HORACIO GÓMEZ ARISTIZÁBAL | El Nuevo Siglo
Domingo, 25 de Agosto de 2013

Colombia no calificó

 

La  Universidad colombiana vive permanentemente desambientada e ignora sus necesidades reales. De hecho, ni el contenido de su enseñanza, ni el espíritu que la anima, ni la estructura de sus facultades, corresponden a la fase del desarrollo del país. La nación  necesita con urgencia investigadores que descubran y aprendan a utilizar sus riquezas naturales, de ingenieros para la industria en evolución, de agrónomos para modernizar el agro, de economistas para orientar su desarrollo, de sociólogos para interpretar  correctamente  sus aspiraciones y tendencias naturales.

Según investigaciones del propio Ministerio de Educación, pocas universidades tienen programas serios y bien estructurados de investigación científica y técnica. Las que investigan a profundidad no representan siquiera el 2 por ciento. Los cursos son repetitivos, rutinarios y planos, pese a que la investigación constituye una de las funciones básicas de la Universidad. Mientras la más avanzada ciencia moderna, no se conjugue con la docencia cotidiana, la labor profesional  resulta deficiente.

La prensa mundial ha informado que entre las mejores universidades del mundo Colombia no fue incluida. Y eso que la cantidad es grande. Se habla de 500 universidades clasificadas. La selección fue elaborada  por Jiao Tong, de Shanghai. En los 10 primeros puestos figuran Harvard, Stanford, MIT, Universidad de California, Princeton,  Columbia, U. de Chicago y Oxford.

Muy acertado el editorial del diario bogotano La República, sobre este tema vital. Santiago Díaz Piedrahita explicaba que los criterios tenidos en cuenta en multitud de oportunidades para estas escogencias son las marcas y patentes logradas por las universidades, los trabajos científicos publicados en revistas altamente especializadas, los premios Nobel de egresados, los descubrimientos realizados y otros aspectos logísticos como instalaciones y espacios dedicados preferencialmente para la profundización científica.

En Colombia y en América Latina poco nos interesamos por la investigación científica sistemática. Escasean los recursos económicos con este fin. La carga docente es excesiva y los estímulos para los profesores brillan por su ausencia. La investigación exclusiva no se fomenta. En los presupuestos universitarios el rubro para la ciencia es muy modesto y a veces inexistente. Son pobres los laboratorios para el trabajo técnico y científico. Las publicaciones son de vuelo corto.

Otra falla de la Universidad colombiana es la tendencia a entregar diplomas, títulos y reconocimientos que dan prestigio y posición social. Se olvida capacitar para la productividad, para la competitividad y para el rendimiento industrial y comercial. Al joven se le inculca la idea de que nace para ser Doctor y buscar puesto. El Japón y los dragones asiáticos proyectan a las nuevas generaciones hacia lo económico y lo técnico, sin descuidar  lo cultural. Es decir, la educación es realmente integral. Cuando éramos adolescentes nos repetían: Estudia y triunfarás; hoy tenemos 300 doctores desempleados. Aprendamos que se nace para dar  puestos, no para solicitarlos; para crear riqueza, no para mendigarla. Pasemos de lo decorativo a lo productivo, de lo rutinario a lo creativo.