Siete maneras para actuar contra el cambio climático

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Las ciudades sólo cubren el 2% de la superficie del planeta, pero consumen el 78 % de la energía mundial y producen más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Y dado que la ONU calcula que el 68% de la población mundial vivirá en zonas urbanas en 2050, es vital cambiar el funcionamiento de las ciudades.

La buena noticia es que más de 10.000 ciudades se han comprometido a reducir sus emisiones de carbono para 2050. Entonces, ¿cuáles son los pasos que deben dar las ciudades para garantizar que avanzan hacia un futuro climáticamente neutro?

Construir mejor (o reacondicionar): Los edificios ineficientes desde el punto de vista energético contribuyen en gran medida al cambio climático, por lo que es importante que hacer que sean más eficientes en cuanto a las emisiones de carbono o, mejor aún, que no emitan ningún tipo de emisiones. Aunque rediseñar y readaptar los edificios no es barato, da lugar a grandes reducciones de emisiones, una parte importante de la combinación de acciones climáticas mundiales que hay que llevar a cabo para cumplir los objetivos del Acuerdo de París.

Adoptar el transporte público ecológico: La forma en que se viaja y se desplazan las personas en una ciudad tiene un enorme impacto en las emisiones de carbono, por lo que es vital que las ciudades de todo el mundo introduzcan un transporte público ecológico. Las ciudades pueden aprender de otras ciudades en este sentido. Por ejemplo, en Santiago de Chile, las autoridades hicieron más atractivo para los operadores privados invertir en autobuses eléctricos asegurando que fueran alquilados y gestionados por la autoridad de transporte público. Este modelo de asociación público-privada ha dado lugar a que Santiago tenga la mayor flota de autobuses electrónicos del mundo fuera de China. Por tanto, las ciudades deberían fomentar el uso del transporte público mediante billetes subvencionados, o incluso viajes gratuitos.



 

Pasaje al verde: Los espacios verdes no sólo son buenos para el medio ambiente, sino también para la salud mental y física. Los estudios han demostrado que el acceso a la naturaleza mejora nuestro bienestar y garantiza ciudadanos más felices y sanos. No hay que centrarse sólo en los parques, sino en garantizar que los espacios públicos estén salpicados de vegetación (como jardineras, jardines verticales y árboles, “parques de bolsillo”, vías verdes, jardines comunitarios y tejados verdes).

Fomentar los paseos: En muchas ciudades, los caminos son estrechos y están bloqueados por todo tipo de obstáculos (desde tableros con menús hasta postes al azar), mientras que los cruces peatonales favorecen a los conductores en lugar de a los peatones. A menudo, se considera que caminar es la forma más peligrosa de ir de A a B (de hecho, la Organización Mundial de la Salud calcula que cada año mueren 270.000 peatones), por lo que es vital que las ciudades hagan que caminar sea más seguro. Las cosas están cambiando: por ejemplo, existe una nueva tecnología de pasos que detectan a los peatones más lentos y garantizan que el semáforo de peatones permanezca en verde durante más tiempo. Esta tecnología responde mejor a los peatones y facilita los desplazamientos a pie por la ciudad. Por otro lado, ciudades como Manchester han introducido extensas “redes de paseo”, con senderos más seguros y protegidos en los que los peatones tienen prioridad. Este tipo de proyectos son especialmente importantes en las ciudades donde la mayoría de los desplazamientos cortos se hacen en coche (en Inglaterra, por ejemplo, el 60% de los viajes entre 1 y 3 km se hacen en coche). De ese modo se pretende reducir el uso del automóvil.

Fomentar el uso de la bicicleta: Así como caminar es a menudo bastante difícil en muchas de las ciudades del mundo, la bicicleta también suele ser una actividad peligrosa, ya que los planificadores de las ciudades tradicionalmente dan prioridad a los coches. Sin embargo, los beneficios de aumentar el uso de la bicicleta son enormes: un estudio del IPCC de 2015 mostró que un aumento del 20% en el uso de la bicicleta en todo el mundo “reduciría las emisiones de dióxido de carbono del transporte urbano de pasajeros en casi un 11 % para 2050”.



 

Adaptarse a la electricidad: Mientras ya nos estamos pasando a los vehículos eléctricos, es vital que las ciudades hagan lo mismo, principalmente construyendo la infraestructura de recarga necesaria, tanto en el centro de la ciudad como en las afueras. Las ciudades también pueden introducir incentivos financieros para aumentar el uso de los vehículos eléctricos, e introducir plazas de aparcamiento reservadas para estos. Sólo cuando hagamos que los vehículos eléctricos sean más convenientes que los vehículos tradicionales de gasolina/diésel, veremos una adopción exponencial, con todos los beneficios para el medio ambiente que ello conllevará.

Uso inteligente del agua: Los recursos hídricos de todo el mundo están sometidos a una enorme presión y, a medida que las ciudades se expandan, aumentará su demanda de agua (la OCDE estima que la demanda mundial de agua aumentará un 55% para 2050). Por eso, es enormemente importante que las ciudades gestionen de forma sostenible el suministro de agua urbana, y mejoren y amplíen las infraestructuras hídricas, invirtiendo en soluciones de “agua inteligente”.