María Clara Ospina | El Nuevo Siglo
Miércoles, 25 de Marzo de 2015

HILANDO FINO

¿Renacerá la OEA?

No  solo es deseable sino indispensable,  que la reciente salida de José Miguel Insulza de la dirección de la Organización de Estados Americanos y la entrada del uruguayo Luis Almagro, signifique para esa organización un renacer.

Ojala Almagro logre que como un ave Fénix la OEA resurja de las cenizas en que se encuentra convertida. Porque, como están las cosas, ya pocos creen que tenga algún sentido su permanencia. El cambio de dirección era tan necesario como lo es el cambio de sábanas en un enfermo terminal, algo que puede de alguna manera evitar su muerte.

Durante los años de Insulza, la OEA perdió su norte. Dejó de fungir como muro contra las dictaduras; como una organización defensora a ultranza de la Democracia y los Derechos Humanos; misión para la cual fue creada. La voz de la OEA escasamente se hizo sentir durante los últimos tiempos. Su condescendencia ante naciones donde no existe ni la más remota semblanza de democracia fue absurda.

Su vergonzoso silencio ante tantos abusos contra los principios básicos de libertad, como son la libre expresión de los ciudadanos, la libertad de prensa, la separación de poderes, además de  su incapacidad de condenar el flagrante fraude electoral en algunos Estados miembros, no solo ha sido una vergonzosa cobardía sino que ha convertido a la OEA en poco más de una costosa e inútil burocracia, donde políticos retirados van a pasar unos años de “vacaciones bien pagadas”.

Hoy la vemos como una organización amedrentada, ineficaz e ineficiente. Un organismo casi sin voz y totalmente sin musculo. Su antiguo director la llevó a convertirse en débil e “insulsa”. Tal como un día, irónicamente, lo aseguró Hugo Chávez, su declarado enemigo, en uno de sus frecuentes ataques. Por eso el continente está pendientes del nuevo director.

Luis Almagro, o “el oso” como lo llaman sus amigos, tiene fama de ser hombre eficaz en su trabajo. Almagro, abogado, político y diplomático de carrera, además de Canciller de Uruguay durante el reciente gobierno del presidente José Mujica, ha comenzado por presentar un programa serio y declarar que sólo permanecerá en la OEA por un solo período, o sea por cinco años, algo muy positivo porque rompe con la tradición de antiguos directores que han pretendido eternizarse en el puesto.

Sin lugar a dudas este hombre tiene toda la capacitación y experiencia para hacerlo bien si logra separarse de su cercana amistad con algunos de los gobiernos del “cacareado” socialismo del siglo XXI. En especial del régimen de Nicolás Maduro, que cada día se convierte más en una represiva dictadura.  

Hace unos años, Almagro, fue uno de los que ayudó a la conformación de los nuevos organismos americanos rivales de la OEA. Organizaciones que, precisamente, pretendían remplazar a la OEA como voz del continente, eliminando la influencia de los Estados Unidos. La pregunta es: ¿podrá el nuevo director retornar a la OEA el propósito por el que fue creada o terminará siendo su sepulturero? Confío en que será lo primero. Confío en que en corto tiempo volveremos a ver a la OEA como la voz de las verdaderas democracias de  América, sean de izquierda o derecha.