Claroscuro de la pandemia

* Puntos altos y bajos de Colombia en seis meses

* Amenaza sigue viva y no se debe bajar guardia

 

Seis meses después del inicio de la emergencia en Colombia por la propagación del Covid-19 el balance del plan de contingencia sanitario para enfrentar la pandemia es positivo, sobre todo en los dos objetivos principales de la estrategia: reducir la mortalidad y fortalecer los servicios de salud. El país registra por estos días una tasa de 12 mil casos confirmados por cada millón de habitantes, indicador epidemiológico por debajo de la mayoría de los países europeos y de varios latinoamericanos. De igual forma, tiene una tasa de letalidad de apenas 394 muertes por millón de habitantes, inferior a la del Perú (881), Brasil (576), Panamá (567) y México (506).

De otro lado, cuando comenzó la crisis el país tenía apenas 5.000 camas en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y una capacidad muy reducida de laboratorios para procesar pruebas de detección de este coronavirus. Esos dos factores hicieron indispensable implementar la cuarentena poblacional generalizada con el fin de reducir la velocidad de contagio exponencial del virus y ganar el tiempo necesario para fortalecer las capacidades sanitarias en diagnóstico, atención a pacientes críticos y activación de planes de bioseguridad.

Seis meses después del inicio de la pandemia el país ya tiene una capacidad de 10.000 camas de UCI, 7.498 nuevas unidades de ventiladores de soporte respiratorio, un total de 119 laboratorios practicando pruebas así como un sustancial crecimiento en la capacidad de procesamiento de las mismas, pasando de 600 diarias en marzo a 54 mil en estos  momentos.

La inédita crisis obligó a enfrentar de forma urgente problemas y lastres estructurales del sistema de salud. El Ministerio del ramo reporta avances en el pago de las deudas acumuladas entre EPS y la red de clínicas y hospitales mediante la aceleración de la iniciativa de “Punto final”, así como el surgimiento obligado pero potente de un esquema de telemedicina.

Los altos niveles de exigencia del plan de contingencia contra el Covid-19 también ahondaron otras dificultades y carencias múltiples de un sistema enfocado en la atención intrahospitalaria y con un grave retraso en procesos de atención primaria y preventiva. Sin duda, este diagnóstico debe pesar mucho en una futura reforma.

Ya en el campo típicamente epidemiológico, uno de los principales cuellos de botella en el manejo de la crisis se presenta en la capacidad para rastrear, detectar y aislar personas contagiadas. De allí que se hable de un subregistro de casos del 80% respecto de los datos oficiales. A lo largo del semestre el plazo medio de entrega de resultados de las pruebas ha sido de 12 días -con excesos oprobiosos de hasta 72-, lo que indica que mucha gente atraviesa a ciegas la etapa más delicada del ciclo de incubación y desarrollo del virus, recibiendo incluso el resultado cuando ya no les sirve para nada.

Eso lleva las miradas críticas a las 35 EPS que son las entidades encargadas de tomar muestras, procesarlas y rastrear posibles contactos de los infectados. Algunas han sido acusadas de demoras, negligencia y falta de coordinación con los laboratorios. Todo ello refuerza el viejo debate sobre el ánimo de lucro que tienen esas empresas que, además, están fragmentadas, algunas golpeadas por la corrupción, heterogéneas en calidad y con enormes diferencias entre campo y ciudad. No en vano en 2019 hubo 210 mil acciones de tutelas de usuarios por fallas en el servicio.

En el vértigo de la crisis también han sido evidentes los abusos e incumplimientos con el personal que trabaja en la  salud, en especial en el suministro oportuno de equipos de bioseguridad y por los graves atrasos salariales.

Tras seis meses de pandemia, Colombia no logra el desempeño destacado de algunos países asiáticos o Uruguay. Pero aun así el resultado hasta la fecha es bastante aceptable. Desde que se comenzó a levantar de forma definitiva el confinamiento el pasado 1 de septiembre ha sido clara la tendencia a la reducción de contagios y de muertes. También descienden la ocupación de UCI -ya hay disponibilidad de cerca de 40%- y el número de hospitalizados, que bajó de 20 a 11 mil. Según el Ministro de Salud nos encontramos en la parte alta de la meseta pero con casi todas las regiones a la baja, con excepciones como el Eje Cafetero y ciudades como Cúcuta, Bucaramanga y Valledupar.

El Ministerio advierte que si bien bajamos en contagios se pueden producir rebrotes en cualquier momento, máxime si la población relaja el rigor en las medidas básicas de bioseguridad. Es fundamental entender que la solución definitiva no está cerca. Una epidemia de tipo infeccioso como esta solo termina cuando se da el “agotamiento de susceptibles”, es decir que un 80% de la población haya sido contagiada. Hoy el promedio en nuestro país está muy lejos de ese porcentaje. Las expectativas de una vacuna a corto plazo son muchas pero lo cierto es que este tipo de procesos a veces tarda hasta cuatro años. Es más, si la del Covid-19 se obtuviera rápidamente, quedaría por resolver el problema político y económico de fabricar y distribuir 7.000 millones de dosis en el mundo.

La pandemia no se ha acabado ni pasará pronto. Ese es el mensaje clave, sencillo y, a la vez, contundente, para no bajar la guardia.