Off the record

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El rifirrafe entre el alcalde Enrique Peñalosa y su predecesor, Gustavo Petro, crece día tras día. Para no pocos analistas el constante contrapunteo entre el Burgomaestre capitalino y el excandidato presidencial, hoy Senador de la República, no tiene de telón de fondo única y exclusivamente las conocidas diferencias políticas, ideológicas y programáticas de uno y otro sobre los avances y puntos débiles de cada una de sus respectivas administraciones distritales, sino también el tempranero arranque de la campaña electoral para la sucesión en el Palacio Liévano. Para nadie es un secreto que el petrismo considera, con base en la votación lograda en las presidenciales en Bogotá, que tiene con qué pelear para volver a la Alcaldía, en tanto que el peñalosismo considera que los logros de su gestión, gran parte de los cuales quedarán para ser concretados o cosechados por su sucesor, solo estarán a salvo si la izquierda no vuelve al poder y reversa muchas de sus ejecutorias.

 

Otro pleito

Pero no es la única medición de fuerzas que, según los corrillos políticos, se está viendo por estos días en materia de movidas políticas con miras a lo que será la campaña por la Alcaldía, que tiene en este mes de octubre su primer banderazo, toda vez que todo aquel que piense en aspirar en 2019 debe renunciar en los próximos días a cargos públicos o contratos oficiales para evitar quedar inhabilitados. Por ejemplo, ayer en el Concejo capitalino muchos interpretaron el duro intercambio de trinos entre el secretario de Gobierno, Miguel Uribe Turbay, y el senador Rodrigo Lara, de Cambio Radical, como un primer capítulo de una competencia electoral entre esta última colectividad y el liberalismo, casa paterna del alto funcionario distrital. Como se sabe, de Uribe Turbay se ha dicho que sería la carta peñalosista para pelear en octubre de 2019.

 

Pulso petrista

Pero la cuestión no termina ahí. Es claro también que en las filas de la llamada “Colombia Humana”, ya hay quienes consideran que existe un pulso entre el concejal Hollman Morris y el exsecretario de gobierno petrista Jorge Rojas. Ya a los dos se les considera seguros precandidatos y se dice que han empezado a ‘reclutar’ dirigentes zonales de la capital del país para ir sentando las bases de sus futuras aspiraciones. En el Polo Democrático ya se ha advertido que hay ‘coqueteos’ del petrismo para llevarse consigo a unos dirigentes de las toldas amarillas, sobre todo a nivel de localidades y edilatos. En la Alianza Verde, a su turno, también se han prendido alertas tempranas de algunos dirigentes bogotanos en torno a que es necesario que se defina prontamente si la exsenadora Claudia López será precandidata a la Alcaldía, porque esa eventualidad política está debilitando el arranque de la campaña del exsenador Antonio Navarro, quien viene adelantando una callada pero intensa agenda en la ciudad, casi que barrio por barrio.

 

¿Rumbo a consulta?

Incluso, Rojas dijo días atrás, en una entrevista con EL NUEVO SIGLO, que “…las consultas interpartidistas se imponen como un modelo democrático de elecciones primarias que permite escoger candidaturas únicas de unidad de los sectores políticos progresistas y democráticos de Colombia. Así que por ejemplo, en Bogotá lo más importante es una consulta interpartidista que asegure una sola candidatura de la que hagan parte partidos como Colombia Humana, Alianza Verde, Polo Democrático, MAIS y Unión Patriótica e, incluso, algunos sectores que se desprenden del Partido Liberal para que la consulta permita elegir a la persona más indicada para volver a ganar las elecciones en la Alcaldía de Bogotá”.