DIANA SOFÍA GIRALDO | El Nuevo Siglo
Viernes, 6 de Junio de 2014

El secretismo hirió la confianza

 

La mesa de diálogo de La Habana, tuvo una pata coja desde el principio: no incluyó a  las víctimas como interlocutoras con plenos derechos. Y si tenemos en cuenta que en Colombia, en un concepto amplio, todos fuimos en algún momento víctimas del miedo a los actos terroristas, al secuestro, a la extorsión, a las minas antipersona, a los cilindros-bomba, al chantaje, es apenas natural que nos hayamos sentido desconocidos en la mesa en donde supuestamente se velaba por la integridad de nuestros derechos. Y si, además, se negó el derecho a la información sobre lo que allí se discutía en nuestro nombre, era apenas natural la consecuencia: el secretismo hirió la confianza.

Ahora, en pleno furor de la campaña presidencial, se anuncia que “las víctimas están en el centro del proceso”. ¿Eso qué significa?

Para empezar sería necesario que se rectificaran dos declaraciones que hicieron mucho daño:

1- La del presidente Santos, al inicio de las conversaciones, cuando le preguntaron en la revista Semana, si pensaba incluir a las víctimas como interlocutoras en la mesa y respondió “eso no es serio”.

2- La de uno de los voceros de las Farc, Santrich, quien, al     ser interrogado sobre si les iban a pedir perdón a las víctimas, respondió, entre risas, con el estribillo de la canción: quizás, quizás, quizás....Fue una estocada al corazón del proceso.

Esa manera de pensar sí salió al aire sin censura e hirió la credibilidad de los colombianos. Lo reflejan las encuestas. El daño no vino de afuera, lo ocasionaron desde de la mesa.

¿Es posible enderezar el rumbo? Ojalá, porque es más fuerte la vocación de las víctimas dispuestas a seguir perdonando las ofensas recibidas.

Desde que se iniciaron los diálogos, las víctimas de las Farc, han estado silenciadas. Se las desapareció hábilmente, refundiéndolas con víctimas de otros actores armados, con la anuencia de los representantes de Naciones Unidas. En unas jornadas en el Congreso fueron minimizados sus testimonios.

Ojalá la estrategia que se pone de presente no se cristalice: un desfile de víctimas de otros actores armados en La Habana. Es decir, las Farc convertidas en juez y parte. 

Es hora de escuchar las voz del general Mendieta, 11 años secuestrado, del sargento Lasso y su familia, 14 años secuestrado, de doña Emperatriz de Guevara y la de tantos civiles víctimas de las Farc.

Si de verdad van a colocar a las víctimas en el centro del proceso, llegó la hora de dignificarlas, dándoles la vocería, el reconocimiento y el respeto que se merecen. Sólo así, de la mano de ellas y de su vocación de perdón, llegaremos a la anhelada reconciliación. 

La manipulación de las víctimas como botín electoral sería un error de consecuencias funestas. Si, por el contrario, las sentamos a la mesa, las víctimas, le darían la credibilidad, confianza y legitimidad que necesita el proceso de paz.