Régimen de Ortega va a la “coreanización (del Norte)” | El Nuevo Siglo
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Domingo, 21 de Agosto de 2022
Redacción internacional

El viernes el obispo nicaragüense, Rolando Álvarez, cercado por la Policía desde hace dos semanas en su diócesis de Matagalpa, al norte del país, fue detenido en forma violenta por las autoridades que lo acusan de actividades atentatorias contra el Estado. Sin embargo, toda la nación centroamericana, así como la comunidad internacional, saben que su captura se debió a sus denuncias por la violación de los derechos humanos por parte del régimen de Daniel Ortega. Es un capítulo más de la persecución del gobierno autoritario contra la Iglesia Católica que se ha convertido en la principal voz en defensa de un pueblo reprimido.

¿Qué está pasando? El director del área de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y estudioso de la historia de la Iglesia Católica en Centroamérica, Henry Cancelado, analiza la difícil situación y advierte, incluso, del riesgo de una ruptura de relaciones entre el gobierno autoritario y el Vaticano.

EL NUEVO SIGLO: ¿La persecución a la que se está viendo sometida la Iglesia Católica en Nicaragua es un hecho propio de la era Ortega o responde a causas más históricas?

HENRY CANCELADO: Esto viene pasando desde la revolución sandinista y hay que aclarar que es un hecho que se ha repetido en diversos países centroamericanos durante sus respectivas guerras civiles. La de Nicaragua es una Iglesia muy popular, con comunidades eclesiales de base que apoyaban a estos movimientos de manera directa e indirecta; que con la llegada de Juan Pablo II se volvió aún más conservadora pues este era el Papa anticomunista. Este fenómeno viene de los años ochenta cuando los sandinistas llegaron al poder, así que viene de hace rato.

ENS: ¿Podría decirse que la Iglesia Católica se está convirtiendo en el mayor foco de resistencia al gobierno de Ortega?

HC: Sí, se podría ver así y sobre todo por el perfil de los párrocos y de los obispos a los que han empezado a atacar. Son párrocos muy cercanos a la gente, que son difíciles de acusar, como lo intentó la primera dama, Rosario Murillo, de activismo anti espiritual y de delitos contra el espíritu ¿Qué es eso? Eso no existe en los códigos civiles, aunque parece que en Nicaragua sí. Así que ya están tocando párrocos muy de base y eso ya comienza a mostrar que lo que el gobierno está disputando es un poder popular, un poder frente a la gente.

Así hay una gran paradoja: esa visión antipopular de la que acusaban a la Iglesia en los años ochenta y por la cual hubo enfrentamientos al interior de la misma institución, es la misma acusación que hay ahorita: de movilizar al pueblo en contra del gobierno. Y es una Iglesia igualmente popular pero con unos matices diferentes.

Entonces sí se puede ver así, a pesar de que la institucionalidad oficial, es decir al Vaticano como tal, no se le ha visto una sanción concreta a este problema. No se entiende qué está pasando con las posturas oficiales.

ENS: Frente al episodio del obispo Álvarez ¿ya podemos hablar de una ofensiva formal, sistemática, contra la Iglesia?

HC: Totalmente. Por ejemplo, el cierre de las emisoras católicas hace parte de ese incremento de la represión y la falta de libertades que hemos visto en Nicaragua en el último año, especialmente. Eso es lo que llamo la “coreanización” (del norte) del país centroamericano, y es precisamente a razón de ese cierre sistemático de las libertades, que ahora se van contra la Iglesia. Este es un régimen que se está cerrando cada vez más y que golpea cada vez más para manejar el poder. Y de eso hace parte el cierre de la libertad religiosa.

Relaciones con el Vaticano

ENS: Con relación al Papa al comienzo de esta semana 26 exjefes del Estado y de gobierno de España y Latinoamérica pidieron al Papa Francisco una postura “firme” y cuestionaron su silencio ¿A qué se debe este llamado?

HC: Hay una respuesta institucional, aunque también hay una respuesta personal del Papa. Con relación a la primera, hay que tener en cuenta que este es un Pontífice que ha venido atravesando una serie de quebrantos de salud, el mundo ha sido testigo de ello; y también tiene peleas grandes en el frente europeo, por así decirlo. Peleas relacionadas con la corrupción, con la pederastia, con toda la decadencia de la Iglesia que estamos viendo en general. Así que me atrevería a decir que no quiere abrir otro frente de batalla y mucho menos en América Latina.

Adicionalmente creo que tampoco quiere darle fuerza a esa sección ultraconservadora de la Iglesia y perder las banderas que ha venido enarbolando de cambio. Es darle fuerza a los sectores ultraconservadores de la Iglesia y eso creo que es algo que, políticamente, no quiere el Papa.

Así que podemos pensar en esa respuesta institucional, que puede dejar un poco insatisfecho a muchos porque, si ha sido un Papa tan valiente en tantos aspectos, sí es menester preguntarse: ¿A qué se debe el silencio en esta ocasión? Entonces, creo que es más un tema institucional hacia dentro de la misma Iglesia, sumado al hecho de que es un Papa debilitado por todas las luchas que ha dado.



ENS: ¿Esto qué desenlace tendría?

HC: Esos regímenes nunca se han podido frenar en el Sistema Internacional de Estados. Curiosamente todo el mundo les pone los ojos, denuncian, bloquean, pero el statu quo se mantiene. Corea del Norte lleva décadas así, ochenta años. Entonces ¿Qué puede pasar frente al tema concreto de la Iglesia en Nicaragua? Podríamos asistir a una ruptura oficial de relaciones con el Estado Vaticano, una expulsión de la Iglesia Católica y el abandono del catolicismo en Nicaragua.

Eso puede pasar. Descabellado no es y vuelvo al ejemplo de Corea del Norte, símil más parecido de lo que está ocurriendo en Nicaragua más que cualquier otro. Es mucho más dramática la situación del país centroamericano que la de Cuba y Venezuela, porque pareciera que Nicaragua va de ida, mientras que los otros están mostrando atisbos de venir de vuelta.

Cuba abrió la inversión tras 60 años y Venezuela ahorita va a llegar a los 900 mil barriles rápidamente, algo que Colombia con esfuerzo produce. En cambio, Nicaragua no. Parece que va hacia un régimen que no parece acabar y, ojo, en una plutocracia extrema con una dictadura familiar que va a seguir con sus hijos. Tumbaron a Anastasio Somoza para subir a los Ortega: ese fue el negocio que hizo Nicaragua.

No soy optimista de que la comunidad de naciones vaya a presionar y Ortega va a reflexionar. Eso no va a pasar. Y frente a la Iglesia podemos hablar de una ruptura de relaciones en el momento en que el Papa asuma su rol de jefe de estado del Estado Vaticano y asuma ese liderazgo internacional que también le corresponde.   

ENS: ¿No es ir muy lejos hablar de una ruptura de relaciones con el Vaticano?

HC: Pensemos que Nicaragua le dice a otro país que está arrestando a sus empresarios y expropiando sus inversiones ¿Qué haría el Estado atacado? Pues se va. Eso es lo que está pasando desde el ámbito religioso. Y así pasó con Taiwán. Cuando Nicaragua rompe relaciones con Taiwán a finales del año pasado, los edificios gubernamentales y diplomáticos se los dio a China. Así que fácilmente Ortega puede decir: “Papa y Vaticano, váyanse de aquí”. Como lo hizo con el embajador colombiano: “tiene 72 horas para irse”.