José Gregorio Hernández Galindo | El Nuevo Siglo
Miércoles, 27 de Mayo de 2015

CERTIDUMBRES E INQUIETUDES

Otto Morales

Una  sociedad civilizada no puede desconocer ni olvidar a sus grandes hombres. Son ellos los que, en sus respectivos campos de actividad, han construido el mundo en el que vivirán las futuras generaciones.

Entre nosotros, quizá por el impacto formidable que generan los medios masivos de comunicación con un criterio meramente comercial, hemos ido perdiendo las fronteras existentes entre las personas de valía y las que causan daño a la colectividad. De tal manera que no ha habido inconveniente alguno en dedicar las telenovelas y las películas nacionales a los grandes capos, mientras pasan inadvertidos los constructores de todo aquello de lo que legítimamente podemos ufanarnos.

Es con mucho pesar que registramos la muerte del Dr. Otto Morales Benítez. Nacido en Riosucio -Caldas-, Morales Benítez  se distinguió siempre por su amor a Colombia y por su fe en los colombianos. Representaba, con su voz y su presencia -que inspiraban a la vez respeto y confianza- a una excelsa generación de dirigentes que poco a poco ha ido desapareciendo, y que dio lustre a la política, al Derecho y a la Academia.

Otto Morales fue un intelectual de altísimos quilates; jurista brillante; escritor prolífico; agudo periodista; historiador y académico; ministro de Estado; fiel a sus ideas liberales; respetuoso de la libertad y del Derecho; un gran patriota. Fue un caballero a carta cabal, y un excelente contertulio.

Morales Benítez luchó también por la paz -de hecho participó como integrante de la Comisión Investigadora sobre las causas de la violencia-. Fueron grandes sus aportes al Estado Social de Derecho, del cual estaba convencido, y lo hizo no solo mediante sus escritos sino con sus acciones como Ministro de Trabajo y de Agricultura, y en su calidad de maestro eximio.

Como escribe en el periódico El Espectador su gran amigo, el expresidente Belisario Betancur, Otto Morales Benítez ”ha muerto con muerte apacible, dulce y serena, con la certeza del deber cumplido”.

Dios lo tenga en su gloria.

Personajes como este deberían ser, como en alguna época lo fueron en escuelas y colegios Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Antonio Nariño, Rafael Uribe Uribe y otros próceres colombianos, los modelos de la niñez y la juventud, en vez de los narcotraficantes y delincuentes cuyas acciones, veleidades y conductas ilícitas se han convertido en producto predilecto de exportación nacional y en motivo de libretos y guiones.

Volvamos a mirar a los verdaderos y legítimos conductores de la sociedad.