Desplazados sirios temen huir si Turquía lanza ofensiva

AFP

Desde el inicio del conflicto en Siria en 2011, Ahmad Yassin y su familia tuvieron que huir varias veces. Con la amenaza turca de una ofensiva, temen tener que volver a abandonar el mísero campamento al que llaman casa.

"Vivir aquí es difícil", explica a la AFP este jornalero de 34 años, instalado con su mujer y sus dos hijos en Sandaf, situado en una zona de la provincia de Alepo (norte) controlada por los rebeldes sirios, apoyados por Turquía.

"Además de todo lo que hemos tenido que soportar, la miseria, la falta de trabajo, la pobreza, ahora estamos de nuevo amenazados a desplazarnos", agregó.

Como respuesta a un atentado mortífero el 13 de noviembre en Estambul, Turquía lanzó una semana más tarde ataques en el nordeste de Siria contra posiciones de combatientes kurdos, a los que califica de "terroristas".

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha reiterado su intención de ordenar una ofensiva terrestre en el norte de Siria para hacerse con el control de tres zonas kurdas, entre ellas Tal Rifaat, situadas a menos de 10 km de Sandaf.

Hace unos años, Ahmad Yassin ya tuvo que irse de su región, en la provincia vecina de Idlib, por los combates. Él y su familia sólo quieren "volver a sus tierras".

"La gota que colma el vaso"

Durante la guerra en Siria, los kurdos sirios tomaron el control de una gran parte del nordeste e instauraron una administración autónoma, pese al descontento de Ankara.

Turquía, que tiene soldados desplegados en Siria, ha llevado a cabo varias operaciones contra las fuerzas kurdas y quiere establecer una zona de seguridad en el territorio fronterizo sirio.

En el campamento de Sandaf, los niños, muchos descalzos, juegan en el suelo polvoriento, entre las tiendas de campaña.

Según Mohamed Abou Ali, de 45 años, hubo bombardeos esporádicos antes de los últimos ataques turcos. Esto sembró "pánico y miedo" en Sandaf.

Oriundo también de Idlib, este padre de cinco hijos, uno de ellos en silla de ruedas, espera que "o bien una operación militar nos permitirá volver a casa o bien lograrán un acuerdo y podremos quedarnos aquí".

"Todo lo que queremos (...) es pasar los días que nos quedan de vida en nuestras casas", dice, junto a la ropa que se seca al lado de su tienda de campaña.

Si el conflicto se reanuda, sería "la gota que colma el vaso para millones de personas que ya viven en condiciones humanitarias catastróficas", alerta por su parte la oenegé Save The Children.

"Luz verde"

En un puesto en la línea del frente con la zona kurda de Tal Rifaat, combatientes sirios están protegidos entre sacos de arena.

Uno de ellos, que se presenta como Yussef Abu Al Majed, asegura que tiene ganas de lanzarse al combate, pero no ha recibido todavía ninguna orden.

Más al este, en la línea del frente cerca de Manbij, otro posible objetivo de la operación de Turquía, combatientes proturcos estaban desplegados sin ningún tipo de equipamiento pesado, según constató un corresponsal de la AFP en el lugar.

Estados Unidos –que apoya a las fuerzas kurdas sirias tras haber logrado expulsar al grupo yihadista Estado Islámico de grandes zonas del territorio sirio en 2019– pidió a Turquía que no lleve a cabo una ofensiva en Siria.

Si los combatientes proturcos "no tienen la luz verde de Turquía, no pueden hacer nada solos", dice Yussef Abu Al Majed. "Y si Turquía no tiene el acuerdo de los estadounidenses, de los rusos y de los iraníes, no puede lanzar su operación militar".



De otra parte, a esta situación de los sirios se unen los hechos internos en Turquía. Ayer un miembro del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) extraditado de Suecia a Turquía, donde había sido condenado, fue encarcelado por decisión de un tribunal turco, informaron medios estatales.

Mahmut Tat, que llegó el viernes por la noche a Estambul, fue detenido poco después de su llegada y presentado el sábado ante un juez, indicó la agencia de prensa oficial, Anadolu.

La agencia señaló que Tat había sido condenado a seis años y diez meses de cárcel en Turquía por pertenecer al PKK, una formación prohibida en el país y considerada por las autoridades del país y la Unión Europea (UE) como un movimiento terrorista.

Había huido a Suecia en 2015, pero su solicitud de asilo fue rechazada.

"Fue detenido por la policía sueca y trasladado a un centro de detención en Mölndal, y fue devuelto en avión a Turquía" el viernes, informó Anadolu.

El gobierno turco bloquea desde mayo la entrada de Suecia y Finlandia a la Alianza Atlántica y firmó con estos países un memorando de acuerdo que condiciona su adhesión a su lucha contra los movimientos kurdos y sus simpatizantes establecidos en su territorio.