Apoyos, adhesiones y alianzas | El Nuevo Siglo
Lunes, 6 de Junio de 2022

En condiciones normales, la segunda vuelta de la elección presidencial tendría una previsible dinámica entre partidos y movimientos políticos para realinearse a partir de afinidades ideológicas y programáticas. De hecho, los grandes objetivos del sistema de doble vuelta es lograr legitimidad del presidente elegido por un mayor respaldo electoral y mejorar su gobernabilidad mediante alianzas en la segunda vuelta. Pero, otra cosa es cuando en la primera vuelta los partidos y movimientos se alinean en torno a coaliciones político-ideológicas, como en el actual proceso en Colombia, pues, los resultados electorales no son solo de los partidos votando por sus candidatos, sino de las coaliciones. Así, el resultado de votos obtenidos en la primera vuelta es de cierta forma su propio tope de crecimiento. Entonces, ¿cómo crecer en segunda vuelta?

Desde que se adoptó el sistema de doble vuelta en la Constitución de 1991, los presidentes elegidos hasta hoy han surgido de una u otra forma, fundamentalmente de los partidos -con sus ramificaciones- que han sido históricamente protagonistas de la alternancia bipartidista en el poder del Estado. Sin embargo, en la primera vuelta 2022, los dos candidatos ganadores no tienen tal condición. Y eso, además de ser novedad, pone a prueba la otra cara del balotaje en Colombia: estimular la formación de un sistema político multipartidista que se oriente a la construcción de alianzas.

En este sentido, en el caso de la coalición de centro-izquierda que representan Gustavo Petro y Francia Márquez es más claro el panorama y la predisposición, sobre todo al convocar un acuerdo nacional amplio. Pero, en el caso de Rodolfo Hernández y su fórmula vicepresidencial Marelen Castillo es incierto, pues Hernández se presenta como jugador fuera del sistema político que paradójicamente depende en segunda vuelta de lograr adhesiones de los partidos tradicionales, especialmente de la coalición de la derecha. Lo cual, en sí mismo es un contrasentido y le opaca el aviso de independiente.

Además, entre las coaliciones conformadas y distribuidas ideológicamente entre izquierda, centro y derecha, resulta predecible que las alianzas tiendan a ser fundamentalmente endogámicas y por ende con poca flexibilidad. En el actual proceso, la coalición del centro obtuvo un bajo número de votos frente a las otras dos. Entonces, su adhesión y apoyos individuales son importantes, pero no garantizan los votos necesarios para marcar una diferencia significativa en la segunda vuelta.

De otro lado, el candidato Hernández recibió de inmediato la adhesión de la coalición de la derecha. Así, en términos teóricos es quien mejor ha logrado el efecto buscado por la segunda vuelta: recibir el apoyo electoralmente importante de otros partidos. Sin embargo, aquí hay más que un apoyo, pues tanto el uno como los otros necesitan de la alianza para asegurarse mutuamente. Es muy probable que la misma exista en silencio. Además, Rodolfo Hernández es candidato que trabaja más las emociones que la ideología, los programas o el conocimiento del Estado. Y esto, aunque en principio su ventaja de campaña, se va tornando en creciente obstáculo, pues la realineación de los electores que lo votaron en primera como forma de exteriorizar su protesta frente a los partidos tradicionales, no se basará en las meras emociones para en segunda vuelta elegir al presidente de la República.

@Fer_GuzmanR