejercicio deportivo. Ese desempeño es, ciertamente, saludable, y en justa medida, y en el estilo que le sea factible a cada persona, es necesario para liberar la mente de intensas preocupaciones y dar al organismo conveniente circulación en sus células vitales. También, socialmente, es el deporte de gran conveniencia pues distensiona en momentos de exacerbación, llamando, muchas veces a los más distanciados a unirse en entusiasmo colectivo.

Este tema del deporte, como el de todo aquello que busque el verdadero bien de los hermanos, no es ajeno a los dictados religiosos que da la fe, ni extraño a los símiles con los que nos acerca a un tema, el cristianismo. El mismo Jesucristo acude al entretenimiento musical y deportivo de los jóvenes en las plazas que cantan y danzan con el fin de recrearse y conseguir aplausos no siempre estimulados por los espectadores (Lc. 7,26). Es San Pablo quien acude a la comparación de quienes “corren en el estadio” en busca de trofeos, con los que aspiramos a gran premio de eternidad feliz, aquellos se privan de muchas cosas que les impidan conseguir su triunfo. (I Cor. 9,26), con la gran diferencia de que en el empeño de avance hacia el premio celeste, todos, si lo hacemos con honestidad y diligencia, obtendremos todos  la anhelada corona.

No debemos olvidar ejemplos de sana promoción de deportes como el realizado por un San Juan Bosco, ni el entusiasmo deportivo del Papa Francisco. Es algo no dejado de lado por la Iglesia en sus documentos como el de la Conferencia Latinoamericana en Puebla (1979) al hablar de “la verdad sobre el hombre en el Cap.I, y abordar el tema de “el hombre renovado en Jesucristo (n.336), se refiere la debida “atención al cuerpo por el que podemos comunicarnos con los demás, y ennoblece el mundo  enriquecido con su aporte, a todos los niveles al servicio de las personas y de la misma comunidad”.

Toda esta reflexión ha sido motivada por el Mundial de Fútbol que hoy concluye, que ha puesto de manifiesto muchos aspectos positivos del deporte, que al lado su aporte a la salud, lleva a despertar el más puro patriotismo, a relajar las tensiones que dividen, propiciar apoyo a nuestros deportistas estimulados, justamente, con apoyo económico y con aclamaciones como “héroes”, a quienes hacen llegar el nombre de Colombia a todos los ámbitos del mundo, desplazando la triste fama de narcotráfico y del atroz señalamiento de “sanguinarios” que nos han dado los no tan arrepentidas guerrillas.

 

No soy aficionado desbordado por este deporte, en torno al cual, como cristiano y como Pastor tengo que lamentar que los excesos irracionales, y como delirantes, de quienes llegan a locas y hasta criminales actuaciones. No me complace, tampoco, que se hable de él como de una especie dereligión”, pero si, como lo he dicho, un moderado entusiasmo y que nuestros nacionales a base de esfuerzo de técnica y disciplina lleguen a posición destacada en eventos internacionales. También es de reclamar, cristianamente, que en el deporte, como en las actividades sociales y políticas, haya honestidad, rectitud, y limpieza, sin tristes atropellos ni sospechosos procedimientos de jueces en las competencias.

Para una Patria que necesita resultados positivos, conseguidos con honor y juego limpio que buenos estos triunfos deportivos, dignos de ofrecer a Dios, como hacen esos valiosos muchachos deportistas al iniciar todo partido, actitud que nos muestra esa honrosa práctica, la gran unidad que puede haber entre fe y deporte.

E-mail: monlibardoramirez@hotmail.com

* Presidente del Tribunal Eclesiástico Nacional