¡Y arrancó la campaña presidencial del 2022!

Foto Registraduría

Será cosa de 19 meses y 17 días. Eso es lo que durará la campaña presidencial de 2022, desde el lunes pasado cuando el expresidente Álvaro Uribe dio la largada con su manifiesto político.

Como se lo dijo el exgobernador Sergio Fajardo a EL NUEVO SIGLO, “me parece que el mismo expresidente Álvaro Uribe puso al país desde esta semana en tónica presidencial. Y el Gobierno nacional lo va a tener muy difícil porque si el partido de gobierno, el líder del Centro Democrático, fue el mismo que llamó la atención sobre el 2022, al Gobierno le veo que va a tener mucha dificultad para tramitar estos últimos años de mandato”.

Así lo publicó este Diario ese mismo día, cuando horas antes anticipó que el eslogan con que el Centro Democrático estaba motivando a su militancia a participar en la conformación de directorios municipales (Ojo con el 2022) revelaba la bandera que el uribismo enarbolaría, será una contienda que profundizará un proceso de polarización nacional que no empezó con la campaña de 2018, sino con la del plebiscito de 2016 (y aún habrá quienes digan que se trata de un desarrollo continuo que empezó en 2002).

En su proclama, Uribe señaló un derrotero muy claro para su Partido, baluarte de las fuerzas de la centro derecha, que implicará una radicalización de posiciones.

 

Manifiesto uribista

 

Entre quienes ya abordaron el tren que conduce el uribismo, desde hace meses se oyen voces que reclaman cumplimiento a lo planteado en la campaña sobre revisar lo pactado en La Habana.

La respuesta a este asunto la dio el expresidente Uribe al proclamar la necesidad de derogar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) a través de un referendo. La verdad sea dicha, se trata de una propuesta más política que realmente concretable en el plano jurídico.

Por otro lado, aunque Colombia será testigo de unas posiciones más radicales frente al proceso de paz, lo que dejó entrever el expresidente Uribe no fue aquello de “hacer trizas los acuerdos”, porque dijo que “debemos insistir en la derogatoria de la JEP y en la reforma de los acuerdos de La Habana, salvando el respeto y apoyo a los reinsertados de buena fe. Sin estas reformas será más difícil lograr acuerdos con otras agrupaciones criminales como el Eln”.

Y entrando en temas difíciles de concretar, pero que serán puntos clave del ya referido programa “Ojo con el 2022”, está que el referendo planteado originalmente sobre tres temas ahora tiene seis propuestas.

Ellas son “un referendo que disminuya el Congreso y la burocracia, adopte una norma vértice para la cúpula de la justicia, garantice ingreso solidario a los más pobres, y confirme el decomiso de la droga sin criminalizar al consumidor. Que derogue la JEP y confiera garantías a los integrantes de las Fuerzas Armadas, también a los desmovilizados de buena fe”.

El lunes en su declaración, Uribe hizo una defensa de la gestión de su Partido en la dirección del Estado, anotando que “con ejemplar dedicación presidencial, durante la pandemia, nuestro sistema de salud se ha dotado mejor y los actores han respondido con mayor presteza en la prevención y atención a los ciudadanos”.

Puntualizó también que “el cumplimiento de los apoyos económicos y sociales deberá generar alivios en el afectado tejido social. El Gobierno mantiene la apuesta educativa con becas, ayudas sociales y los progresos en conectividad”.

“Si sumamos los proyectos de reforma al Contrato de Aprendizaje y de cobertura de la alimentación escolar durante todo el año lectivo, podremos enfrentar la deserción escolar y universitaria, agravada por la crisis”, insistió.

Además, sostuvo que “la reducción razonable de los impuestos y la confianza mostraron una gran recuperación económica hasta marzo. Esperamos que con el mismo tino conductor se pueda recuperar la caída por la pandemia”.

“El progreso en infraestructura nos permite pensar en un país cada vez más conectado. La expansión de energías alternativas es formidable. Confiamos que se pueda cumplir la meta de arborización y se ponga en marcha el programa de guardianes ambientales”, agregó.

“Debemos insistir en la derogatoria de la JEP y en la reforma de los acuerdos de La Habana, salvando el respeto y apoyo a los reinsertados de buena fe"

“Insistiremos”, dijo, “a través de los compañeros del Centro Democrático y de otros partidos, en puntos de agenda legislativa que incluyen la reducción de la jornada de trabajo y el bono solidario para los niños de hogares de menores ingresos”.

Esta gestión del Gobierno la contrapuso el expresidente Uribe a las amenazas que, desde su punto de vista, afronta Colombia y que se deben conjurar en las elecciones presidenciales de 2022.

Así, por ejemplo manifestó que “la derrota de la impunidad y del narcoterrorismo, que son parteras de violencias que nos afectan, también constituye premisa para una mayor eficacia del principio de Seguridad con Legalidad, que guía al presidente Duque”.

“No podemos permitir que el narcoterrorismo y el proyecto socialista anulen las capacidades colombianas”, expresó.
Propuso avanzar “en iniciativas de progreso social y económico que sean la alternativa al riesgo socialista, que pretende replicar el fracaso de Venezuela y Nicaragua y que tiende mantos de incertidumbre sobre otros países de la región”.

“A las confiscaciones del socialismo, a sus impuestos y restricciones asfixiantes, que inhiben la creatividad, opongámonos con más seguridad, más empresas que ofrezcan más oportunidades, más cohesión social, más educación, más emprendimiento y más remuneración”, expuso

“Al odio de clases del socialismo opongamos nuestra convicción de economía fraterna”, puntualizó.

 

Centroderecha

 

Esa radicalización implicará buscar un candidato presidencial con un perfil mucho menos moderado que el experimentado con Iván Duque, quien como se ha dicho en estas páginas es de centro-centro, a tal punto de ser considerado por los más radicales de su propio partido como un “comunista infiltrado”.
 

Por supuesto que el favorito para desempeñar ese papel es el exministro Óscar Iván Zuluaga, pero mientras él mismo considera que es el momento de asumir ese rol, la posta está siendo recogida por el jefe de la cartera de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, de quien se dice que estaría a horas de anunciar que deja esa dignidad para lanzar su precandidatura, aprovechando la visibilidad alcanzada con la fallida moción de censura en la Cámara, situación que muy posiblemente se repetirá en los próximos días en el Senado, en cuya plenaria se hará el respectivo debate este jueves.

La figura de Trujillo ha sido, sin duda alguna, una de las que más se ha aquilatado políticamente en el gabinete de Duque. Ello es consecuencia, principalmente, de la forma en que ha enfrentado crisis difíciles, tanto en la Cancillería como en la cartera de Defensa.

A punto de cumplir un año en la cartera de Defensa es claro que a Trujillo le ha tocado enfrentar muchos temas complicados que han puesto bajo la lupa la estrategia de seguridad y orden público del Gobierno. Por ello, no solo ha sido blanco recurrente de la oposición de izquierda (que lo ataca tanto por su gestión como por la certeza de que será candidato presidencial) sino incluso de sectores de la coalición gubernamental, que le piden más eficacia en ciertos frentes.
 

La semana pasada, le dijo a periodistas que le preguntaron por su posible renuncia que “son temas que se tratan exclusivamente con el Presidente de la República en el momento apropiado y seguiré trabajando para que la seguridad estimule la reactivación económica”. En otras palabras, sí, pero no todavía. Sin embargo, para no inhabilitarse tendría que renunciar a más tardar en marzo.

Se especula sobre que el abanico de precandidaturas uribistas podría incluir a las senadoras María del Rosario Guerra y Paloma Valencia.

En todo caso, entre quienes finalmente se presenten como aspirantes seguramente pasarán a reeditar una consulta interpartidista con otras colectividades de centroderecha, que está vez incluiría a las organizaciones que hacen parte de la coalición oficialista, es decir el Partido Conservador, Colombia Justa Libres, el MIRA y eventualmente, el Partido Social de Unidad Nacional (La U), que nominaría a la exgobernadora Dilian Francisca Toro, luego de ser designada directora nacional de la organización política en la asamblea virtual del 7 de noviembre.

Se asegura que la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, ya deshoja margaritas mientras se acerca mayo, mes límite para renunciar si quiere estar en la  baraja de aspirantes conservadores de cara a la consulta de la centroderecha.

 

Centroizquierda

 

Y ya que se menciona a La U, otro pato podría haber saltado al agua la semana pasada cuando el senador Roy Barreras anunció su renuncia a ese Partido, notificando de paso que saldrá “a construir una fuerza política que garantice la recuperación de la construcción de una paz completa y un país más justo y equitativo”

Anotó que “probablemente mi decisión implique no regresar al Senado en 2022”, con lo que abrió la puerta a una candidatura presidencial, aunque también sostuvo que “a Colombia le sobran candidatos y le faltan propuestas de unidad, porque hay demasiados egos. Hay que salir a construir esa fuerza colectiva”.

Por supuesto semejante declaración fue recibida con regocijo por el senador Gustavo Petro, de Colombia Humana, quien ponderó que esté proponiendo un acuerdo democrático “y una consulta popular sin vetos para escoger a un (a) candidato unitario”.

Ya no puede decir lo mismo del senador Iván Marulanda, de la Alianza Verde, quien ha dicho que “no arranquemos peleando y con vetos, arrinconando a la gente”, lo que llenó de esperanza a Petro, pero ya terminando la semana aclaró que no se mediría con él porque “Petro genera miedo y reacción violenta con la palabra, Petro polariza, crea un ambiente de pelea”.

Petro reaccionó señalando que “en mi opinión es la Alianza Verde la que debería decidir si quiere una consulta amplia para configurar un frente unitario de defensa de la democracia y la paz, en vez que algunos  utilicen sus nombre en reuniones no públicas para vetar a Colombia Humana”.

Hace poco más de 15 días, Marulanda formalizó su precandidatura presidencial Verde renunciando al movimiento Compromiso Ciudadano, que lidera Fajardo, con lo que se sumó al exmandatario Camilo Romero; luego también anunciaron sus aspiraciones los senadores Jorge Londoño y Antonio Sanguino.

A Petro, quien al igual que el expresidente Uribe está empeñado en un proceso de radicalización (obvio, en sentido contrario), con razón le preocupa que haya movimientos para dividir la izquierda de la centroizquierda con lo que se dificultaría la posibilidad de potencializar los ocho millones de votos conseguidos en la segunda vuelta presidencial. De hecho, es recurrente que se vuelva a la discusión sobre si habría podido sumar más apoyos y si ese propósito se frustró por el anuncio de Fajardo de votar en blanco.

 

Petro–Fajardo

 

Por eso no le son ajenas las decisiones que puedan tomar los verdes, al interior de los cuales hay quienes son partidarios de una consulta sin vetos, mientras otro sector aboga por deslindarse de Petro y correrse a la centroizquierda, juntándose con Fajardo y algunos liberales; como tampoco le quita el ojo a lo que pasa en el Polo Democrático, donde el senador Jorge Enrique Robledo ya anunció su precandidatura, pero que tendrá que decidir pronto sobre la escisión planteada por el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), al que pertenece Robledo y es liderado por Gustavo Triana. Allí también se da la misma disyuntiva que en los verdes.

Para Fajardo, según se lo expresó a este Medio, “no caben los extremos que hacen de la política la polarización”.

Ya hace unos dos meses, Fajardo había dicho directamente que con Petro “no voy a participar en una consulta. Tiene una forma que no comparto de tratar al que es diferente. No podemos permitir que nos dividan en dos bandos”; a lo que Petro respondió que “en cambio yo sí lo invito a usted, Fajardo, a que participe en un gran acuerdo histórico que lleve a Colombia hacia la paz, la producción y la democracia”.

Fue un nuevo episodio de una historia que se remonta a la campaña presidencial que culminó en la segunda vuelta de junio de 2018 con el triunfo de Duque sobre Petro.

En ese entonces, como ahora, se ha buscado sin éxito la convergencia de las diversas fuerzas de izquierda y centroizquierda, representadas en grupos muy diversos, pero afines en varios aspectos.

Por supuesto que el cortocircuito entre ambos venía de mucho antes, pero a partir de allí se agudizó, a tal punto que los acercamientos de Petro con otros sectores afines que se emprendieron desde su llegada al Congreso se deterioraron rápidamente cuando Claudia López lanzó su candidatura a la Alcaldía de Bogotá con Fajardo como invitado central.
 

Se podría decir que a estas alturas el distanciamiento entre Petro y Fajardo no tiene vuelta atrás, lo que podría conllevar debilitamiento todavía mayor de la izquierda.

Fajardo le precisó a este Diario “los que considero lineamientos fundamentales para encontrarnos, en términos políticos. Por supuesto, vamos a tener que construir un acuerdo programático, pero antes que esto nosotros en Colombia tenemos que construir un acuerdo ético que le diga a la sociedad colombiana cuáles son los principios y valores sobre los cuales queremos construir nuestra transformación. En particular, un acuerdo ético que haga estricta la forma en que nos vamos a relacionar entre personas para superar la violencia; un acuerdo ético sobre la forma en que nos vamos a comportar las personas para derrotar la corrupción y esas conductas ciudadanas ilegales. Ese acuerdo ético es una condición  previa para poder avanzar a construir un acuerdo programático”.