¿Cómo quedará la nueva coalición de Duque? | El Nuevo Siglo
Foto archivo Anadolu
Viernes, 7 de Febrero de 2020
Redacción Política
Arrancó la reingeniería política y se está a la expectativa sobre el acuerdo programático entre el Gobierno y las fuerzas que determinarán las mayorías parlamentarias. 

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Esta semana arrancó en firme la reingeniería política que pretende el presidente Iván Duque para relanzar su gobierno con miras a la próxima legislatura con base en una coalición parlamentaria de mayor vigor y dirigida a sacar adelante las metas del Plan de Desarrollo, los resultados que puedan derivarse de la Conversación Nacional y los acuerdos programáticos propios de la nueva coalición gubernamental.

A los efectos, el Jefe de Estado dedicó los esfuerzos, en primer lugar, a resolver los entuertos producidos al interior del partido de gobierno (Centro Democrático) desde la moción de censura al ministro de Defensa, Guillermo Botero, que produjo su renuncia anticipada en noviembre del año pasado. Desde ese momento, Duque pudo constatar la fragilidad de su coalición en el hemiciclo parlamentario, no solo para sacar sus reformas adelante, sino también frente a las vicisitudes del control político por parte del Legislativo y que amenazaba con incrementarse sobre otros ministros del gabinete.

De hecho, partidos oficialistas, como la U y los conservadores, terminaron sumándose a partidos independientes, como Cambio Radical, con base en aquella propuesta de moción de censura al ministro de Defensa, encabezada por el senador Roy Barreras, luego de un fuerte debate sobre la muerte de menores de edad en un bombardeo llevado a cabo por las Fuerzas Armadas contra las disidencias de las Farc. Barreras, senador de la U, en buena parte auspiciado por la entonces gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, reclamó su victoria política y la adscribió a la defensa del proceso de paz del gobierno anterior.    

Ya en marcha la convocatoria del paro nacional del 21 de noviembre, la renuncia del ministro Botero se solucionó con un enroque político, trasladando al Canciller, Carlos Holmes Trujillo, a la cartera de Defensa y designando en el despacho de Relaciones Exteriores a la exsenadora, Claudia Blum, aparentemente retirada de las actividades políticas y desde años atrás residente en Estados Unidos.

No obstante, antes de viajar a Bogotá, se produjo el diálogo confidencial entre ella y el embajador, Francisco Santos, que casi ipso facto fue filtrado a los medios de comunicación en una misteriosa grabación, sin autor responsable hasta hoy, y en la que se dejaron entrever, tanto agudas fracturas en la cúpula gubernamental, como críticas in péctore al Departamento de Estado. En todo caso, Duque optó por mantener el nombramiento de Blum, en la Cancillería, y esperar a que se decantara el tema del embajador Santos, luego de una conversación personal con él en la capital colombiana.

Sin embargo, Santos hubo de renunciar a principios del año, pese a que se creía el asunto superado, a raíz de no ser convocado para atender la última visita del Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, a Bogotá. La embajada en los Estados Unidos permanece, pues, vacante y a hoy no se sabe si será parte del triqui gubernamental, si se designará a una persona de las entrañas presidenciales o si se optará por otro enroque político. Con insistencia se habla de los nombres del exparlamentario Simón Gaviria, como ficha del partido liberal, o del traslado del excanciller conservador Guillermo Fernández de Soto de la embajada de la ONU a la de Washington.

Luego del paro y las marchas del 21 de noviembre, el gobierno abrió la Conversación Nacional, hoy en desarrollo. En tanto, enfiló sus baterías a sacar la reforma tributaria en el Congreso durante diciembre, donde se comenzó a fraguar el nuevo ambiente político. De tal modo, la reforma obtuvo mayorías holgadas y el gobierno pudo sacar avante iniciativas como la devolución del IVA a los estratos menos pudientes y mejorar las condiciones de los pensionados.    

Desde entonces los medios comenzaron a hablar de cambios en el gabinete. A partir de ello, Duque decidió actuar primero por el lado del Centro Democrático. Llevó al ministerio del Interior a Alicia Arango, que se desempeñaba en la cartera de Trabajo y fue su jefe de debate. Y en este nombró, este viernes, después de mucha expectativa, al exparlamentario de la U, Ángel Custodio Cabrera, conocido por su dedicación al tema de las madres comunitarias.

A raíz de la vacante dejada hace un mes en el ministerio de Salud, tras la renuncia de Juan Pablo Uribe por motivos personales y luego de un buen ejercicio, nombró al experto Fernando Ruíz, vinculado con Cambio Radical y quien había sido viceministro de la cartera durante de la administración de Juan Manuel Santos. Y en Agricultura nombró al cordobés Rodolfo Enrique Zea, de origen conservador y propuesto por los senadores David Barguil y Efraín Cepeda.

En principio, el presidente Duque había dicho que le gustaría tener ministros por cuatro años. No obstante, el primer cambio vino por los lados del ministerio de Justicia, donde aceptó la renuncia de Gloria María Borrero y nombró a la exmagistrada Margarita Cabello. Igualmente le tocó inaugurar los ministerios del Deporte y el de Ciencia, el último de los cuales ha estado en el ojo del huracán por el debate entre el conocimiento científico y el ancestral como ejes de su estructuración.

Fuentes de EL NUEVO SIGLO sostuvieron, asimismo, que es posible que todavía se adelanten otras modificaciones en un par de carteras más, en las que tendrían cabida representantes adicionales de la U y Cambio Radical. Es prematuro todavía, pues, señalar cómo será la composición final del gabinete. Solo hasta entonces se sabrá, con certeza, como será la coalición oficial. Para ello, según trascendió, también se está a la expectativa sobre el acuerdo programático entre el Gobierno y las fuerzas que determinarán las mayorías parlamentarias. Sobre estos ejes y el Plan Nacional de Desarrollo el gobierno Duque entrará a sortear los dos años y medio que le quedan.