Beatriz González: Colombia a través de los ojos de ‘La Maestra’ del país

Foto Banco de la República

Investigadora, crítica, maestra y modelo para varias generaciones, así es como el mundo del arte conoce a Beatriz González, las manos que a pinceladas, trazos e intervenciones ha ilustrado lo colombiano en cada una de sus obras, dejando un legado que hoy se celebra a través de un compilado de su trabajo, en el que se podrá ver a la creadora que creía en lo colorido y que después de uno de los golpes más violentos al país, convertirían a sus piezas denuncia.

La bumanguesa, nacida en 1838, ha dedicado su vida en hacer que el arte cobre vida con rostros cotidianos, escenas tanto coloridas como dolorosas,  piezas en las que señala los resabios de la clase política, lo variado de la cultura popular colombiana y, con una profunda empatía por las víctimas, las atrocidades del conflicto armado.

Una retrospectiva

La artista este año cumple seis décadas de trayectoria, que el Banco de la República celebra con Beatriz González: una retrospectiva, una muestra reúne más de cien obras en varios formatos y soportes.

La exposición, organizada por el Museum of Fine Arts de Houston, MFAH, y el Pérez Art Museum de Miami, PAMM, con curaduría de Mari Carmen Ramírez y Tobias Ostrander, se considera la exposición más completa que a la fecha se haya hecho de la artista colombiana, pues además contará con una exposición complementaria que abrirá el 30 de octubre en la que se exhibirán por primera sus archivos documentales y fotográficos personales.

Otras exposiciones de Beatriz González se han realizado en ciudades de Europa como Bordeaux y Madrid y del continente americano. Este es un reconocimiento del Banco de la República a quien considera ‘La Maestra’ de Colombia; sí, con mayúsculas, a quien ha jugado un rol central en el arte de las últimas décadas.

 

“Beatriz González, La Maestra, es un nombre que se escribe con mayúscula en la historia del arte colombiano. No solo por su trayectoria como artista, que hoy la hace un referente internacional, sino también por su labor como investigadora, crítica, maestra y modelo para varias generaciones. Por todo esto, es un honor para el Museo de Arte Miguel Urrutia presentar esta exposición”, afirmó Ángela Pérez Mejía, subgerente cultural del Banco de la República.

Aunque la exhibición se podrá ver de forma física, reservando la asistencia con antelación a la visita, también se podrá visitar virtualmente, a través de la página web “Banrepcultural.org”, en un recorrido de 360 grados.

“Beatriz González ha explorado las posibilidades plásticas y estéticas de la pintura en formatos no convencionales, y por medio de una lectura minuciosa y permanente de las realidades del país se ha mantenido en permanente relación con lo que sucede, como una especie de testigo que señala las enormes fisuras de nuestra sociedad. Esta exposición, que en buena parte se tendrá que ver mediante la virtualidad, es una oportunidad más para pensar el país a través de sus ojos”, comentó Pérez.

Así mismo, la exposición también tendrá una serie de videos, en los que sus alumnos definen su arte y la recuerdan para rendir homenaje a la vida y obra de la bumanguesa.

Pintora de provincia

Según expertos del Banco, así se considera ella misma, una pintora de provincia más no provinciana. Sus obras remiten al espectador a ambientes domésticos y las tradiciones locales muestran una ironía autoconsciente y una crítica a las nociones de clase media sobre el gusto, la clase, el género y la etnia.

Para lograrlo, se apropia de imágenes asociadas con la historia del arte occidental y medios nacionales de comunicación masiva, desde un modelo particular de figuración que incluye el aplanamiento de las figuras y el uso de una paleta de color fuerte que evoca la publicidad comercial.

Desde los años 60 y hasta inicios de los 70 la artista expandió el uso de imágenes encontradas, inspirándose en reproducciones populares y baratas de temas nacionalistas y en imágenes de periódicos con escenas de crímenes, políticos, líderes religiosos y  e íconos de cultura popular internacional. Los recortes que coleccionaba, representaciones de representaciones, reproducidos de forma mecánica y desteñidos con el paso del tiempo, reflejan la sensibilidad  de la cultura nacional durante estas dos décadas, al tiempo que señalan la distancia física y virtual que en ese entonces separaba a Colombia de los centros de la cultura occidental.

A principios de la década de 1970, González empezó a pintar estas imágenes además de otras tomadas de maestros del renacimiento y el modernismo, sobre las superficies de muebles baratos de metal y madera, creando así algunas de sus obras más icónicas y célebres.

Pintora incómoda de la corte

El arte de González también está relacionado con la turbulenta historia política de Colombia. A inicios de los 80, su estrategia cambió al unísono con el clima cultural y político del país, que dio inicio a décadas marcadas por la corrupción, la fragmentación política, y la violencia.

En sus pinturas, valiéndose de la ironía y el humor, criticó la forma como el Gobierno se representaba a sí mismo en los medios de comunicación, particularmente, a los presidentes Julio César Turbay Ayala y Belisario Betancur.

Una imagen que encarna el dolor

La toma del Palacio de Justicia representa un punto de quiebre en la obra de González. En esta, reconoce que después de este hecho su posición política y artística cambió, “Colombia dejó de ser una comedia y se convirtió en una tragedia”.

De ahí en adelante su obra se centraba en la representación de los personajes del conflicto, especialmente, las víctimas. Así, abandonó lo que ella llamaba los colores “alegres” como los rosas y naranjas, y en su lugar introdujo tonalidades que abarcaban un amplio espectro de intensos verdes, azules, amarillos, morados, negros, vino tintos y marrones; colores densos y lúgubres directamente asociados con la sangre y la muerte.

En esta exhibición se podrán ver varios ejemplos de la serie Las Delicias, producida en entre 1996 y 1997, basada en imágenes de las afligidas madres de 60 soldados secuestrados por las Farc en la base militar del pueblo de Las Delicias, cautivos durante 288 días. La serie también incluye un autorretrato desnudo en el que la artista se muestra a sí misma con las manos sobre los ojos. González ha manifestado que su intención durante este periodo era: “inventar una imagen que encarnara el dolor.”

“Gracias a su espíritu crítico, su búsqueda transgresora, su disposición siempre atenta al diálogo y su importante labor educativa, varias generaciones de historiadores, artistas y educadores de museos han podido nutrirse de su visión. Esperamos que esta exposición sea para la maestra Beatriz González una muestra del profundo cariño y la inmensa gratitud que le tenemos”.