La mala hora de los ex alcaldes | El Nuevo Siglo
Martes, 1 de Noviembre de 2011

Dejando de lado, por obvias razones, la suerte de Samuel Moreno, el resultado de las urnas el pasado domingo dejó con pronóstico reservado la trayectoria y futuro político de estos ex inquilinos del Palacio de Liévano.

 

Mockus ¿el comienzo del fin?



El panorama es crítico: un año atrás se proyectaba como favorito para la Casa de Nariño y aunque al final perdió significativamente con Juan Manuel Santos, alcanzó a sumar en la capital del país más de 800 mil votos. Sin embargo, tras su accidentado retiro del Partido Verde y su sorpresiva postulación a nombre de la Alianza Social Independiente (ASI), Mockus no pudo revalidar ese potencial electoral en la campaña (como lo reflejaron las encuestas, en donde terminó en la media tabla) y por ello decidió dar un paso al costado y hacer alianza con Gina Parody, pacto que tampoco funcionó, pues la aspirante fue tercera en las urnas con una votación de 375 mil sufragios, casi la mitad del candidato triunfador. Su lista al Concejo, liderada por Juan Carlos Flórez, tampoco alcanzó a conquistar ni siquiera un escaño. Hoy no se sabe exactamente cuál será el futuro político del ex alcalde y ex candidato presidencial. Sin duda alguna continúa siendo un referente y símbolo político de primer orden, sobre todo en el tema anticorrupción, pero sus movidas políticas cada día son más difusas. Es claro que no tiene capacidad de endoso electoral ni se ha preocupado por proyectar un sucesor. Tampoco tiene partido, pues el movimiento “visionarios” no tiene estructura, difícilmente volvería a los verdes y ASI es una mescolanza de perfiles e ideologías políticas. No se le ve ingresando al gobierno Santos, la alcaldía de Petro o rumbo a la vida diplomática. Y las próximas elecciones están a más de dos años y medio. Posiblemente retorne a la academia por algún tiempo.

 

Peñalosa ¿no futuro?



Cuando se suman cuatro derrotas electorales en línea es evidente que debe reflexionarse a fondo sobre el futuro a mediano y largo plazos. Y eso es precisamente lo que le pasa a este ex alcalde bogotano. En 2006 aspiró al Congreso y su nombre jalonó un buen número de votos, pero la lista al Senado no logró el umbral mínimo y, por lo tanto, tampoco entró en la repartición de curules. En 2007 quiso volver al Palacio Liévano, pero sus casi 600 mil votos no fueron suficientes para vencer a Samuel Moreno, que sumó más de 900 mil. Luego perdió la consulta interna de los verdes (marzo de 2010) frente a Mockus. Y el pasado domingo volvió a intentar la reelección, alcanzó más de 550 mil votos, pero Gustavo Petro le ganó con 720 mil. En cada una de esas debacles electorales se advirtieron errores de táctica y estrategia política, y aunque siempre se le reconoce a Peñalosa su perfil técnico y gerencial, lo cierto es que como candidato su perfil no es el mejor. ¿Qué hará ahora? Nadie lo sabe. Allegados suyos vislumbran que irá un tiempo al exterior para tomar distancia de la coyuntura y analizar su futuro. No se le ve, por el momento, asumiendo las riendas del Partido Verde, e incluso tampoco se cree que en el corto plazo pueda ser llamado por el gobierno Santos a algún alto cargo o enviado a la diplomacia. Peñalosa es un prestigioso conferencista sobre urbanismo en todo el mundo y es posible que se enfoque en esas tareas por algún tiempo. Por ahora no se sabe si reincidirá en la política y más aún faltando tanto tiempo para las próximas elecciones.

 

Garzón, una deuda por pagar…



La derrota de Peñalosa lo es también para el vocero del Partido Verde y ex mandatario capitalino Luis Eduardo Garzón, quien en 2003 llegó al cargo con más de 800 mil votos. Por más que los verdes hayan conquistado dos gobernaciones y 70 alcaldías en todo el país, su principal apuesta era ganar en Bogotá y fracasaron estruendosamente. El principal error de campaña fue la decisión de aliarse con el uribismo. No calcularon objetivamente el impacto que tendría la decisión de Antanas Mockus de separarse del partido, pese a que era el inspirador de la colectividad, el motor de la llamada “ola verde” y, sin duda, el de más reciente potencial electoral probado. Tampoco analizaron bien cuál sería el impacto en el electorado de aliarse con Uribe, quien no sólo perdió con sus candidatos a la Alcaldía en 2003 (Juan Lozano) y 2007 (Peñalosa), sino que simboliza todo lo contrario a los principios que inspiran a los verdes. Cuando decidieron sobre esta alianza con el uribismo, Garzón tomó partido por Peñalosa y le dio la espalda a las tesis de Mockus. Ahora, tras el dictamen de las urnas el pasado domingo, Garzón tiene que pagar el respectivo costo político de la debacle. Incluso ya puso a disposición de los mandatarios electos la decisión de mantenerlo como vocero oficial del partido. Con Peñalosa en el exterior, Mockus fuera del partido, Fajardo (ahora el más fuerte) dedicado a la gobernación antioqueña y el senador Londoño metido en el Congreso, Garzón (que sacó un concejal en Bogotá) podría quedarse en la cabeza de los verdes, pero lo hará muy debilitado.

 

Castro ¿harakiri político?



Las trayectorias políticas, entre más importantes y reconocidas son, obligan a quienes las ostentan a tener mucho cuidado en las decisiones que toman con el fin de no echar al traste todo lo logrado a través de los años y las gestiones realizadas. Y eso es precisamente lo que no pareció tener en cuenta Jaime Castro, un ex alcalde bogotano, ex ministro, ex precandidato presidencial y un dirigente con una gran cantidad de cargos y ejecutorias. El resultado del pasado domingo en las urnas difícilmente puede ser más triste: apenas sí alcanzó 10 mil votos y quedó en último lugar, superado por los candidatos del PIN, Mira, Polo y Liberal, ninguno de los cuales alcanzó 100 mil votos, y obviamente lejísimos de los rubros conquistados por Carlos Fernando Galán, Parody, Peñalosa y Petro. ¿Era necesario que Castro, reconocido y respetado dirigente liberal, se lanzara a una aventura política y electoral que siempre se supo era tremendamente arriesgada para alguien de su trayectoria, más aún sin el respaldo de su histórico partido y avalado a última hora por un movimiento indígena? ¿Por qué insistió en ir hasta el final cuando las encuestas demostraban que su aspiración no caló y se enfrentaba a una votación ínfima? ¿Qué credibilidad política tendrá ahora Castro si al dejarse contar en las urnas apenas si sumó 10 mil votos, que a duras penas le habría servido para conquistar una curul en el Congreso o salir cómodamente a una junta administradora local? Sin duda la trayectoria del ex ministro y ex alcalde sufrió un duro revés, con el agravante de que él mismo fue el protagonista y motor principal.