España a las urnas

  • La mala hora de Sánchez
  • Juego sucio y campaña política

 

 

Tal como lo señalamos en diversas oportunidades el gobierno del socialista Pedro Sánchez hacía agua en España por cuenta de sus erráticas y oportunistas movidas para tratar de seguir en el poder sin convocar a elecciones. Por lo mismo se lanzó a una desesperada maniobra para atraer a los nacionalistas catalanes, en su mayoría de derecha, que meses atrás le habían ayudado a defenestrar, por sorpresa, en recordada sesión del Parlamento, al entonces presidente Mariano Rajoy. 

Desde la llegada del mandato socialista, la mayoría de la opinión pública en ese país ha manifestado su descontento por los elevados gastos estatales y la incertidumbre en materia económica. No menos críticas le surgieron por su manera irresponsable de multiplicar la nómina oficial. Tampoco ha gustado a los españoles su estrategia demagógica de abrir las fronteras a los migrantes, pese a que el sistema de asistencia social no alcanza a asimilar esa diáspora.

Mas lo anterior no ha sido lo peor de la gestión de Sánchez. En un país en el cual la monarquía tiene siglos de antigüedad y es muy querida por las mayorías, no gusta que el liderazgo político pretenda hacerle sombra al Rey, desconociendo incluso las normas más elementales del protocolo institucional. No hay que perder de vista que la monarquía es el faro que en medio de la crisis y pulsos regionalistas siempre unifica a los españoles. A todo lo anterior se suma que el dirigente socialista se ha mostrado obsecuente y abierto con los chavistas de Podemos, a los cuales quiso seducir con toda suerte de promesas, halagos y cuestionadas concesiones. Las mismas que no fueron suficientes para conservar su apoyo.

La debilidad de Sánchez y el que se hubiera visto obligado a llamar elecciones de forma tan tempranera, pone de presente que a Rajoy, siendo un buen gobernante, le faltó capacidad de maniobra para orientar el cambio y pensó erróneamente que el tiempo jugaba a su favor, confiado en la transitoria mayoría parlamentaria del Partido Popular y sus aliados. También menospreció el desprestigio de sus socios en los gobiernos regionales y en la misma Madrid, por los repetidos casos de corrupción que aún se ventilan en los estrados judiciales. Una situación que aprovecharon muy bien los fundadores de Ciudadanos para salir a la palestra y conquistar el voto de una parte de la centroderecha y de  conservadores.

Es claro, de otra parte, que los socialistas de Sánchez nunca se fortalecieron y asentaron en el poder. Perdieron el predominio histórico de varias décadas en Andalucía, en especial por los continuos enredos y el desencuentro del Presidente con los dirigentes locales, así como por el descontento de los sectores de derecha, lo que ha dado lugar a que se conforme un gobierno regional de Podemos, Ciudadanos y Vox.

La cuestión hoy es tal que son muchos los analistas y estudiosos de la evolución política española que se apresuran a vaticinar que en las próximas elecciones se repetirá el mismo fenómeno electoral antisocialista de otras naciones europeas, lo que facilitará el triunfo de las formaciones de centro derecha.

Lo anterior, sin embargo, no es claro del todo. Sánchez ha demostrado que es capaz de bailar al son que le toquen si de conseguir votos se trata. Si bien es cierto que Ciudadanos ha crecido ostensiblemente, no ha tenido tiempo de consolidarse electoralmente del todo, por lo que los de Vox les empiezan a perseguir de cerca y en algunas zonas podrían disputarles voto a voto. En tanto el PP parece dar muestras de  recuperación y fortaleza inusuales, tras superar delicadas crisis internas. Si la multitudinaria manifestación en Madrid el domingo pasado por la unidad de España es un reflejo de lo que sienten las masas de todo el país, la derecha ganaría las elecciones. En tal caso, se constituiría en el Parlamento un nuevo gobierno de esa tendencia.

Mas no se debe olvidar que el debilitado gobierno Sánchez tiene hoy recursos para torcer voluntades, comprar conciencias y confundir la opinión. En momentos en los que se juzga a los separatistas catalanes, su arma secreta parece ser la de acusar de fascistas a los conservadores y explotar las fotos en las que sus dirigentes aparecen con los jefes de Vox. De otro lado, en Madrid existe un doble cansancio con el gobierno nacional de Sánchez y el local de la veterana socialista Carmona. Ella también ha multiplicado el gasto público y abusado del poder hasta el cansancio.

La cita en las urnas será el 28 de abril. Es decir que quedan un poco más de dos meses para una campaña que será muy competida y candente. Los españoles deben decidir su futuro no sólo con la mirada puesta en el corto plazo, sino más allá. No hay lugar a dudas ni abstenciones.