Fernando Navas Talero | El Nuevo Siglo
Miércoles, 23 de Diciembre de 2015

BITÁCORA DE LA COTIDIANIDAD

Gracias Dr. Petro

“Se destaca su gestión en cuanto a la educación”

 

A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Antiguamente los funcionarios públicos de jerarquía antes de abandonar su cargo o inmediatamente después de dejarlo debían someterse a un juicio de residencia, proceso durante el cual respondían por las tareas cumplidas o dejadas de cumplir y por las acusaciones que públicamente se les hicieran a raíz de su mandato. Ese examen desapareció del orden jurídico y la absolución o condena suele dejarse al juicio de la opinión pública.

 

No obstante, algunos mandatarios suelen al vencimiento de su ejercicio político administrativo explicarle a la comunidad las ejecutorias realizadas y esto fue, precisamente, lo que el alcalde Gustavo Petro hizo en una intervención extensa durante la cual refirió lo que con respecto a su programa de gobierno ejecutó en el periodo que culmina.

 

De esa exposición poco o nada se dijo en los medios, salvo la íntegra transmisión que por el Canal Capital se hizo en su oportunidad, ocasión que aprovechó el burgomaestre para dar cuenta puntual de su gobierno.

Independientemente de los demás temas tratados cabe destacarse que en cuanto a lo que por la educación hizo su obra de gobierno hay que exaltarla.

 

Invertir en la educación de las clases deprimidas es una gestión que sería injusto demeritar. Una de las falencias  más graves que el país padece es  el desgreño y la desatención en la educación pública. Por supuesto que muchas razones políticas ocultas hay a este respecto, pero indudablemente que derrotar esas prácticas recurrentes es un deber ineludible de quien asume la responsabilidad de gobernar un pueblo que, históricamente, ha estado sumido en la ignorancia. Esa labor es suficiente para reconocerle al alcalde Petro un mérito.

 

 Ahora, ¿por qué se desacreditó? Sencillamente porque no contó con una asesoría de imagen que contrastara la oposición que, por su apetencia política, desató en su contra. Desde siempre no ha sido el doctor Petro sujeto del aprecio de la clase dirigente y mucho menos cuando no ha ocultado su ambición futura. De ahí que los medios no han desperdiciado ocasión para atacarlo.

 

Cayó él en la penosa moda de intentar comunicación valiéndose del “twitter” y respondiendo por ese medio las críticas  de sus contradictores. No advirtió que en el “twitter” y la muralla solo escribe la canalla. O si no que lo diga el publicitado rábula Abelardo De la Espriella.

 

 

En el mismo juego del señor fiscal Montealegre y del procurador Ordóñez, utilizó el Dr Petro el púlpito para trazar el camino hacia la presidencia de la República y por andar en esas vanidosas y equivocadas pretensiones se olvidó de las cuestiones importantes. Mala táctica. Naturalmente que rodeado de áulicos y serviles  piensa que de verdad puede llegar a la meta que se propone. La burocracia es aduladora y desleal. Doctor Petro, señor Fiscal, Señor Procurador, recuerden la sentencia popular: “Le roy est mort, vive le roi”