GLORIA ARIAS NIETO | El Nuevo Siglo
Viernes, 21 de Marzo de 2014

Tres maestros

 

Con “los sentimientos encontrados” intentaré hacer una cronología -personal y transmisible- de la semana:

Martes apoteósico, lleno de banderas verde y naranja, tambores, vitrales y Aleluyas; la celebración del primer centenario del Gimnasio Moderno, fundado por Don Agustín Nieto Caballero, fue un verdadero “canto a la vida”.

Más de 90 promociones de exalumnos: periodistas, científicos, actores y políticos; músicos, novelistas y empresarios. Hombres que se formaron en la disciplina de confianza, y confiaron en la vida porque la vida confió en ellos. Hombres solidarios con su país, con la alegría y el conocimiento. Amigos con mayúscula, que crecen y crecieron en un colegio sin rejas, ni prejuicios ni jerarquías.

Cien años y una impronta intacta. Así de grande fue la visión de su fundador, y así de fuerte el hilo conductor que han mantenido los niños y maestros de entonces y de ahora. ¡Bravo por el Gimnasio Moderno! Desde la primera campana, el continuo vuelo de  palomas nos recordó que sí existen  fieles mensajeros entre el cielo y la tierra.

Miércoles: Alguien entrañable al Moderno y a su fundador esperó respetuosa y amorosamente que pasara el Centenario, para emprender con el corazón tranquilo, su último viaje. La Nena Cano, maestra y escritora por genética, vocación y convicción, decidió ir al cielo a darles  clase a los niños ángeles, y  ver más de cerca al Dios en el que tanto creyó.

Me la imagino sembrando crotos en las estrellas; preguntando con quién limitan las constelaciones, y dónde desemboca el río del infinito.

La Nena Cano: un personaje. Exigente, generosa y con una inteligencia llena de sabiduría, le entregó a Colombia cientos de niñas-mujeres pensantes, conscientes y analíticas. Independientes y libertarias. Niñas-mujeres que no se dan -no nos damos- por vencidas. ¡Bien, Nena Cano! Además, tú  sabes que los buenos maestros no se mueren nunca.

Jueves: Bogotá se despierta luego de una de sus noches más interesantes y polémicas. Con la decisión de no acoger las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que pretendían defender lo indefensable, el presidente Santos no solo destituye a un alcalde nefasto, sino que les entrega a los colombianos la obligación de fortalecer un buen debate. Me gusta que como sociedad nos hagan pensar, estudiar, argumentar. Celebro que el Presidente haya tenido la claridad mental de comprender que una cosa es una obligación y otra, una recomendación, y no le hubiera dado margen a más dilaciones perjudiciales.

El Procurador, Santos y millones de colombianos, saben que a Petro, la justicia colombiana le brindó todas las opciones posibles, ergo no había por qué someterse a conceptos que son ineludibles cuando la justicia está ausente, pero optativos de acoger, o no, cuando existen herramientas jurídicas, que -como en este caso- se usaron hasta el cansancio.

Ocupa temporalmente la alcaldía Rafael Pardo, ecuánime y serio; decente, y conocedor de lo público; parece estar más allá del bien y del mal.

Por mi parte, ¡Muy bien, señor Presidente!

Mi abuelo Agustín me enseñó el valor de la confianza; la Nena, el de la independencia; Colombia, el de la perseverancia. Gracias a los tres, por su abrazo, pensamiento y compañía.

ariasgloria@hotmail.com