ALFONSO ORDUZ DUARTE | El Nuevo Siglo
Sábado, 10 de Agosto de 2013

¿Pragmatismo o humanismo?

 

Las disciplinas matemáticas, herramientas insustituibles para el ingeniero, pueden colocar a quien hace uso de ellas en situación de aislamiento que lo puede sustraer de ocuparse en actividades diferente a las propias de su disciplina si se está bajo el axioma de que las matemáticas no son cuestión de opinión, como evidentemente no lo son.  Las tareas que se hacen en los laboratorios, los modelos matemáticos, las simulaciones de hechos y condiciones que se supone van a gravitar sobre los diseños de puentes, edificios, hidroeléctricas, fábricas,  etc., si no van acompañadas de una visión amplia del por qué y para qué se van a hacer,  pueden llegar a constituirse en actividades si no inútiles, sí frustrantes para quienes las realizan. Si no se toman en consideración las inquietudes del mundo que nos rodea, la verdad nacida de planteamientos  matemáticos intachables, puede no ser la verdad que le conviene a la sociedad. 

Si la ingeniería, cuando se menciona en forma genérica, debe entenderse al conjunto de profesionales que la ejercen, deja de ser pragmática que es el método de pensamiento  que hace depender la veracidad o utilidad de las cosas según se subordinen o no a las necesidades humanas, y se orienta por el humanismo que ensalza preferentemente las cualidades y condiciones propias del ser humano siendo su finalidad el examen del hombre, está a tono con el mundo que la rodea y no pierde el rumbo.

Podría entonces concluirse que como los conocimientos que básicamente debe tener el ingeniero son científicos y por tanto realistas, excluyen el humanismo.  Sin embargo, si desde el punto de vista filosófico la meta superior es la de hacer satisfactoria la permanencia del hombre en el mundo es claro que los logros de la ciencia son válidos siempre y cuando satisfagan las necesidades humanas. Otra orientación es el sometimiento del ser humano como esclavo a los resultados de los laboratorios, de las investigaciones y de los avances de la ciencia.

Los ingenieros debemos reconocer con humildad y sin soberbia  que nuestros conocimientos no constituyen axioma que quizás el orgullo profesional nos haga difícil  concebir y que otras variables diferentes a las cuales usualmente utilizamos, deben ser escuchadas, analizadas y tenidas en cuenta para obtener  las mejores soluciones para el bienestar del hombre, finalidad que debe ser el objeto de todos los esfuerzos colectivos.

Para no ocupar una posición subalterna en el concierto nacional, la ingeniería debe estar consciente de la vocación humanista de la profesión lo que le permite tener un panorama  amplio y generoso que supere una condición subalterna injusta e inconveniente. 

 

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Va un cordial saludo de felicitación a la Cámara Colombiana de la Infraestructura  en sus primeros diez años, provechosa vida para la ingeniería y para el país.  Alma y nervio ha sido Juan Martín Caicedo Ferrer.