Quibdó, ‘detonante’ de ideas poderosas

Foto cortesía Nomad Media
La danza, el desarrollo digital y el emprendimiento son las armas con las que le quieren “arrebatarle los jóvenes a la delincuencia”, reducir el desempleo y convertirse en un referente de cambio. Crónica. 

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"Los niños no se tocan, no se violan, no se matan", se lee en las puertas del colegio Isaac Rodríguez Martínez, ubicado en barrio el Retiro III, una de las zonas más humildes de Quibdó, Chocó. Aquella frase que en vez de dar una amable bienvenida suena como el más valioso de los reclamos a una sociedad civil que por décadas le ha dado la espalda a la niñez, y en especial a esa Colombia profunda y olvidada.

A todos los que cruzaron la puerta de esa institución educativa a medio terminar, la frase fue como una estocada al corazón, aunque poco después el sinsabor se apaciguó al ver a un grupo de 20 de jóvenes, cuyos nervios se les notaban a leguas, pues el show estaba a punto de comenzar.

Por su estatura cuesta adivinar la edad de la mayoría de ellos, aunque me atrevería a decir, por su forma de hablar y molestar, que estaban entre los 15 y 18 años. La mayoría vestía pantaloneta y no llevaba zapatos. Cuando empezó a sonar la música entendí por qué sobraban: por sus venas la sangre no corre, más bien salta, brinca, se zarandea y hasta hace ebullición, por lo que en este caso los zapatos resultaban siendo un estorbo.

Cualquiera que vea a esta cuadrilla que pertenece a la fundación Jóvenes Creadores del Chocó, se da cuenta que ellos no bailan, son el baile. Sus movimientos son coordinados por el alma y la ilusión de transformar con pasos y acrobacias a sus comunidades, demostrar que su sabor no es solo un don, sino la más poderosa herramienta de cambio.

Con solo el atardecer y un bombillo amarillo a sus espaldas como show de luces a su favor, ofrecieron un espectáculo a la altura de los que se presentan en las mejores tarimas del mundo.

Pero esto es solo la punta de un conjunto de pequeñas revoluciones que están emergiendo en este rincón de la selva olvidado y lleno de cicatrices de la violencia, por lo que la frase “debemos arrancarle los jóvenes a la delincuencia”, es un proverbio que nunca dejé de escuchar.

Razón por la cual, desde cualquier área: el arte, la educación, la robótica y el emprendimiento, es el mantra que todos los líderes locales tienen en mente debido a los altos niveles de desempleo, que como la peor de las maldiciones, nunca baja de los dos dígitos.

Todos entienden que la fórmula para que a los jóvenes no les pique el bicho de querer entrar a las pandillas o el mundo del narcotráfico, es mantenerles la mente ocupada, recordándoles cada minuto que “los negros son unos duros”, como me lo dijo un ingeniero de la región.

Detonando ideas

Pero la danza no es lo único que puede dejarlo con la boca abierta. Aquí las ideas poderosas, como el chontaduro, están a la vuelta de la esquina. Así lo demuestra el amplio racimo de emprendimientos que florecen dentro de las casas y las aulas de clase.

Desde productos especiales para el cabello afro hechos con las plantas de la selva chocoana hasta robots competidores en China, son los múltiples proyectos que están dando de qué hablar más afuera que dentro del país.

De hecho, y para asombro de muchos, la apuesta mayor sobre la mesa está en convertir a Quibdó en una de las ciudades líderes en innovación tecnológica. No es una utopía o un proyecto que está solo en el papel, es una realidad que ya está en marcha.

Ese es el caso de Jimmy García, director de la Escuela de Robótica del Chocó, y quien en compañía de su esposa dejaron sus exitosas carreras profesionales en Medellín para emprender un proyecto pensado en el empoderamiento de los niños y jóvenes afro a través de la innovación y la tecnología.

Gracias a su labor, la bandera chocoana ha ondeado alto, muy alto, en países como Francia, Holanda, Inglaterra China y Paraguay.  

Construyendo puentes

Pero, ¿qué es este río caudaloso de ideas sin las alianzas correctas? Nada.

Y ahí es cuando nace Detonante, una plataforma fundada hace cinco años que pretende ser ese acelerador en la región que transforma sueños en proyectos exitosos y sostenibles, gracias a la conexión ideal del mejor talento con las oportunidades correctas.

Pues lastimosamente, con estar “embilletados”, como se lo escuché a uno de los jóvenes bailarines, no basta para ser un motor de cambio.

Eso lo entendí al hablar con la directora del festival, Viviana Mayor: “no es suficiente un capital semilla, una gran idea, sin los contactos y las oportunidades indicadas”.

Una lógica que resulta más que obvia, pues bailar bien, diseñar robots ganadores y crear productos innovadores no son lo único para convertir aquella filosofía de la que todos hablan en una realidad.

Detonante vio lo que muchos ignoraron por décadas: grandes proyectos enjaulados, resignados a quedarse en pequeño, que necesitaban solo una chispa, un relacionamiento con los empresarios adecuados, una inversión sostenible para producir empleos y traspasar fronteras.

“Dijimos, si queremos lograr la transformación social, tenemos que quedarnos un buen tiempo”, comentó después Mayor. Una aseveración que me hizo recordar una frase poderosa que dijo Elías de Troya, líder de un club de lectura de Quibdó, durante uno de los paneles que se realizó en el marco del festival a comienzos del mes pasado: “no hay que esperar a que los cambios se produzcan desde Bogotá, el cambio hay que hacerlo desde las regiones”.

Todos los asistentes a aquel festival, desde el Director del Sena hasta los emprendedores, repitieron como una letanía frases como: “hay un talento que es innegable en muchos sectores”, “es una población altamente preparada que hace interesante mirar a la región”.

Y es verdad, a pesar de todas las dificultades que los asedian como el conflicto, la violencia y hasta la misma humedad, la comunidad afro de Chocó quiere encontrar su propio modelo de desarrollo, convertirse en el mayor referente de cambio, en ese sueño que después de mucho trabajo se hizo realidad.