JUAN CAMILO RESTREPO | El Nuevo Siglo
Domingo, 14 de Septiembre de 2014

ELECCIONES CAFETERAS

Lección de democracia gremial

Acaban  de realizarse las elecciones cafeteras en 568 municipios del país, en las que participaron 245.180 cafeteros de carne y hueso titulares de cédula cafetera.

Los resultados son aleccionadores: hubo una participación de cedulados del 65%, lo que representa  un incremento del 14% en relación con la votación  que se registró en las elecciones anteriores; se eligieron 370 miembros de los comités municipales de cafeteros  y los representantes  ante los  quince comités departamentales. Estos, a su turno, elegirán los delegados al congreso nacional cafetero a reunirse a finales del año.

El ciclo democrático de la organización cafetera  se ha renovado  y  ha recibido -con esta votación- una irrebatible legitimidad gremial. Una lección que debería hacer reflexionar a  muchos otros gremios que manejan recursos parafiscales. Nótese que cuando se dice que hubo una participación de votantes (en relación con el universo de cafeteros cedulados) del 65,5%, se está afirmando nada menos que los representantes elegidos en las instancias de la organización cafetera gozan de una legitimidad democrática superior a la de los congresistas o la del  mismo Presidente de la República, pues ni aquellos ni éste son elegidos en Colombia con votaciones tan altas en relación con el censo electoral respectivo.

La Corte Constitucional ha dicho en repetidas ocasiones que las organizaciones gremiales que manejan recursos provenientes de las contribuciones parafiscales (que son recursos públicos), como sucede con la Federación de Cafeteros en relación con el Fondo Nacional del Café, tienen el deber de exhibir niveles de democracia y de transparencia fiscal sobresalientes.

Estas elecciones cafeteras son un buen ejemplo de lo que deberían hacer otros gremios, como Fedegan, que  maneja el segundo fondo parafiscal en importancia del país, el de la carne y de la leche, pero que a pesar de exhibir una estructura mucho más cerrada  y menos representativa que la cafetera, sus dirigentes no han permitido -a pesar de los varios urgimientos que se les ha hecho-  que se democraticen sus estatutos.

La lógica de la Corte Constitucional -que hay que hacer cumplir- es simple pero contundente: todo aquel que en Colombia pague una contribución parafiscal debe tener al menos la posibilidad de elegir a sus representantes (o de postularse si así lo desea) a los cuerpos directivos de la entidad gremial que maneja los tributos que él paga. Pues recordémoslo: las contribuciones parafiscales, como los impuestos, son tributos  sometidos al control fiscal,  que se deben manejar en urna de cristal democrática. Por eso el sentido aleccionador de las elecciones cafeteras que acaban de tener lugar.

Los recursos de los dieciséis fondos parafiscales que existen en el campo agrícola en Colombia no son fondos privados de sus administradores que estos puedan manejar a su antojo o capricho: son dineros públicos afectos al bienestar detodos los que pagan las parafiscalidades: no de unos cuantos. De ahí la exigencia  de democratización y transparencia que ha formulado la Corte Constitucional de manera tan repetida.

En la agenda cafetera de este año queda pendiente conocer y discutir las conclusiones de la misión que dirigió el doctor Juan José Echavarría, y que según se ha sabido están listas desde hace ya varios meses. No tendría justificación alguna que este informe se quede entre el tintero como parece que algunos quieren que suceda. Esta comisión -y sus recomendaciones- hace parte fundamental de lo que el presidente  Santos denominó en su momento la “Constituyente Cafetera”.

Sus conclusiones deben ser analizadas a la luz del sol por la opinión pública, por la comunidad cafetera, y, por supuesto, por el Congreso Cafetero que debe reunirse a fínales del año donde los delegados, dotados ahora de una alta dosis de legitimidad democrática gracias a los resultados de las elecciones que acaban de tener lugar, decidirán qué se acepta y qué se rechaza de las conclusiones de esta misión. Las recomendaciones de esta misión, así a algunos mortifiquen, no pueden quedarse en el anonimato. Hay al menos que debatirlas. Así se cerraría con brillo el ciclo refrescante de democracia  que se ha abierto con las elecciones cafeteras del fin de semana pasado.