HUGO QUINTERO BERNATE | El Nuevo Siglo
Martes, 8 de Abril de 2014

ARRECIFES

Saber amar

928 es la infame cifra de ataques con ácido que se han perpetrado en el país y de los cuales hay registros estadísticos, entre otros, en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. 473 de esos atentados han sido contra mujeres y 455 contra hombres. Más infame aún es la cifra que corresponde al número de sentencias que hasta la fecha se han impuesto por ese número de atentados: ¡2!

Tanto lo uno como lo otro muestran una sociedad absolutamente enferma. Una que no solo produce esos sicópatas, sino que no ayuda a encontrarlos y condenarlos. La poca información que las autoridades han podido recaudar de los casos resueltos o de los que se encuentran en fase investigativa han evidenciado que en la mayor de las veces, sobre todo en los ataques contra mujeres, se trata de un “castigo”asociado al desamor.

Es la nuestra una sociedad matriarcal, católica, violenta y absolutamente machista, donde el amor se ejerce y se vive con todas esas taras. En los hogares nacionales la figura más importante es la materna, pero al tiempo, esas mismas matronas privilegian a los niños. La consabida frase de “vaya atienda a su hermano”o la división de tareas en el seno de los hogares, marca un evidente privilegio a favor de los varones, los mismos que se imponen desde la religión donde se promueve una feminidad dócil, sumisa y resignada a la figura masculina.

En ese “orden social”es que crecen todos esos “machos”que se creen dueños de sus parejas. O que se sienten con derecho a que cualquiera sobre la que posen sus ojos tenga la obligación de atender a sus deseos. Para todos esos personajes, las mujeres no son sujetos de su amor o de su deseo, sino simples objetos pasivos: sin voluntad, decisión o independencia.

Por eso es que prefieren matarlas que dejarlas ir. O desfigurarlas para castigarlas por no aguantárselos o simplemente por no acceder a sus requiebros. El ácido y sus horribles consecuencias no es sino el último y probablemente el más cruel de los métodos, pero tan dañino como los que siempre se han practicado en este país esquizofrénico.

Tan cruel como el desfiguramiento por ácido es el infierno diario que deben vivir miles de sometidas a violencia intrafamiliar, como el drama del que da cuenta una sentencia de tutela de la Corte Constitucional -T-982/2012- de una pobre mujer molida a golpes por su “pareja”hasta hacerle perder sus sentidos del gusto y del olfato y dejarla incapacitada para trabajar.

Lo grave es que esos hogares violentos incuban los sicópatas de mañana. Porque el otro lado del drama es el de los hijos que también padecen esa violencia, como el del niño que apenas trasanteayer fue hallado encadenado y evidentemente maltratado  dentro de su casa a manos de su propia madre, en Arjona (Bolívar).

Tal parece que no nos hemos dado cuenta de lo que decía Guillermo Valencia en Anarkos: “El hombre, como el huevo, en nidos de dolor seráserpiente, ¡en nidos de piedad serápaloma!”.

@Quinternatte