Ucrania: ¿Guerra sin fin? | El Nuevo Siglo
Viernes, 22 de Julio de 2022

Cinco meses después sigue escalando

* Los flancos de un fracaso geopolítico

 

Al cumplirse hoy cinco meses del inicio de la invasión de Rusia a Ucrania es altamente incierta la posibilidad de que termine en el corto plazo un conflicto militar que no solo ha causado decenas de miles de muertos y heridos así como millones de desplazados, sino que tiene al mundo soportando un duro coletazo socioeconómico derivado de la drástica escalada inflacionaria, el encarecimiento de los hidrocarburos y la escasez de alimentos básicos y agroinsumos.

No se cumplieron las previsiones iniciales en torno a que esta guerra en el este de Europa duraría pocas semanas y terminaría cuando Kiev desistiera de ingresar a la OTAN. Por el contrario, el nivel de las hostilidades ha crecido mes tras mes y tiende a escalar este semestre. Prueba de ello es que el presidente ruso Vladimir Putin dijo que la ofensiva militar en Ucrania todavía no alcanza su máxima instancia y el Ministro de Defensa advirtió que las operaciones podrían extenderse más allá de las zonas prorrusas de Donetsk, Lugansk y Donbas. En tanto, el gobierno de Volodimir Zelenski no solo urgió a Occidente redoblar sanciones a Moscú, sino que recibió más arsenales de armas, incluyendo sistemas de cohetes de alta precisión, drones, artillería de mediano alcance y municiones. Este apoyo ha permitido a las tropas locales recuperar terreno en algunas zonas y consolidar el blindaje a Kiev, aunque las tropas del Kremlin controlan la principal central nuclear ucraniana, que es la más grande de Europa.

La posibilidad de una salida negociada tampoco es cercana. Los diálogos preliminares se rompieron hace más de dos meses y las partes solo cruzan amenazas y acusaciones. A ello habría que sumar que la ampliación de la OTAN en inmediaciones del territorio ruso sigue avante, pues el ingreso de Suecia y Finlandia a la principal alianza militar de Occidente ya fue aprobado por 18 de los 30 países del bloque, por más que el Kremlin protestó y amenazó incluso con movilizar arsenal estratégico nuclear.

El pulso geopolítico, igualmente, se mantiene en tablas. La OTAN, Unión Europea, Estados Unidos y otras potencias no lograron aislar a Rusia, que continúa teniendo vasos comunicantes con China y otras naciones afines que le han servido de válvula de escape diplomático pero también comercial y financiero. La ONU, entretanto, continúa evidenciando su debilidad para procurar la paz mundial, su fin primordial.

Otra gran conclusión de estos cinco meses de guerra es que la estrategia de agravar las sanciones económicas, políticas, diplomáticas y de otra índole al gobierno Putin, sus exportaciones, sistema financiero, activos en el exterior, dirigentes, empresas y personas más acaudaladas, si bien han impactado fuertemente a Rusia, sus ingresos fiscales y también a su población, no han forzado a Moscú a reversar su ofensiva en Ucrania ni generado un alzamiento popular en su contra. Se sabía desde un principio que era muy complicado disminuir drásticamente en pocos meses la alta dependencia europea del gas y petróleo rusos, más ahora en medio de la fuerte ola de calor y el aumento de la demanda en el próximo invierno.

En la otra orilla, la economía ucraniana está semidestruida (su PIB  caería más de 45%) y gran parte de su infraestructura productiva gravemente afectada. Los aportes financieros de urgencia de la comunidad internacional y la moratoria en el pago de su deuda externa alivian pero son insuficientes frente al tamaño y el costo multimillonario del daño causado por el conflicto.

En el campo global todos los países han sufrido el impacto de la escasez de trigo y agroinsumos (en donde ambos países dominan el 30% del mercado), al tiempo que las cotizaciones del petróleo y el gas se mantienen por lo alto. Estas son las principales causas de la disparada inflacionaria mundial e incluso el asomo de un riesgo recesivo en potencias como Estados Unidos, el desaceleramiento productivo de China y el ajuste a la baja del PIB de casi todos los países, salvo contadas excepciones, dando al traste así con la curva de recuperación económica pospandemia.

Paradójicamente una de las pocas buenas noticias en estos cinco meses, como lo fue el crucial acuerdo del viernes pasado entre Moscú y Kiev para reanudar las exportaciones de trigo y alimentos por el Mar Negro, que debería empezar a calmar la incertidumbre económica global, tiene un flanco muy preocupante: que las dos naciones y el mundo empiecen a ‘resignarse’ a que se puede seguir adelante en medio de una guerra cruenta, injustificable y en la que el fantasma de un desenlace nuclear sigue peligrosamente latente.