Johnson, en un juego de equilibrista entre la UE y EU

Foto archivo AFP
A escasos días de cumplir el retiro del Reino Unido de la Unión Europea, el premier conservador realiza filigrana política y diplomática para asegurar un exitoso posbrexit

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DIVIDIDO entre Estados Unidos, su aliado histórico, y la Unión Europea, que su país está a punto de abandonar, el líder conservador y primer ministro británico Boris Johnson se libra a un juego de equilibrista en la escena internacional para no poner en peligro el futuro posbrexit.

Desde la situación en Irán hasta la decisión sobre si utilizar al fabricante chino de equipos de telecomunicaciones Huawei, Johnson intenta nadar y guardar la ropa.

Se cuida de no ofender al presidente estadounidense Donald Trump, con quien pretende negociar un ambicioso acuerdo comercial tras el Brexit, al tiempo que permanece políticamente cerca de sus socios europeos.

Johnson "es más proestadounidense que la media, pero no es el primer ministro más proestadounidense que hemos tenido", dice Simon Usherwood, politólogo de la Universidad de Surrey.

Tras años de debates y división, el Reino Unido abandonará la UE a finales de este mes, el 31, y ahora, señala Usherwood, "Estados Unidos es la alternativa más obvia a Europa".

La posición de Washington es a veces difícil de respaldar, como lo demostró la crisis desatada tras la muerte del general iraní Qasem Solimani, abatido el 3 de enero por un dron estadounidense en Irak.

Johnson, de vacaciones en el Caribe, tardó dos días en reaccionar: afirmó que no echaría de menos al comandante iraní, pero se unió a los llamados europeos a desescalar el conflicto.

Gustar a Trump

De nuevo en relación con Irán, el primer ministro británico sorprendió el martes con una postura opuesta a la europea sobre el programa nuclear con Teherán.

Dijo que estaba dispuesto a reemplazar el acuerdo nuclear firmado en 2015 por otro que sería negociado por Trump, a quien describió como "un excelente negociador".

"Si vamos a prescindir de él, entonces necesitamos reemplazarlo", dijo esta semana durante una larga entrevista con la televisión pública BBC.

Reino Unido, Francia y Alemania son los tres países europeos que firmaron en 2015, junto a Estados Unidos, China y Rusia, el acuerdo con Irán sobre su programa nuclear y están intentando rescatarlo desde que Washington lo denunció y abandonó en 2018, provocando que Irán dejase de aplicar algunas disposiciones.

Ante el incumplimiento por Teherán, las tres potencias europeas decidieron el martes activar el mecanismo de resolución de disputas.

Precisaron, sin embargo que con esto "no se suman a la campaña que tiende a ejercer una presión máxima contra Irán", dando a entender que no querían unirse a la política de sanciones de Estados Unidos.

Pero Johnson subrayó en la BBC que "desde la perspectiva estadounidense" el actual acuerdo es "defectuoso, además de que fue negociado por el presidente (Barack) Obama". "Desde su punto de vista tiene muchos, muchos defectos", subrayó.

Y a línea seguida propuso: "reemplacémoslo con el acuerdo de Trump". "Eso es lo que necesitamos. Creo que sería una gran forma de avanzar", aseguró.

Unas horas más tarde, sin embargo, Londres, París y Berlín reiteraron su adhesión al pacto y dieron a entender que no querían sumarse a la política de sanciones de Estados Unidos.

En opinión de Usherwood, el enfoque de Johnson está "más cerca del enfoque europeo que del estadounidense". Pero el primer ministro juega con las palabras: "ha formulado las cosas de una forma que le gusta a Trump".

Richard Goldberg, un exasesor de Trump, pidió a Johnson en las ondas de la BBC que abandonara el acuerdo de 2015.

"Se dirigen hacia el Brexit, a los partidarios del Brexit no les gusta el acuerdo nuclear y quieren salir de él (...) ¿Qué hará usted tras el 31 de enero cuando vaya a Washington a negociar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos?", preguntó, asegurando que a Londres le interesa "llevar a cabo una política exterior lejos de Bruselas".

Equilibrismo

Estados Unidos presiona también al Reino Unido para que no utilice en el desarrollo de su red 5G al chino Huawei, que Washington acusa de ser un espía de Pekín.

El gobierno británico debe tomar una decisión a finales de enero y sea cual sea molestará a una de los dos principales economías del planeta, con las que Londres espera forjar ventajosos lazos comerciales una vez fuera de la UE.

El ejecutivo de Johnson deberá asimismo decidir sobre un posible impuesto a los gigantes digitales, pero la furiosa reacción de la administración Trump a una medida similar contemplada por Francia demuestra que será otro escollo en el camino de unas negociaciones comerciales con Washington. 

Trump y Johnson parecen conectar a nivel personal: desde que el británico llegó al poder en julio, el multimillonario republicano no pierde una oportunidad de decir todo lo bueno que piensa de él.

El "premier" se muestra más distante, deseoso de no aparecer como un vasallo de Estados Unidos, como el ex primer ministro Tony Blair, calificado por sus detractores de "caniche" de George Bush por su apoyo durante la guerra en Irak.

Entrevistado por el New York Times, el experto Jeremy Shapiro, del European Council on Foreign Relations, advirtió no obstante que la estrategia de Johnson puede no funcionar: para la administración estadounidense "o eres un vasallo o un enemigo".

Pero mientras a nivel internacional, el premier Johnson juega con delicada estrategia, a nivel doméstico es contundente y cumple como un reloj el cronograma para el Brexit.

Tras lograr una inédita victoria en las elecciones de diciembre, que permitió que la Cámara de los Comunes tenga mayoría ‘tory’, lo que le se convirtió en el motor para la ley que permitirá el tan anunciado y aplazado retiro del Reino Unido de la Unión Europea, enfatiza que no permitirá que el gobierno autónomo de Escocia realice un nuevo referendo pro independentista.

Esta semana, en una carta a la primera ministra escocesa Nicola Sturgeon, líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP), Johnson subrayó que el anterior referéndum de autodeterminación, celebrado en 2014, fue acordado como una votación que ocurre "una sola vez en una generación".

"El gobierno británico seguirá respetando la decisión democrática del pueblo escocés y la promesa que le hicieron" de honrarla, escribió.

Por ese motivo "no puedo aceptar un traspaso del poder (al gobierno regional) para organizar un futuro referéndum sobre la independencia", agregó.

En 2014, los escoceses votaron al 55% por seguir formando parte del Reino Unido. Uno de los principales argumentos para ello fue el temor de verse, de lo contrario, fuera de la Unión Europea.

Sin embargo, el referéndum que en 2016 decidió el Brexit dio un giro inesperado a la situación: un 62% de los escoceses votó entonces por permanecer en la UE (frente a 48% a nivel nacional) pero aun así tendrán que salir del bloque a finales de este mes con el resto del país.

En este contexto, Sturgeon pidió oficialmente en diciembre que se autorizase la organización de una nueva consulta en 2020, lo que ya recibió el no contundente del gobierno Johnson.