Juan Daniel Jaramillo Ortiz | El Nuevo Siglo
Lunes, 29 de Diciembre de 2014

LYDIE SALVAYRE

Premio Goncourt 2014

 

EL  premio francés Goncourt 2014 fue ganado por Lydie Salvayre. Terminar el año con la lectura de Pas pleurer (Seuil, 2014) es en verdad un regalo al gusto. No llorar se coloca a la altura, tanto por su manejo exótico y hermoso del lenguaje como por su tema, muy cerca de pasados ganadores como André Malraux, Henri Troyat y Patrick Modiano. Se trata de la historia de Salvayre y de tantos otros en Francia, dijo el primer ministro Manuel Valls.

La novela es un entretejido de conversaciones entre la madre de la autora y nadie menos que el escritor legendario Georges Bernanos. El trasfondo es la Guerra Civil española que produce el exilio forzado de los padres de la escritora a Francia. Catalanes hasta los tuétanos, republicanos, emigran al país del norte. “En lengua mixta y transpirenaica, colmada de incorrecciones, barbarismos, neologismos y confusiones” deja que su madre cuente la historia de desplazamiento y dolor de una joven arrancada de su terruño.

Hoy son panafricanos y levantinos. Ayer eran argelinos, españoles, catalanes y vascos que llegan a un país inhóspito que rehusaba dar la bienvenida y por generaciones se veían condenados a un porvenir de hambre y exclusión. La jovencita Montse -madre de Lydia Arjona- puede entrar a la Francia de franceses gracias a su matrimonio aunque vivos quedan sus nexos con la España de ibéricos expulsados por razón de sus creencias políticas.

En un escenario con cierto sabor surrealista entra la voz de Bernanos, católico, monarquista, compañero de Maurras, uno de los grandes decepcionados con las atrocidades de Franco. El autor de Los Grandes Cementerios Bajo la Luna es interpretado genialmente por Salvayre en su noción trágica del cristianismo y sus postulaciones de una historia de la humanidad que, como en cualquier tragedia de Eurípides, Sófocles o Aristófanes recibe la acción de la divinidad cósmica. La perversión en brutalidad de aquellos ideales primigenios del franquismo tiene un elemento de determinismo deísta.

Para mamá Montse, en su dialecto típico de inmigrante con mezclas de francés y español que resultan fastidiosas al oído y ordinarias también por tratarse de frañol de trabajadores y operarios, el asunto es diferente pero, también, similar. El problema no es de destinos grandiosos sino de pobreza netamente humana y hambre cotidiana. La angustia de la mujer lanzada de pronto a un entorno vital que no es el suyo y se ve obligada a absorber.

En estas confesiones intercaladas entre la dama humilde y el escritor aristocrático se forja una solidaridad profunda. Ambos espíritus resplandecen por su sensibilidad y atrevimiento, aquello que Bernanos supo bautizar el “espíritu de infancia” que, sin tener ninguna relación con la edad cronológica, une obstinación, heroísmo y gracia, como dijo el jurado Goncourt. A medida que pasa el lector las hojas de la obra se advierte de qué manera maravillosa van confluyendo Montse y Bernanos en los mismos sentimientos, aprehensiones y -lo más denso- amor a la libertad y la dignidad humanas.

Dos ángulos se funden así finalmente al presentar como características sin relevancia el frañol inculto salido de las entrañas elocuentes de la catalana y el francés compuesto, neuróticamente perfecto, de Bernanos. Migración, desplazamiento, género, dolor y libertad terminan siendo el lenguaje único donde apenas imperceptiblemente aparecen las formas idiomáticas.

Hace 15 años Salvayre publicó otra obra genial, La Compañía de los Espectros Verticales. Ahora ingresa, bajo el rótulo Goncourt, al santoral de las grandes escritoras de Francia con Simone de Beauvoir, Beatrix Beck y Marguerite Duras.

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2014 vio partir a Juan Pablo Medrano. Con él nos iniciamos en El Siglo el director Juan Gabriel Uribe y yo, bajo la tutela del doctor Álvaro Gómez. Jurista brillante, intelectual consumado y viajero infatigable, en el corazón seguirá.