CAMILO HERRERA MORA* | El Nuevo Siglo
Sábado, 27 de Julio de 2013

¿Solo 220.000 muertos?

 

El  dato del Centro de Memoria Histórica sobre las muertes en el conflicto en los últimos 54 años es realmente sorprendente: sólo 220.000. Esta cifra nos hace pensar que el conflicto tiene proporciones mucho menores que inclusive las de cada país de Centroamérica, y que proporcionalmente con nuestra población ni siquiera es un tercio de los nacimientos del año pasado.

Quizá debamos tomarlo como buena noticia, pero no minimizar su impacto. Este conflicto de más de 50 años nos ha desangrado mucho más que estas víctimas identificadas y es fundamental que comprendamos que pasó para poder seguir adelante: debemos saber la verdad, escucharla y asumir nuestros errores.

El informe detalla muchas cosas y centra el problema en la tenencia de tierras, lo cual deja ver que una serie de personas en el país están luchando por la propiedad y la explotación de las tierras, dejando ver la importancia del tema alimentario, minero y petrolero, pero también mostrando un dejo de retaliación de algunos sectores por el poder acumulado por algunos terratenientes, lo cual se ha convertido en un escollo en el desarrollo económico y el mismo proceso de paz.

Si la tierra es el origen de los problemas, debemos tratarla como mejor sea y no como a unos les parezca justo. Para que la tierra sea productiva no puede funcionar con latifundios, como se ha demostrado en el mundo entero, lo cual nos deja con soluciones diversas que llevan a esquemas de latifundios cooperativos, en pos de hacer la tierra rentable, pero esto nos deja en el mismo punto de hace muchos años.

Valdría la pena que se analicen variables como la urbanización y el abandono del campo por las nuevas generaciones de campesinos que ya no querían trabajar la tierra, y cómo esto afectó la estructura de poder agraria y profundizó el conflicto por medio de minería ilegal, cultivos ilícitos y trabajo de menores.

El conflicto se ha ensañado con los más pobres y sobre todo con aquellos que luchan por continuar en el pan coger. El país debe pensar una visión de nación compartida y de largo plazo, para que todos nos enfilemos en el mismo sentido, donde se comprenda que la riqueza se obtiene con el trabajo de muchos años y que la vida es el valor fundamental.

220.000 personas nos recuerdan que la violencia que hemos vivido no tiene sentido, porque sólo busca tener riqueza inmediata, la cual al final no solo es ilegal sino que requiere quitarles a muchos, inclusive su vida. Quizá 220.000 son pocos, pero nos cambiaron la vida más de 100 millones de colombianos.

Colombianada. Recordemos: las víctimas del conflicto son sólo el 10% de las víctimas mortales en Colombia.

@consumiendo

*Presidente de Raddar