Off the record

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Más protección

 

El sistema de protección a los fiscales que llevan casos delicados será revisado por esa entidad, en conjunto con la Policía y otros organismos de seguridad. Tras el asesinato, en la última semana de diciembre del fiscal Alcibíades Libreros, que inicialmente se relacionó con los procesos contra bandas criminales que llevaba pero ahora la propia Fiscalía afirma que el móvil fue el hurto, se prendieron las alarmas en el alto gobierno en torno a los problemas de seguridad de muchos fiscales y el riesgo de que en casos de que estos sean víctimas de atentados, terminen demandando a la Nación por gruesas sumas de dinero. La preocupación es mayor porque hay muchos rumores al interior de la propia entidad en torno a que los cuerpos de escoltas están asignados a determinados altos funcionarios, con vehículos y guardaespaldas no solo para ellos sino para sus familiares, pese a no tener mayor riesgo de seguridad.

 

¿Estado de excepción?

 

Un ex alto mando militar es de la opinión de que en departamentos con situaciones de violencia y desorden público tan graves como las registradas en Nariño, el Gobierno debería empezar a considerar la posibilidad de declarar allí un estado de excepción parcial, con el fin de concentrar tropas y autoridad institucional en un operativo sin antecedentes que en menos de seis o nueve meses permita acabar hasta con la última mata de hoja de coca. Agregó que solo así se podría frenar la escalada de asesinatos de líderes sociales en ese departamento, que está relacionada directamente con la lucha de los grupos delincuenciales por el dominio de los narcocultivos, los laboratorios de procesamiento, las rutas de tráfico de alcaloides y de insumos. “… En nueve meses y un operativo de barrido y contrabarrido de todo el territorio se puede acabar con toda la coca en Nariño… Esa es la causa de la violencia y hay que removerla de una vez por todas”, precisó en charla informal con algunos periodistas.

 

Año complicado

 

En plena época electoral en Estados Unidos no será nada fácil para el gobierno Duque poder mantener una relación medianamente tranquila con la Casa Blanca. Para no pocos analistas, lo que se está evidenciando con los últimos acontecimientos es que el presidente Donald Trump está utilizando sus decisiones en política internacional como un mecanismo para recalcar su estilo de gobierno y, sobre todo, la estrategia de lograr resultados por la vía de la presión y los hechos de facto, más que por los canales de la diplomacia y la negociación. Por el momento es claro que Trump se ha concentrado en los temas de Medio Oriente, Asia y Europa, pero no es descartable que en algunas semanas vuelva al asunto latinoamericano, en donde su dura política migratoria y la exigencia de más resultados en la lucha contra el narcotráfico le resultan muy “taquilleros” a la hora de impactar al ciudadano estadounidense promedio, sobre todo de las zonas semiurbanas y rurales, segmento electoral que fue clave para su llegada a la Casa Blanca.

 

De aquello, nada…

 

La posibilidad de descentralizar las sedes de los ministerios no tiene el menor eco en el alto gobierno. No es la primera vez que este tema se pone sobre la mesa durante el mandato Duque, ya que cuando se tramitaba la creación de la cartera de Deporte se planteó que tuviera sede en Cali, lo que fue descartada por las mayorías parlamentarias y el Ejecutivo. Y meses antes, cuando se debatía el proyecto para establecer el Ministerio de la Ciencia, Tecnología e Innovación, hubo voces a favor de situarlo en Medellín, idea que tampoco caló en el Legislativo ni en la Casa de Nariño.