ORLANDO CANO VALLEJO | El Nuevo Siglo
Martes, 30 de Septiembre de 2014

Paz global

 

De la misma manera que la comunidad internacional apoyó a Colombia en su lucha contra el narcotráfico y la erradicación de cultivos ilícitos, es hora de que haga lo mismo en la financiación del posconflicto. Con la misma generosidad con que operó el Plan Colombia, con la fuerza política con que Washington cooperó en lucha frontal contra el lavado de dinero proveniente del narcotráfico y con la misma generosidad que Europa nos ayudó a enfrentar el tráfico de drogas, el mundo debe dar hoy su mano económica al país para pagar la reconciliación.

A través de ayuda financiera que deberá ser aprobada por respectivos parlamentos, previo compromiso de presidentes, jefes de Gobierno y primeros ministros, EE.UU. y la Unión Europea, Japón y países más cercanos, deberían comprometerse con Colombia en asistencia monetaria para atender costos de reinserción.

Organismos multilaterales como el Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo bien podrían facilitarle fondos a Colombia en condiciones blandas para el desarrollo de programas comunitarios que respondan a las necesidades que va a plantear la desmovilización de las Farc.

A la par con mano tendida de Estados Unidos y la Eurozona, como de naciones latinoamericanas solventes como Chile y Brasil, caería bien que la banca multilateral creara líneas de crédito destinadas a cubrir requerimientos presupuestales de Colombia cuando se firme la paz con las Farc. Hizo bien el presidente Santos al socializar ante Naciones Unidas el proceso de paz que se negocia en Cuba con la guerrilla de las Farc. Mejor aún ventilar las necesidades financieras que requerirá el país para pagar el posconflicto.

Comienza a abrirse así una ventana global para mirar el costo que deberá asumir el Estado colombiano para la reincorporación de actores armados en el evento de cerrar con éxito los diálogos de La Habana.

Hay que plantear ya, sin complejos ni reservas, el acceso de los desmovilizados a la educación pública y privada media y superior. Aquí debe haber un aporte social importante por parte de universidades particulares, pues en el posconflicto todos ponen.

El ingreso de más colombianos a las actividades agropecuarias implicará una acción del Estado y de los particulares, ambiciosa y audaz. El Banco Agrario, por ejemplo, tendrá que asumir su papel de promotor financiero para que familias de exguerrilleros puedan trabajar en el campo, sembrar, cosechar y comercializar sus productos.

Paz global porque ganar la guerra en la mesa de diálogos traerá unos costos que el mundo debería abonar. Incluso, países fronterizos con Colombia podrían acordar algún mecanismo de asistencia para facilitarles la vida a desmovilizados que se sumen a actividades productivas en frontera.