Perspectivas. Germán, 42 años custodiando libros raros y curiosos | El Nuevo Siglo
El 3 de julio de 1980, Germán Riveros pisó por primera vez la Biblioteca Nacional; era su primer día de trabajo.
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Sábado, 11 de Junio de 2022
Redacción Nacional

Por estos días hace 44 años, un lejano 3 de julio de 1980, Germán Riveros pisó por primera vez la Biblioteca Nacional para probar suerte en un nuevo trabajo, del que no sabía absolutamente nada. Podría haber sido una experiencia de meses, pero desde el día uno lo asignaron a la colección de Libros Raros y Curiosos (hoy llamado el Fondo Antiguo), en donde la biblioteca conserva los libros y documentos más valiosos, y fue amor a primera vista.

Con una curiosidad casi infantil, este bibliotecario empírico comenzó a explorar la profunda intimidad de los tesoros bibliográficos más antiguos del país y solo porque el covid-19 tocó a la puerta de su vida, como tocó a la puerta de los 6 mil millones de habitantes de esta Tierra, abandonó la presencialidad de su segunda casa y se dedicó a cuidar de la salud de su mamá, una actividad que hoy consume todo su tiempo. 

“Llegar allí es llegar a un mundo fascinante. Ahí están los libros más antiguos que posee este país, joyas bibliográficas increíbles, 25 fondos de intelectuales y políticos de la historia de Colombia, y la biblioteca de José Celestino Mutis, con la que él se documentó para hacer la expedición botánica. Están las Láminas de la Comisión Corográfica, el primer levantamiento topográfico y etnográfico que se hizo en este país, que encargó Tomás Cipriano de Mosquera a Agustín Codazzi… podría describirte lo más increíble que posee pero no nos alcanzaría el papel”, rememora más con nostalgia de otras épocas que ya no volverán y lamenta que no tuvo una descendencia a la cual compartirle este lugar en el que transcurrió buena parte de su vida.

“Entrar a esa colección y ver esos libros antiguos, la mayoría encuadernados en pergamino, con tipos de impresos desde el siglo XV que no hacen hoy con toda la tecnología que hay… Unos 90 mil libros” que fue conociendo desde que pisó por primera vez este edificio en su primer día de trabajo, cuando contaba con apenas 27 años.

En esa sección están la mayoría de los más importantes documentos impresos, pictográficos y manuscritos, algunos de los cuales son contemporáneos al descubrimiento de América, incunables irremplazables, obras de arte y testigos de primera mano de todo lo que nos precedió y que, por esa misma naturaleza, recibió la visita de mandatarios colombianos, literatos, historiadores, intelectuales y de dos premio Nobel.

“A Gabriel García Márquez lo conocí y le pedí que me firmara un libro; también pude saludar a Mario Vargas Llosa y tuve mucho trato con el ensayista e historiador Germán Arciniegas. Él donó su biblioteca privada a la Nacional, tenía mucho sentido de pertenencia de sus libros, entonces el proceso de entrega fue un poquito temperamental, y saludé a casi todos los presidentes desde que entré hasta que salí”.

A Belisario Betancourt, a Juan Manuel Santos, a Álvaro Uribe, todos ellos, recuerda Germán, fueron en algún punto de su mandato a consultar algunos de los documentos de la historia de Colombia.

“Los vi revisando las cartas de Simón Bolívar, todos los decretos habidos y por haber. Es que la nuestra es la principal colección bibliográfica que tiene el país”, indica Germán, quien sigue hablando de “nosotros” al referirse a la Biblioteca, porque ya hace parte de este icónico lugar y del que, llama la atención, no pudo decir cuál fue su documento favorito... Eso sí, mencionó por lo menos 20 curiosidades y se quedó corto. 



El punto de inflexión

Cuando él llegó a la Biblioteca Nacional, fundada en 1777 con material jesuita que con el paso de los siglos se fue enriqueciendo con las herencias de personajes como José Celestino Mutis, Rufino José Cuervo, Jorge Isaacs y Marco Fidel Suárez, estaban a un año de celebrar el bicentenario de la Revolución de los Comuneros de 1781.

“En la Biblioteca hay 18 tomos de la mayoría de los documentos que se generaron durante esa revolución y había un historiador, que era un clérigo, que estaba haciendo un índice de todo ese material manuscrito, documentos valiosísimos para la historia de nuestro país, y me pusieron de ayudante de él. Yo no podía creer que estuviera manipulando documentos del siglo XVIII originales” y de una revolución muy cercana a su historia familiar, oriunda de Santa Ana, un municipio boyacense muy cercano a la región comunera.

“Descubrí que en esa revuelta hubo comuneros de Santa Ana y me encontré frente a documentos, relatos y testimonios de comuneros de este municipio. Fue una experiencia loquísima y me sentí como pez en el agua. A partir de ese momento me enamoré de la Biblioteca, de trabajar con libros, de la lectura, y no volví a mirar atrás. Casi 42 años en la Biblioteca Nacional de Colombia”, relata Germán con algo de melancolía, porque extraña su trabajo y habría podido quedarse un poco más de tiempo custodiando los documentos que son testigos directos de cómo se consolidó nuestro país.

“Quería quedarme hasta que ya fuera obligatorio retirarme pero mi mamá, que tiene 92 años, antecitos de la pandemia comenzó a tener bastantes problemas de salud. En un principio el trabajo en casa me favoreció, pero en un punto ya no pude responder por ambas cosas y me tuve que pensionar”. No obstante, hoy agradece que su salida fuera un hecho masivo que vivió toda la ciudad por igual, el 20 de marzo del 2020, y que no fuera una salida por la puerta del frente de la biblioteca con una caja debajo del brazo con 42 años de recuerdos.

Un bibliotecólogo empírico

Aún hoy, su llegada no solo a la biblioteca, sino a la colección de libros especiales, sigue siendo un misterio para él, consciente de que fue una jugada del azar, de esas que se presentan una en mil millones.

“Yo era un simple bachiller que trabajaba en la sección de encomiendas y remesas de una empresa de transportes, de donde me sacaron. Pero yo tenía una prima que era secretaria y conocida del secretario general de Colcultura, que me consiguió ese trabajo en la Biblioteca Nacional. ¡Bachiller! Me quedé sin ninguna formación académica, no soy bibliotecólogo, no soy profesional”.

Así comenzó su carrera quien hasta hace muy poco ostentó el título del funcionario más veterano de la biblioteca pública más antigua del país y una de las primeras de América, que este año cumplió 245 años.