RAFAEL DE BRIGARD, Pbro. | El Nuevo Siglo
Domingo, 13 de Julio de 2014

Una asamblea seria

 

Con más atención de la que se le da, debería la Nación entera mirar el modo de funcionamiento, pero sobre todo el espíritu de la asamblea de obispos católicos en Colombia. Es que la mayoría de cuerpos colegiados en nuestro país son francamente deplorables. Están repletos de gente con muy poca cultura y a veces sin siquiera formación profesional. Con mucha frecuencia la vida personal de sus miembros es de lo menos ejemplar y por lo mismo carente de cualquiera autoridad, empezando por la moral. Suelen tener tan poco mundo que a veces da pena ver sus propuestas y pretensiones. También en ocasiones tienen miembros distinguidos y honestos.

Colombia debe tener casi cien obispos, entre activos y jubilados. Es un grupo de gente relativamente mayor y eso ya le da un toque de sabiduría a todo lo que dice, propone y hace. Tal vez la Iglesia sea la institución que más se vale de la sabiduría de la gente mayor en todo el mundo y el contraste en Colombia es notable, pues mucho de lo público está en manos de gente muy joven, inexperta y de uñas muy largas. Es, la asamblea de obispos, un colegio de hombres maduros, serios, en general ajenos a las vanidades y tonterías de lo mundano. Viven por lo general un estilo de vida austero y esquivan al máximo cualquier ostentación u oropel que desdiga de su condición de pastores y de pastores de un pueblo todavía con muchas pobrezas encima.

Tiene esta asamblea otra buena característica: la conforma gente decente que no se insulta ni se calumnia. Que no salen en público a hablar mal unos de otros y que sienten un gran aprecio entre todos, así como una estima grande por quien representa a la fuente de unidad, o sea al Santo Padre. Y así este grupo, a la cabeza de las más de setenta iglesias locales que hay en el país, mueve sin hacer mucho ruido, una obra que toca todos los rincones de la nación de maneras muy variadas como la vida espiritual, la educativa, la asistencial para los más pobres, la evangelización, la mediación entre todos los matones que infestan nuestra geografía, etc. Y son todos colombianos, bien preparados, con mundo y cultura, con  altura y sencillez, capaces de moderación en tierra de pasiones irracionales. “Hagamos el elogio de los hombres de bien”, dice el  libro del Eclesiástico.