JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO | El Nuevo Siglo
Miércoles, 19 de Febrero de 2014

Censura

 

La libertad de prensa y comunicación es un elemento esencial para que se pueda hablar de un sistema democrático. De allí que -así el gobierno haya sido elegido por decisión popular, en las urnas- resulte erróneo catalogar como democrático a un Estado en el que  se aplica la censura oficial, en cualquiera de sus modalidades; si se impide el libre flujo de la información; si se castiga o se persigue la expresión de las ideas; si se considera que la opinión es un delito; si las informaciones que suministran los medios o los periodistas son sometidas a control; si los medios impresos no pueden salir a la calle; o si los medios electrónicos son ocupados, intervenidos, amenazados o sacados del aire por decisiones gubernamentales. En tales casos, con independencia de su orientación ideológica, lo que se tiene no es otra cosa que una dictadura.

La censura a la prensa no siempre se perfecciona o expresa en prohibiciones o restricciones directas, mediante violencia o por la vía de amenazas o por visitas de agentes estatales a los medios. También se da cuando los medios son ahogados económicamente, por bloqueos en la publicidad o privándolos de elementos esenciales como el papel.

En los últimos meses se han conocido preocupantes informes de organizaciones como la SIP o Reporteros Sin Fronteras acerca de las muchas dificultades y peligros hoy existentes en países de América Latina para la prensa y los periodistas; para su labor informativa; para el pleno ejercicio de su libertad. En algunos de nuestros países se han visto con demasiada frecuencia actitudes agresivas de los gobiernos contra los medios y los comunicadores, por causa de informaciones u opiniones de oposición o crítica. Y es algo muy triste, en pleno siglo XXI, porque se creía que prácticas discriminatorias, de censura o de represión contra la libertad de prensa no regresarían a la región tras la caída de los regímenes militares de los años setenta y ochenta del siglo pasado.

Lo último ha sido la salida del aire, en Venezuela, del canal NTN 24, un medio colombiano que informaba lo acontecido en el país vecino durante marchas de protesta en pro y en contra del Gobierno. Un grave antecedente respecto del cual echamos de menos la protesta formal de nuestro Gobierno, porque una cosa es respetar las decisiones políticas internas de otro país y otra muy distinta permitir que se ofenda la libertad de medios colombianos en el exterior.