JUAN CAMILO RESTREPO | El Nuevo Siglo
Domingo, 10 de Noviembre de 2013

Recordando a Kennedy

 

En  este mes se cumplen cincuenta años desde cuando fue asesinado el presidente Kennedy en una avenida de Dallas, Texas. Es bueno recordar algunas de sus enseñanzas. Quizás una de las más pertinentes, para el momento que vive Colombia, es aquella frase de su célebre discurso de posesión, cuando dijo: “Nunca negociar bajo la presión del miedo; pero nunca dejar de negociar por miedo”.

La filosofía que entraña esta frase es especialmente significativa ahora que estamos inmersos en las negociaciones con las Farc. ¿Inició el Gobierno estas negociaciones por miedo? ¿Las está prosiguiendo por temor de algo o de alguien? Las respuestas a ambas preguntas son contundentemente negativas. En primer lugar: no se iniciaron las negociaciones por miedo. Las conversaciones resolvió buscarlas autónomamente este Gobierno. Más aún: la convocatoria de estos diálogos es un hecho de gran audacia unilateral del gobierno Santos que entraña riesgos, desde luego, pero que el Presidente  resolvió correr. Ninguna presión internacional o doméstica  motivó esa decisión. Tampoco ha sido por miedo  que el Gobierno convino -de común acuerdo con la contraparte- las reglas de juego que rigen dicha negociación: hay una agenda taxativa de cinco puntos; nada de lo que se vaya negociando quedará en firme hasta que el todo lo esté; el acuerdo debe conducir a la desmovilización total con entrega de armas por parte de los subversivos; no se han aceptado repetidas solicitudes de las Farc para salirse de la agenda, como la de convocar una Asamblea Nacional Constituyente; no se ha aceptado que el diálogo se adelante con un cese el fuego previo: por el contrario, aunque es cierto que las Farc  siguen realizando en el entretanto hechos terroristas, no es menos cierto que no ha faltado rotunda decisión de las Fuerzas Armadas para combatirlas simultáneamente con las negociaciones de La Habana. Y, por último, nada de lo que se llegue a negociar será implementado hasta tanto no se surta un proceso de ratificación por la ciudadanía.

No es tampoco por miedo de quienes pregonan ahora que los diálogos de La Habana configuran una legitimación de las Farc que se ha dejado de persistir en ellos. Quizás más largas de lo que se hubiera deseado, pero en las negociaciones se mantiene pacientemente el Gobierno. ¿Acaso se legitimaron las Farc entre 2002 y 2010 menos de lo que lo han estado durante el proceso de negociación?

Tampoco ha actuado por miedo el Gobierno ante la eventualidad de que el proceso llegara a  fracasar. EL Gobierno Santos ha dicho que la agenda gubernamental y la legislativa continúan normalmente. No se ha cedido un centímetro cuadrado del territorio nacional durante estas negociaciones. Por eso el Gobierno insistió que los diálogos tuvieran lugar fuera del país, contra el deseo inicial de las Farc que los quería en Colombia. Tampoco ha tenido miedo el Gobierno frente al argumento de quienes dicen -y que en los últimos días vociferan- de que al negociar con los enemigos se les está legitimando. ¿Acaso toda negociación no implica hablar con el enemigo? ¿Acaso en El Salvador, en Sudáfrica, en Angola, o en Irlanda, la paz no se obtuvo hablando con los enemigos?

Y tampoco ha dejado de actuar el Gobierno por miedo a  fracasar. Si así sucediera, al menos le quedará a este Gobierno la tranquilidad de conciencia histórica de que intentó la búsqueda de la paz. Posición mucho más defensable y lógica que la de quienes quisieran que no se hiciera nada; que no se actuara; y que Colombia siguiera en un estado de guerra desesperanzada e indefinido.

De manera que sí: recordemos al mandatario americano inmolado hace 50 años, cuando en su discurso de posesión advirtió: “No negociar bajo la presión del miedo; pero nunca dejar de negociar por miedo”.