Gorbachov y las crisis | El Nuevo Siglo
Lunes, 5 de Septiembre de 2022

La muerte de Mijaíl Gorbachov en medio de la actual coyuntura global de crisis climática y la difícil negociación sobre la transición energética, la guerra de Rusia en Ucrania y la tensión geopolítica sobre Europa; así como de la dura recuperación económica y social pospandemia, cobra una particular relevancia desde el punto de vista político -más allá de ideologías y balances de la historia-, porque, al igual que en los años 80 del siglo pasado, nos lleva de nuevo sobre puntos de reflexión a los que necesariamente estamos abocados como naciones y como especie. Uno de esto puntos clave es la capacidad de reflexionar, evaluar y reconocer las crisis internas. Y hoy como ayer, de acordar y liderar las reformas en la economía, el Estado y la política que dados ciertos ciclos se requieren.

La noticia del deceso de Gorbachov, el 30 de agosto, se esparció en occidente con mayores sentimientos de reconocimiento a su labor en los convulsos años ochenta, cuando estuvo al frente de lo que contra todo pronóstico terminarían siendo los últimos años de la URSS y él su último presidente. El discreto funeral en Moscú, el 3 de septiembre, que no contó como de Estado, da cuenta de la dura realidad política de sus últimos años enfrentando el deprecio del régimen que actualmente representa Vladímir Putin, quien ha buscado de distintas maneras  recobrar e imponer el poder de la federación Rusa a partir de la fuerza; algo que en su momento justamente quiso cambiar Gorbachov con la salida de las tropas de Afganistán, la negociación del desarme nuclear y la paz mundial; así como el giro en la política de relaciones internacionales soviéticas.

En este sentido, vale recordar cómo después de un periodo de reflexión y largos trabajos de análisis con distintas instancias, el Comité Central del PCUS en abril de 1985 en un acto político sin precedentes, y con la resistencia de una fuerte facción, reconoció la crisis que había permeado múltiples esferas de la vida política, económica y social de la URSS, afectando gravemente la moral pública y por ende la credibilidad y legitimidad en la acción del Estado. En consecuencia, era necesario introducir cambios estructurales. Así, sentó las bases para la restructuración de la economía a partir de la ciencia y la tecnología, proceso que trascendió como la perestroika. Y, además, adelantar la reforma para la apertura del sistema político, conocido como glasnost. Gorbachov lideraría este mandato.

Finalmente, el dique de la política se rompió y arraso con la URSS. Mucho se ha escrito y con seguridad aún quedan análisis por hacer. Pero, tal vez de este periodo, para la coyuntura actual, vale la pena considerar la dinámica que tomó el proceso de la perestroika y glasnost en la URSS, pues allí se encuentran lecciones sobre la forma en que se asumen o no los procesos de cambio inherentes a los modelos económicos y políticos. A la inevitable tensión entre economía y política, cuyo balance o desequilibrio en ciertas circunstancias termina definiendo el éxito o no de los cambios; así como el aplazamiento o el avance de las reformas, o en el peor de los casos el surgimiento de nuevas divisiones y la profundización de las brechas políticas y sociales.

@Fer_GuzmanR